jueves, 18 de enero de 2018

Malas influencias


Hoy regresó el dolor en el brazo, y mientras trato de escribir este post procurando no cometer ningún error ortográfico, el mundo da vueltas a mi alrededor, quizás por todas las pastillas que me tomé hace un rato. El dolor sigue ahí, punzando de a poquitos, pero casi ni lo siento, y casi ni siento mis dedos. Todo da vueltas, todo.


Imagen: https://pixabay.com/en/spiral-vortex-fractal-render-swirl-2730290/

miércoles, 17 de enero de 2018

Grabado en la piel


Driven by the wounds I cannot hide

--Another angel down, de Avantasia


Hace unos meses atrás me hice un nuevo tatuaje, el cuarto hasta el momento, y en unas semanas tendré un quinto. El primero que me hice lo expliqué en un post anterior, pero no me di el tiempo de comentar los siguientes.

El 2016 recibí una noticia bastante impactante, relacionada a mí, a mi mamá y a mi papá; recibirla, procesarla y reflexionar al respecto me costó muchísimo, tanto así que incluso me hizo dudar de quién soy. Si aún no adivinan de qué se trata, los dejaré en suspenso hasta que me anime a escribir más explícitamente sobre eso aquí. El punto es que me hice el segundo tatuaje debido a esa noticia. ¿Qué significa? Pues se trata del símbolo de la diosa Farore, personaje de la saga de Zelda, quien gobierna sobre la vida y representa el coraje, la valentía. A simple vista es un tatuaje nacido de mi fanatismo por aquellos juegos, pero es más que eso, es la prueba de que, a pesar de todas las dificultades por las que he pasado, sigo vivo y sigo enfrentando la vida con coraje.

El tercero es una bicicleta; más claro no puede ser. Mi amor por el ciclismo ahora lo llevo en la piel, literalmente. No hay mayor significado que ese, simplemente quería un tatuaje de bicicleta. Me tardé un poco eligiendo al tatuador, hasta dar con una chica con diseños increíbles y un buen manejo del estilo acuarelado, así que me puse en contacto con ella y el resto es historia.

El cuarto tatuaje lo obtuve hace unos meses y también es bastante evidente para quienes reconocen la palabra. Poiesis es el acto de crear, de hacer que algo exista cuando antes no estaba. Tiene varias ramificaciones, principalmente filosóficas, a las cuales me adhiero, pero también lo veo en un sentido concreto: mi capacidad creativa. Mi amor y pasión por el arte plasmados en una palabra que significa precisamente eso, expresión, creación.

Y el quinto, aún por hacérmelo, será un búho. Sí, lo sé, poco original, pero no exactamente. En un primer nivel se trata del búho como sabiduría, característica con la que me siento muy identificado. En un segundo, se trata de algo muy propio, dado que el diseño estará basado en una foto que tomé hace varios años atrás en uno de mis lugares favoritos. Y en un tercer lugar, la tatuadora será la hermana de una vieja amiga, esa misma chica sobre la que he escrito aquí varias veces en el pasado y con quien tengo asuntos mal resueltos. Es medio poético, casi. Que la hermana de esta chica me tatúe un símbolo de sabiduría a pesar de haber actuado tan insensatamente con ella. Mi intención nunca fue esa, sino que es algo en lo que acabo de reparar. Es raro, muy raro.

Y así van las cosas con los tatuajes. Tengo ya un plan para futuros diseños, pero por ahora me lo tomo con calma, ahorrando el dinero, buscando nuevos tatuadores y pensando muy seriamente en cuál será el siguiente que me haga. Porque cinco no son suficientes.


Imagen: Archivo personal

martes, 16 de enero de 2018

Exageraciones


To kill the pain
What can I do?

--The pain, de Lacuna Coil


Ayer, por azares del destino (o más probablemente por malas decisiones) terminé yendo a la clínica.

Unos días atrás, debo haber hecho demasiado esfuerzo al tratar de levantar un mueble, porque el brazo comenzó a dolerme y pronto a mi bicep le salió un bulto. Intranquilo y a la vez tratando de decirme que no era nada grave, hice lo que todos hacen: entré a google y busqué si era síntoma de algo. La mayoría de información que encontré me llevaba a pensar que mi tendón se había roto, así que entré en pánico y decidí ir a la clínica.

Ya en consulta, me hicieron una revisión rápida, luego pasé a Ecografía y el diagnóstico fue, para mi alivio, una simple tendinitis. Básicamente, el tendón estaba inflamado por el esfuerzo físico, así que debía tomar anti-inflamatorios y un par de calmantes, reposar unos días y no hacer más actividades físicas. Salí de la clínica con el brazo vendado y muchísimo más tranquilo, y hasta sintiéndome algo tonto al estar cerca de preguntarle al doctor si necesitaría cirugía.

