domingo, 21 de enero de 2018

Un poco de lo anterior para variar


Echoes of better times resound a world away

--Yasgur's farm, de Moon Safari


He notado un patrón en estas tres semanas de posts. Dado que estoy escribiendo aquí todos los días, prácticamente a la misma hora, siento que hay poco espacio para la reflexión y más se está dando un relato de los hechos diarios de mi vida. No es que esté mal, pero no es precisamente lo que esperaba escribir aquí cuando me volví a poner el reto de los 365 días de posts.

El primer año que escribí aquí estuvo lleno de un poco de todo: entradas sin sentido, recuentos del día a día y reflexiones en base a ideas o pensamientos que pude haber tenido (básicamente las etiquetas de este blog). Las primeras tenían (y tienen) sentido para mí, pero eran más palabras que salían a borbotones, pseudo ideas que entretejía y plasmaba como queriendo contar algo sin revelar demasiado. Las segundas era literalmente eso, resúmenes de situaciones que me pasaban de vez en cuando durante la semana o el mes y que iba contando para mantenerlos al tanto. Pero eran el tercer tipo de posts los que verdaderamente amaba escribir (e incluso releer).

Escribir sobre mis ideas o sobre las cosas que pensaba, darles vueltas, masticarlas, reflexionarlas y hasta deconstruirlas es una muestra del tipo de persona que era en ese entonces. No digo que haya dejado el pensamiento crítico o el idealismo de lado, pero no dedico tanto tiempo como me gustaría a ese tipo de actividades. Mi vida se ha concretizado, ahora mis metas son mucho más tangibles y mis experiencias están basadas en la madurez que he ido adquiriendo con los años; es casi como si fuese otra persona, con otras prioridades, preocupaciones e intereses.

Pero no soy otra persona, sigo siendo yo. Con menos tiempo para escribir, con otras cosas que ocupan mi cabeza, pero yo al fin y al cabo. Seguiré tratando de darle más reflexión a mis posts, más de ese toque soñador del que están teñidos muchos otros escritos anteriores, porque de esos es que realmente se obtiene algo significativo; son esos los que más recuerdo cuando pienso en este blog y a los que regreso cuando quiero leerme y aprender cosas nuevas a partir de lo viejo. Espero mantenerme fiel a esto.


Imagen: https://pixabay.com/en/fantasy-castle-cloud-sky-tower-782001/

sábado, 20 de enero de 2018

Cambio de ritmo


It's not complicated

--3 years older, de Steven Wilson


Hoy me crucé con una frase bastante poderosa: "Si dejáramos de evadir aquello que debemos hacer, ¿qué tipo de personas seríamos?"

He parafraseado un poco, pero era básicamente así, dando a entender que si asumiéramos la responsabilidad de vivir significativamente, afrontando aquello que tememos, diciendo lo que realmente queremos decir y siendo auténticos, llegaríamos muy lejos. Es decir, que somos nosotros mismos quienes nos ponemos obstáculos, y que al quitárnoslos, podemos ser más de lo que realmente creemos.

Suena idealista y hasta utópico, pero tiene sentido desde una perspectiva práctica. Si dejamos de rehuir lo que debemos hacer, si dejamos de perder tiempo y afrontamos lo que debemos hacer, tendríamos más tiempo para hacer lo que realmente queremos, y ser como verdaderamente somos. Es difícil de explicar sin repetirme a mí mismo, pero la idea básica es esa, usar nuestro tiempo responsablemente y actuar de manera significativa.

Aún estoy tratando de convencerme a mí mismo de seguir ese consejo, de realmente guiarme por esa frase. Ya veremos qué resulta de ello.


Imagen: https://pixabay.com/en/city-architecture-nature-against-2939879/

viernes, 19 de enero de 2018

Anudado


All hope disappearing
Gives the power of healing

--The endless knot, de Haken


El dolor por la  tendinitis regresó ayer con fuerza, como despidiéndose. Era como un calambre incesante, como si mi brazo se contrajese hasta el límite y aún así quisiese llegar más lejos. Me tomé algunas pastillas para el dolor y poco a poco me fui sintiendo mejor, pero fue como poner una tela sobre un camino de rocas.

