jueves, 30 de abril de 2009

Aguas metafísicas a la vista



You can be the Captain
I will draw the Chart
Sailing into Destiny
Closer to the Heart

--Closer to the heart, de Rush


Z: Caminando en círculos pasé la vida sin hacer preguntas ni cuestionar mi rumbo. Claro que pensaba en un mundo más grande que el perímetro que formaba mi andar, pero el llevar la mirada hacia abajo, como en un principio se me indicó que debía hacer, evitó que pudiese ver lo que me rodeaba, lo que estaba a solo pasos de distancia. Y no te escuché debido a tu silencio, órdenes que en este caso iban dirigidas hacia ti, quien igualmente daba vueltas en un mismo lugar. Pero algo sucedió que cambió las cosas para siempre, alguien o algo trazó la línea que conectó nuestras circunferencias y ocasionó nuestro inminente encuentro. Tras una vida de cruzarnos sin conocernos, vernos ni escucharnos, sucedió que nos descubrimos. Y olvidé que mis alas habían sido curadas tiempo atrás, tal vez cegado por la decepción que resultó ser quien me las devolvió. Pero ahora que recuerdo tenerlas, aprovecharé para usarlas y sacarnos de este mar de proporciones geométricas.

miércoles, 29 de abril de 2009

Un día como hoy...


Numbered ListPlanto cara al viento
Clavo mis pies al suelo
Miro al firmamento
Mi vida por un sueño

Un paso más
Tras la verdad
Sólo uno más
Por mi ideal

--Un paso más, de Avalanch


Días como este solo llegan una vez al año, me  temo, y el trabajo mental que se da en ellos es significativamente mayor que en los restantes trecientos sesenta y cuatro, lo cual añade pizcas de curiosidad y cucharadas de insatisfacción. Hoy es mi cumpleaños número veintiuno, otro día de esos que mi cabeza gusta aprovechar para hacerme ver cómo he cambiado a lo largo del año que acaba de pasar. Sobre esta celebración en especial tengo millones de ideas, cientos de opiniones que pueden trasladarse a ámbitos absolutamente negativos o arrimarse a otros mucho más iluminados por el optimismo. Cumplir años me acerca a la fecha de mi muerte; cumplir años me hace sentir mayor y más experimentado; cumplir años reúne a la familia, cosa que suele incomodarme; cumplir años acelerá mi pensamiento; cumplir años me hunde en la depresión; cumplir años tiene la capacidad de alegrarme el año. La variedad es inmensa, contradictoria y, por sobre todo, digna de mencionarse en algún momento, probablemente no en este post.

Hoy quiero concentrarme en mi cerebro, que llama a la usual reflexión y al pensamiento crítico elevado (sin buscar la arrogancia). Las últimas cuatro horas las he utilizado para releer todo lo que he escrito en este blog, y no solo he confirmado algunas sospechas, también he descubierto cosas nuevas. Con relación a lo primero, el cambio en mi forma de pensar es evidente, mis ideas básicas están en cada cosa que escribo, pero mi forma de ver el mundo puede oscilar un poco, lo cual me hace pensar que hay crecimiento de por medio y a veces un poquito de decaimiento, como es necesario. Me gusta que exista coherencia en mis escritos, que un día relate algo sobre mí mismo y que meses después no me contradiga con algún comentario, reflexión o lo que fuere. Imagino que eso es bueno.

Con relación a lo segundo, lo que me asombra muchísimo, es que noto que muchos de los posts que vuelvo a leer tocan mi corazón nuevamente, me siento mal si reviso oraciones que escribí en estados de depresión, o me revitalizo cuando repaso frases en las que veo un evidente cambio positivo. No es solo apreciar los cambios y sentirlos, sino dejarme llevar por ellos y entender que son reales, que la persona que los escribe (o sea yo) realmente deja algo de sí, aunque imagino que lo siento así porque soy yo mismo quien plasma los acontecimientos. Alguna vez dije que escribía para mí y dejé abierta la posibilidad de que el hacerlo aquí podía significar que también buscaba hacerlo para otros. Hoy aseguro que es ambas cosas, y no me caben dudas. Escribo para mí porque en ellos dejo mis alegrías y pesares, mi vivencias, dejo mi granito de arena, el cual puedo recoger cuando regreso a ellos, como lo he hecho ahora. Y escribo para otros en tanto puedo ayudarlos a reevaluar sus ideas o a levantarles el ánimo (y, de repente y sin querer, agobiarlos con mis posts más sombríos). Es por ello que busco ser más honesto en lo que escribo, para que las experiencias que aquí dejo sean reales y puedan usarse, por mí y por quienes me leen.