Y en esas estoy, en casa descansando, impedido de ir a la oficina pero avanzando el trabajo desde aquí. Las pastillas me desorientan un poco, más que nada ayer, que estuve dormido buena parte del día. Hoy ya estoy un poco más enérgico, pero el dolor, si bien leve, no cesa, así que tendré que seguir en cama por unos días más. Digamos que es la excusa perfecta para no haber podido escribir aquí ayer; sí, he fallado, pero tengo justificación médica, así que se cancela. Así que todo sigue bien.


Imagen: archivo personal

domingo, 14 de enero de 2018

Sobre el muro


Let it be clear, I was born to go down fighting

--The decision tree (we're alive), de Ayreon


Hoy, curiosamente, recordé un viejo suceso. Tenía 6 o 7 años de edad y acababa de ser obligado a subir al muro del condominio aledaño a nuestra casa. Como se nos había cerrado la puerta y no teníamos llave, a mi papá y abuelos se les ocurrió que lo mejor sería hacerme saltar a nuestro jardín desde el muro, y así podría abrirles la puerta.

Esto me hizo pensar en otras situaciones similares que, como yo, muchos han tenido que enfrentar. Como una línea por cruzar, un momento en el que cada uno de nosotros debe lanzarse hacia adelante o regresar por donde se llegó. Avanzar sería progresar, evolucionar, crecer; retroceder, por otro lado, sería fallar, estancarse, seguir siendo lo que ya se es.

Lo que trato de decir es que llegan momentos definitorios en nuestras vidas donde debemos tomar una decisión crucial. Esos momentos pueden llegar de una u otra manera, y podemos tener mucho, poco o ningún control sobre ellos; al final lo que importa es la decisión. Y las consecuencias que tendrá sobre nosotros.

Para mí, en ese entonces, fue saltar o no al jardín desde el muro. Con mi familia y amigos a un lado animándome a saltar, asegurándome que todo saldría bien, que no tuviese miedo, yo miraba al otro lado, medía con inexperiencia la altura y ya sabía que no saltaría. Desde que subí por la escalera que me llevó al muro, ya sabía que no saltaría. Y cuando el momento de tomar una decisión finalmente llegó, no salté. Y eso me definió.

Me definió ante mí mismo y me definió ante quienes me vieron retroceder. En ese momento tal vez fui un cobarde para ellos (y probablemente para mí), pero también fui cauteloso, precavido y sensato. Y durante mucho tiempo me costó verlo de esa manera. No es que haya quedado grabado como un mal recuerdo; como dije, apenas hoy recordé este suceso. Sino que muchas decisiones posteriores que tomé, que también fueron retroceder, las tomé como cobardía antes que como sabiduría.


Tal vez el Diego de 6 o 7 años se sintió tan cobarde desde entonces que su vida tomó un camino muy particular; tal vez, en parte, eso explique por qué soy como soy. No un cobarde, sino una persona sensata, que desde hace ya unos años se arriesga a cientos de cosas, pero siempre con el amparo de la prudencia. Tal vez el no saltar desde el muro me motivó a ser más valiente, más atrevido. Tal vez, en ese caso particular, retroceder no fue un fallo, sino la ayuda para tomar impulso.


Imagen: https://pixabay.com/es/damme-valla-3077870/

sábado, 13 de enero de 2018

Unilateral


Dolor, dulce dolor
Recuerda que aún estoy vivo

--Aún respiro, de Avalanch


Últimamente he estado pensando mucho en la reciprocidad, en cuánto da uno de sí mismo a otros y cuánto recibe a cambio. No en un sentido de interés propio, sino en cómo el esfuerzo que se pone por apoyar, satisfacer o dar cariño a los demás no es correspondido; o, en el peor de los casos, agradecido. Y cuando digo esfuerzo me refiero a la dificultad que a veces puede suponer brindar ese apoyo, satisfacción o cariño, no a la renuencia de hacer la acción.

No trato de decir que espero una recompensa por cada uno de mis actos. Puedo sobrevivir sin recibir nada a cambio; no necesito que me agradezcan por cada cosa que hago por alguien más; y no hago pública la ayuda que pueda ofrecer porque no requiero la admiración del mundo. Si hago algo, lo hago porque siento que es lo correcto o porque quiero hacerlo, y no movido por fuerzas externas que me empujen a realizarlo. Duele un poco cuando no se recibe siquiera una sonrisa a cambio; tampoco soy perfecto. Pero sí es penoso cuando no se recibe nada a cambio tras haber ofrecido tanto tantas veces.