Hoy ya todo va bien, felizmente. Tengo la cabeza muchísimo más despejada después de haber estado en las nubes. Ya no hay dolor, pero sí siento como una presión en el brazo, como si algo lo aplastara, y me dificulta moverlo con naturalidad. Esperaré a mañana para cantar victoria, pero voy celebrando a mi modo desde hoy, pues ya se fue la inflamación por completo y estoy mejor que en días.

Moraleja: No importan cuánta fuerza tengan, siempre habrá algo que no podrán levantar. Y no hay nada de malo con eso.


Imagen: https://pixabay.com/en/rope-knot-string-strength-cordage-3052477/

jueves, 18 de enero de 2018

Malas influencias


Hoy regresó el dolor en el brazo, y mientras trato de escribir este post procurando no cometer ningún error ortográfico, el mundo da vueltas a mi alrededor, quizás por todas las pastillas que me tomé hace un rato. El dolor sigue ahí, punzando de a poquitos, pero casi ni lo siento, y casi ni siento mis dedos. Todo da vueltas, todo.


Imagen: https://pixabay.com/en/spiral-vortex-fractal-render-swirl-2730290/

miércoles, 17 de enero de 2018

Grabado en la piel


Driven by the wounds I cannot hide

--Another angel down, de Avantasia


Hace unos meses atrás me hice un nuevo tatuaje, el cuarto hasta el momento, y en unas semanas tendré un quinto. El primero que me hice lo expliqué en un post anterior, pero no me di el tiempo de comentar los siguientes.

El 2015 recibí una noticia bastante impactante, relacionada a mí, a mi mamá y a mi papá; recibirla, procesarla y reflexionar al respecto me costó muchísimo, tanto así que incluso me hizo dudar de quién soy. Si aún no adivinan de qué se trata, los dejaré en suspenso hasta que me anime a escribir más explícitamente sobre eso aquí. El punto es que me hice el segundo tatuaje debido a esa noticia. ¿Qué significa? Pues se trata del símbolo de la diosa Farore, personaje de la saga de Zelda, quien gobierna sobre la vida y representa el coraje, la valentía. A simple vista es un tatuaje nacido de mi fanatismo por aquellos juegos, pero es más que eso, es la prueba de que, a pesar de todas las dificultades por las que he pasado, sigo vivo y sigo enfrentando la vida con coraje.

El tercero es una bicicleta; más claro no puede ser. Mi amor por el ciclismo ahora lo llevo en la piel, literalmente. No hay mayor significado que ese, simplemente quería un tatuaje de bicicleta. Me tardé un poco eligiendo al tatuador, hasta dar con una chica con diseños increíbles y un buen manejo del estilo acuarelado, así que me puse en contacto con ella y el resto es historia.

El cuarto tatuaje lo obtuve hace unos meses y también es bastante evidente para quienes reconocen la palabra. Poiesis es el acto de crear, de hacer que algo exista cuando antes no estaba. Tiene varias ramificaciones, principalmente filosóficas, a las cuales me adhiero, pero también lo veo en un sentido concreto: mi capacidad creativa. Mi amor y pasión por el arte plasmados en una palabra que significa precisamente eso, expresión, creación.

Y el quinto, aún por hacérmelo, será un búho. Sí, lo sé, poco original, pero no exactamente. En un primer nivel se trata del búho como sabiduría, característica con la que me siento muy identificado. En un segundo, se trata de algo muy propio, dado que el diseño estará basado en una foto que tomé hace varios años atrás en uno de mis lugares favoritos. Y en un tercer lugar, la tatuadora será la hermana de una vieja amiga, esa misma chica sobre la que he escrito aquí varias veces en el pasado y con quien tengo asuntos mal resueltos. Es medio poético, casi. Que la hermana de esta chica me tatúe un símbolo de sabiduría a pesar de haber actuado tan insensatamente con ella. Mi intención nunca fue esa, sino que es algo en lo que acabo de reparar. Es raro, muy raro.

Y así van las cosas con los tatuajes. Tengo ya un plan para futuros diseños, pero por ahora me lo tomo con calma, ahorrando el dinero, buscando nuevos tatuadores y pensando muy seriamente en cuál será el siguiente que me haga. Porque cinco no son suficientes.


Imagen: Archivo personal

martes, 16 de enero de 2018

Exageraciones


To kill the pain
What can I do?