Regresando al hecho de que es mi cumpleaños, noto otra particularidad, un patrón. Por más que me encante recibir regalos por cualquier razón (o sin ella), cada 29 de abril soy yo el que se anima a regalar algo, el que da antes de recibir. Por ejemplo, recuerdo una oportunidad en la que envíe un correo electrónico a todos mis amigos con frases célebres que me gustaban con la finalidad de darles algo que pensar o hacerles encontrar algún dicho que les ayudara a sobrellevar el día. Recuerdo otro cumpleaños en el que recibí una amenaza por parte de un profesor de recibir la peor infracción posible solo porque éste creía que yo no había hecho un trabajo (aquí le di, probablemente de manera obligada, la satisfacción de recobrar el respeto de su clase, pues me llamó la atención frente a todos los alumnos). Al final del día me gusta terminar con algo en mano (tampoco soy un santo), pero se siente bien saber que otros consiguen tanto como yo.

Pienso hacer de este día el eje central dentro de un cambio que debiera haberse realizado semanas atrás. Será difícil, como suele ser cada camino que llego a tomar, pero la experiencia me dice que nada es imposible si al menos se hace el esfuerzo de intentar hacerlo. Espero que estas palabras no permanezcan siendo solo eso y me ayuden a trasformarlas en actos. Yo diría que ya es hora.

martes, 28 de abril de 2009

Alas de murciélago y personalidades bizarras



Sail on a silver wings of fire
Sailing dreams beyond the silver moon
In silver clouds that fly so high
Live the dreams you search
But can't find

--Daydream, de Journey


Me pregunto en qué andaran los tres más populares Oniros, si se les podrá ubicar por celular, e-mail, correo postal o a través del pensamiento. Hace varios días que quedamos en vernos, traerían un par de cajas de cerveza y bolsas con bocaditos y coversaríamos de los sucesos del día a día, aunque de seguro yo trataría fallidamente de presionarlos con respecto a su trabajo nocturno.

Fobetor es de los que se emborracha rápido, así que estaría evitando hablar de animales como si no supiésemos que anda en rehabilitación por un supuesto escándolo zoofílico por el cual estuvo desempleado por un tiempo. Fantaso volvería a expresar su disgusto por el alcohol, posiblemente sentado rígido como una roca y con expresión distante, por lo que le increparía por su presencia y las pocas ganas con las que suele presentarse a estas invitaciones. Morfeo, por supuesto, llegaría tarde como es su costumbre, diría que el trabajo lo tenía ocupado y que tendría que irse temprano, puras excusas para encubrir la relación homosexual en la que se encuentra atrapado.

Pero nada de eso podrá darse a menos que decidan aparecerse, al menos comunicarse, regresar el mensaje que dejé en cada uno de sus respectivos contestadores. Tengo entendido que no tienen forma de conectarse a Internet, así que descarto el correo electrónico. El último recurso que encuentro disponible es caer dormido y esperar que salgan volando del frígido Érebo y se manifiesten a través de mis sueños. Pero no le encuentro sentido al hecho de saludarlos si están mitad de su trabajo. Necesito nuevos amigos.


[No entiendo nada de lo que se dice en el video, pero creo que el combinar mi ignorancia idiomática con la sucesión entrecortada de imágenes le da cierto carisma.]


[Y, con ustedes, Journey.]

lunes, 27 de abril de 2009

Leer o morir



A Purple Haze crawled on the lawn
Where lonely angels played
And Shakespeare wrote of Vietnam
While a president decayed
Hollow laughter from below
Cracked the sky in two
As Manson dance inside the flames
And the yellow changed to blue

--This long silence, de Porcupine Tree


Todavía recuerdo esos quince minutos previos al inicio de las clases regulares en el colegio que se utilizaban para la muy querida "lectura silenciosa". Digo 'querida', pero la mitad del salón encontraba el ejercicio de leer en silencio como una tarea indigna o quizás demasiado demandante para sus pequeñas cabezas, y la otra mitad se dividía entre aquellos que simulaban leer pero que en realidad usaban el tiempo para continuar con el sueño que les fue interrumpido, y aquellos que realmente disfrutábamos de esos pocos minutos (a los que nunca les sumaron más, a pesar de la inocente petición que alguna vez le hice a mi en ese entonces tutor) y que eran, al menos para mí, casi lo mejor en todo el resto del día en el colegio.