Evidentemente me refiero a un caso particular, personal y, como tantos asuntos en mi vida, familiar. La vida da vueltas, como dicen, y uno nunca sabe adónde irá a parar. Algunas relaciones pueden ser maravillosas en un momento, pero con el pasar del tiempo y el acaecer de ciertas situaciones las cosas cambian, no siempre para bien. Y puede suceder de manera contraria, por supuesto. A través de los años, estos últimos en especial, la relación con mi papá ha mejorado muchísimo, pero la que tengo con mis hermanas va empeorando cada vez más.

Y va de la mano con la reciprocidad de la que hablé en un inicio. El dar sin recibir, el esforzarse sin generar cambios. Racionalizo las cosas diciéndome que están en una edad de rebeldía, pero ese desinterés que siento de su parte genera que me importe cada vez menos tratar de salvar la relación. Hay algo en particular que puede haber generado el distanciamiento, una suerte de secreto familiar que todos nosotros sabemos y del que no hablamos. Tal vez sea eso. Tal vez deba escribirlo aquí para ir recuperando fuerzas y luego hablarlo en voz alta con la familia. Realmente no lo sé.

Cualquiera sea el caso, aún no me rindo; asombrosamente. Veo muy cerca el momento en el que flaquearé, más cerca de lo que me gustaría admitir, pero suficientemente lejos como para hacer algo al respecto. Duele no recibir nada a cambio; duele, pero no mata.


Imagen: https://pixabay.com/en/meerkat-animal-africa-desert-459171/

viernes, 12 de enero de 2018

Bestial


Big Jim, he still won't lie down,
For him the bet is still on

--Ballad of big, de Genesis


No soy fanático de los juegos multiplayer online, pero hace unos días Jorge, un amigo de la oficina, encontró Brutes.io, y desde entonces varios nos hemos quedado pegados jugándolo.

Cada uno controla a un humanoide corpulento que camina y golpea. Cada vez que se derrota a un enemigo tras noquearlo y reducir su vida a cero, éste suelta unas esferas que curan a los demás jugadores y sirven para subir de nivel. Con cada aumento de nivel, el humanoide crece en estatura y fuerza, además de disminuir su velocidad. Así, el objetivo del juego es acumular puntos derrotando a la mayor cantidad de enemigos posible e intentando ser el jugador más grande del escenario.

Es un juego sencillo, pero adictivo. Y no nos veo dejando de jugarlo por ahora.


Imagen: Captura de pantalla del juego

jueves, 11 de enero de 2018

La radio de los juegos


The morning shows on the radio

--The best of times, de Dream Theater


Como mencionaba en posts pasados, con dos amigos creamos Radio Meeple, un podcast sobre juegos de mesa dirigido principalmente a personas que recién se inician en el hobby y a quienes en general les gustaría conocer más de aquel mundo lúdico. Y hasta el momento nos va mejor que bien.

Todo comenzó con el matrimonio de dos buenos amigos, pero esa es otra historia. Siendo breve, ahí fue que Luis conoció a Jose, y entre los tres decidimos unir nuestra pasión por los juegos de mesa y crear el podcast. La intención, desde un comienzo, ha sido promover este tipo de juegos, darlos a conocer al resto de gente que no los conoce o que los percibe como aburridos o complicados. Producto de esto, un segundo objetivo es ayudar a la industria local, a todos los creadores de juegos de mesa peruanos, a las tiendas y locales de venta y a quienes compran este tipo de juegos.

Ya tenemos once capítulos al aire, dos videos en YouTube, cuatro transmisiones en vivo por Facebook, una presentación en la primera convención peruana de juegos de mesa, varias entrevistas y un par de videos secretos que esperamos lanzar pronto y un próximo evento en alianza con una universidad. Y la lista tiene para rato.

Me parece que estamos logrando nuestro cometido, si bien de forma más lenta que lo esperado, pero consiguiéndolo al fin y al cabo. Además, cada uno por su lado, no desperdiciamos ocasión para llevar la pasión a nuestros amigos y demás personas que conocemos, enseñando y jugando. El futuro se ve prometedor y, al menos yo, ya he recibido ciertos beneficios personales producto de este proyecto, los cuales muy probablemente comente más adelante.

Durante el año seguiré escribiendo más al respecto, principalmente porque hay muchísimas ideas importantes por mencionar. Por ahora los invito a seguirnos y escucharnos: https://www.facebook.com/radiomeeple/


Imagen: Radio Meeple, por Jose Deza

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