--The pain, de Lacuna Coil


Ayer, por azares del destino (o más probablemente por malas decisiones) terminé yendo a la clínica.

Unos días atrás, debo haber hecho demasiado esfuerzo al tratar de levantar un mueble, porque el brazo comenzó a dolerme y pronto a mi bicep le salió un bulto. Intranquilo y a la vez tratando de decirme que no era nada grave, hice lo que todos hacen: entré a google y busqué si era síntoma de algo. La mayoría de información que encontré me llevaba a pensar que mi tendón se había roto, así que entré en pánico y decidí ir a la clínica.

Ya en consulta, me hicieron una revisión rápida, luego pasé a Ecografía y el diagnóstico fue, para mi alivio, una simple tendinitis. Básicamente, el tendón estaba inflamado por el esfuerzo físico, así que debía tomar anti-inflamatorios y un par de calmantes, reposar unos días y no hacer más actividades físicas. Salí de la clínica con el brazo vendado y muchísimo más tranquilo, y hasta sintiéndome algo tonto al estar cerca de preguntarle al doctor si necesitaría cirugía.

Y en esas estoy, en casa descansando, impedido de ir a la oficina pero avanzando el trabajo desde aquí. Las pastillas me desorientan un poco, más que nada ayer, que estuve dormido buena parte del día. Hoy ya estoy un poco más enérgico, pero el dolor, si bien leve, no cesa, así que tendré que seguir en cama por unos días más. Digamos que es la excusa perfecta para no haber podido escribir aquí ayer; sí, he fallado, pero tengo justificación médica, así que se cancela. Así que todo sigue bien.


Imagen: archivo personal

domingo, 14 de enero de 2018

Sobre el muro


Let it be clear, I was born to go down fighting

--The decision tree (we're alive), de Ayreon


Hoy, curiosamente, recordé un viejo suceso. Tenía 6 o 7 años de edad y acababa de ser obligado a subir al muro del condominio aledaño a nuestra casa. Como se nos había cerrado la puerta y no teníamos llave, a mi papá y abuelos se les ocurrió que lo mejor sería hacerme saltar a nuestro jardín desde el muro, y así podría abrirles la puerta.

Esto me hizo pensar en otras situaciones similares que, como yo, muchos han tenido que enfrentar. Como una línea por cruzar, un momento en el que cada uno de nosotros debe lanzarse hacia adelante o regresar por donde se llegó. Avanzar sería progresar, evolucionar, crecer; retroceder, por otro lado, sería fallar, estancarse, seguir siendo lo que ya se es.

Lo que trato de decir es que llegan momentos definitorios en nuestras vidas donde debemos tomar una decisión crucial. Esos momentos pueden llegar de una u otra manera, y podemos tener mucho, poco o ningún control sobre ellos; al final lo que importa es la decisión. Y las consecuencias que tendrá sobre nosotros.

Para mí, en ese entonces, fue saltar o no al jardín desde el muro. Con mi familia y amigos a un lado animándome a saltar, asegurándome que todo saldría bien, que no tuviese miedo, yo miraba al otro lado, medía con inexperiencia la altura y ya sabía que no saltaría. Desde que subí por la escalera que me llevó al muro, ya sabía que no saltaría. Y cuando el momento de tomar una decisión finalmente llegó, no salté. Y eso me definió.

Me definió ante mí mismo y me definió ante quienes me vieron retroceder. En ese momento tal vez fui un cobarde para ellos (y probablemente para mí), pero también fui cauteloso, precavido y sensato. Y durante mucho tiempo me costó verlo de esa manera. No es que haya quedado grabado como un mal recuerdo; como dije, apenas hoy recordé este suceso. Sino que muchas decisiones posteriores que tomé, que también fueron retroceder, las tomé como cobardía antes que como sabiduría.


Tal vez el Diego de 6 o 7 años se sintió tan cobarde desde entonces que su vida tomó un camino muy particular; tal vez, en parte, eso explique por qué soy como soy. No un cobarde, sino una persona sensata, que desde hace ya unos años se arriesga a cientos de cosas, pero siempre con el amparo de la prudencia. Tal vez el no saltar desde el muro me motivó a ser más valiente, más atrevido. Tal vez, en ese caso particular, retroceder no fue un fallo, sino la ayuda para tomar impulso.


Imagen: https://pixabay.com/es/damme-valla-3077870/

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