Sé que era duro para muchos (no se si seguirá siéndolo de continuarse con el programa en las escuelas), quienes eran obligados a realizar una actividad que no les proporcionaba ningún tipo de satisfacción y que debían ejercitar sus cerebritos y hallar una manera de conseguir un libro para, por lo menos, cumplir con el requisito de tener algo que leer ese cuarto de hora diario. Supongo que mis palabras buscan atacar a estas personas no por falta de entendimiento, sino por su falta de consideración por quienes sí añorábamos esa actividad. Recuerdo una oportunidad en la que nuestro tutor, de seguro estresado por algún acontecimiento doméstico y definitivamente cansado de tener que repetir las mismas palabras día tras a día al usual grupo de insolentes alumnos que no parecían escuchar cuando se les decía que mantuvieran silencio durante la "lectura silenciosa", se acercó a la mesa de los habladores (que en realidad susurraban), se inclinó hacia adelante hasta estar casi a la par con una de las chicas y gritó, más fuerte que cualquier otro profesor que haya escuchado gritar en mi historia escolar, "¡Cierren la boca!". Los mechones de la alumna parecieron ser empujados por la fuerza del bramido. Fue mi acontecimiento favorito por un buen tiempo.

Ahora que ya no me obligan a leer, y que sigo sin sentirme obligado, no puedo evitar tener siempre un libro al costado, una novela, una revista, un cuento, un ensayo, etc. Mi abuela hizo bien en inculcarme la lectura desde pequeño, y por ello le agradezco, no solo porque ningún educador tuvo que acercarse a mi mesa y pegarme un grito que me sacara volando del asiento, sino porque siento que los libros son la principal fuente de mi facilidad para escribir. Son, también, una excelente forma de entretenerme y de aprender, y obtengo satisfacción con pensar en la creciente colección de títulos que van adornando los estantes, cajones y hasta rincones de mi cuarto. Por todo ello, cada vez que escucho decir a alguien que el leer es una pérdida de tiempo, me siento mal por esa persona, seguro de que encajaría perfectamente en la mesa de los habladores, pero trato de aportar razones de por qué pienso que se equivoca majestuosamente.

Actualmente estoy leyendo 2666 de Roberto Bolaño, novela que por su extensión me está tomando demasiado tiempo leer, pero cuyos párrafos logran atraparme de forma tal que tengo por seguro que una vez que acabe con las más de mil páginas que componen la obra quedaré deseando más. Y ya tengo mi siguiente libro en espera de ser abierto, y el tercero le sigue inmediatamente, así como el cuarto, quinto y sexto. Por el séptimo aún no me decido.

domingo, 26 de abril de 2009

A tiempo compartido, aunque no exactamente



There's no other way, here's my course of life
A path without the sickening trace of you
I need the beauty of a cleared, pure world
This eternal interruption of your rash life can save me

--Beautiful emptiness, de After Forever


Como si el escuchar O Fortuna mientras ceno en una pizzeria formal no fuese suficiente señal de que las cosas andan fuera de su carril, el mundo ha dejado de dar vueltas y en su estado inanimado muestra el desorden que ha ocasionado con tanto egoísmo en su no-actuar. El tiempo compartido de un espacio vacío e inutilizado parece algo falto de sentido, pero qué le vamos a hacer a las mentes "imberbes" si éstas apenas pueden pronunciar su nombre, no hay forma de que sacarles respuesta. Llagas en los pies; ya era hora.

sábado, 25 de abril de 2009

Diez para el camino



Strangers waiting, up and down the boulevard
Their shadows searching in the night
Streetlight people, living just to find emotion
Hiding, somewhere in the night

--Don't stop believin', de Journey


Se me ocurrió hacer un pequeño listado de mis errores y aciertos hasta el momento, tal vez para evaluar cómo van las cosas en estos casi veintiún años de mi existencia, tal vez si voy por buen camino o si falta pulir algunos bordes.

Mis 5 más grandes errores:

5) No encontrar momento para aprender a bailar.
4) Haber saltado en la cama de mi papá a los dos años de edad, lo cual dejó como recuerdo una cicatriz de la que Harry Potter estaría envidioso. El golpe, y la frente rota, de seguro tienen algo que ver con que haya sido un tanto "lento" de chico.
3) Haber perdido completa comunicación con los compañeros de mi segundo colegio.
2) No haber pasado más tiempo con mi abuelo durante sus últimos momentos.
1) Haber perdido la invaluable amistad de una persona muy especial cuyo nombre no mencionaré aquí más por respeto a ella que por vergüenza mía. Supongo que puedo llamarla Chica C3 (algunos usan letras, yo utilizo números y letras).


Mis 5 más grandes aciertos:

5) Digamos que el error es haberme interesado por la Psicología debido a un amor platónico, pero el acierto que es haber investigado sobre esta ciencia y haberla incorporado casi por completo a mi vida lo traslapa.
4) Haber tomado la decisión de ser diferente con la finalidad de obtener felicidad, sin importar cuán difícil fuese sobrevivir en un mundo en el que salir de la norma implica vivir en soledades episódicas.
3) Haber decidido mudarme (de vuelta) a la casa de mi abuela hace cuatro años.
2) Haber perseguido mi pasión por el ciclismo a pesar del poco apoyo que pude haber tenido al comienzo. De chico no me dejaban manejar ni en la pista enfrente de mi casa y hoy puedo desaparecer hasta por tres o cuatro horas metido en el tráfico limeño.
1) Haber escrito una novela que, si bien no es muy buena y la originalidad estuvo presente en pocas ocasiones durante su creación, es impulso y línea de partida para otros grandes proyectos en plena y futura realización.

viernes, 24 de abril de 2009

Tu dulzura me empalaga



We're the little creatures
Deep inside your mind.

--Inside, de Avantasia


Alicia, oh, Alicia, ¿fuiste tú quien persiguió al conejo en un afán descontrolado por comer carne luego de años bajo una tediosa dieta vegetariana?

Alicia, oh, Alicia, ¿metista a la Duquesa dentro del caldero solo porque la pimienta nublaba tu juicio o fue por las náuseas que su bebé puerco te causaba?

Alicia, oh, Alicia, ¿qué hiciste con el gato de Chesire que con sus notaciones filosóficas terminó por causarte mayor confusión de la que ya tenías?

Alicia, oh, Alicia, ¿pudiste contestar la pregunta de la Oruga azul y descubrir quién diablos eres o sigues mareada por el humo de su narguile?

Alicia, oh, Alicia, ¿cuándo dejarás de burlarte de la historia que la Falsa tortuga apenas y pudo contar?

Alicia, oh, Alicia, ¿notas que el sombrerero loco estaba realmente loco ahora que lo ves luchando contra Batman de cuando en cuando?

Alicia, oh, Alicia, ¿por qué cortaste la cabeza de la Reina de corazones incluso sabiendo que de hacerlo no volverías a salir del País de las maravillas?

Alicia, oh, Alicia, definitivamente has cambiado.

jueves, 23 de abril de 2009

Una diferencia más



Don't get lost in heaven
They got locks on the gate
Don't go over the edge
You'll make a big mistake

--Don't get lost in heaven, de Gorillaz


Creo haber descubierto el eslabón perdido.

Un buen profesor de filosofía cuyo curso llevé hace dos años inició la primera clase con una anécdota que no recuerdo, pero el mensaje que quería transmitir todavía sigue fresco, especialmente porque lo había escuchado anteriormente durante mis años colegiales. Imagino que presté más atención la segunda vez porque la explicación llegaba en el momento preciso, como muchas cosas en mi vida.

Lo que concluyó fue que las personas ya no se maravillan con el mundo, que todo lo toman por sentado. Mencionó una frase dicha por un filósofo famoso que me gustaría repetir aquí, pero odio momentos como estos en los que olvido los detalles en favor de la perspectiva general, así que por falta de memoria no podré. Básicamente, explicó que los humanos se han conformado con lo que hay, que su mente, conforme van creciendo, se va adaptando a la realidad (o lo que ellos toman por real) y separan la fantasía de lo que realmente es. En otras palabras, a lo bruto, maduran. El niño puede ver a un perro volar y lo tomará como cierto, como verdadero, como normal, mientras que el adulto lo verá como irreal, imposible, debido a su experiencia en el mundo y al conocimiento que posee de que no existe tal cosa.

Ejemplos similares al perro volador los hay en grandísimas cantidades, pero también existen excepciones. Creer en fantasmas o en el espíritu de los muertos es uno particular que me ayudará a hacer el salto hacia un punto particular: la creencia hacia cosas que uno piensa haber visto o que nunca lo ha hecho. Y, de repente ya exagerando un poco pero mencionándolo como punto por desarrollar, la religión, la creencia seres supremos y el dogma que debe seguirse. Entonces, ¿dónde está la inmadurez en pensar que algo es verdadero sin tener que haberlo visto?

En esencia, el niño que considera real al perro volador es igual al hombre que cree en fantasmas. Que el mundo nos diga lo contrario, ya sea por estudios científicos o propia experiencia, no significa que debamos dejarnos llevar así de fácil. Tampoco es sensato pensar que absolutamente todo es posible, pero el punto es defender las propias creencias más allá de que otros no tengan la misma visión que uno y que traten de juzgarlas a partir de lo que consideran real.

Cada día me asombro con el mundo y, específicamente, con la humanidad, y no siempre de manera positiva. Trato de no dar las cosas por sentado, trato de verlas no solo como son sino de manera que me hagan pensar diferente y que me ayuden a descifrar los tantos enigmas que la vida tiene y que las personas intentan sacarnos de la cabeza por pensarlos imposibles. Es un tema que todavía me causa dificultad en explicar, pero este es el eslabón perdido que me ayuda a unir el hecho de que la madurez es un asco (desde esta perspectiva en particular), y que los niños, con su pensar, la pasan mejor que nosotros.

miércoles, 22 de abril de 2009

La verdadera primera mujer



Pugnacity
With our blood
Show no mercy
With our soul
Die for heaven
An eye for an eye
Burn to let them...
Suffer for all their actions

--Forlorn hope, de After Forever


Algo dejó de decirse de Prometeo y el fiasco con la Luz, y es un "algo" bastante importante que no debiera haberse callado, pero por una cuarta parte que es ignorancia y el resto que es seguridad se prefirió quedar en silencio.


El castigo de Zeus hacia la ahora "iluminada" humanidad nunca fue Pandora, ella no es mal bajo ningún sentido, ni tampoco su inherente curiosidad, que mata gatos en desmesura. El mal ni siquiera es el jarrón en sí (o caja, como algunos lo llaman), sino aquello que se encontraba dentro de él, las enfermedades, maldades y demás cosas que fueron liberadas por la creación del señor de los truenos, la ya mencionada "dadora de todo".

Pero no es de esos males que quiero hablar, sino del cual que nunca logró salir, ese que podría pensarse como equivocación comprensible por parte de quien le regaló el jarrón a Pandora en un principio. ¿Por qué la esperanza ha de ser esencialmente malvada? ¿Porque nos da aliento cuando más lo necesitamos? ¿Porque es el último asidero al cual recurrimos cuando no podemos acceder al resto? Son preguntas que bien podríamos pasar el resto de nuestras vidas tratando de encontrarles respuesta, y asumo que la curiosa Pandora debió hacérselas igualmente.

Esperanza. De repente se quiso referir a la falsa esperanza y no a la verdera. Pero qué difícil es distinguir una de otra en la mayoría de casos, al menos cuando uno es quien la recibe y no quien la otorga. Por eso permanece el misterio, y la pregunta máxima: ¿qué habría sido de la humanidad si el mal de la esperanza hubiese conseguido escapar del jarrón? La mejor manera de responderla, creo yo, es encontrando su prisión.

martes, 21 de abril de 2009

dIROLE invita

Hace unos días atrás inicié otro blog, no con la finalidad de dejar este atrás una vez que cumpla con los 365 posts, sino como un proyecto alternativo. Todavía estoy decidiendo el rumbo que le daré una vez que termine de acomodarlo, pero por el momento es una especie de recuento superficial y tan fiel como me es posible de lo que sueño y que considero relevante (y con suficiente sentido, a pesar de la evidente falta de sentido que regularmente pueden tener los sueños). Digamos que es el diario oficial de mi inconsciente, una alternativa a La Experiencia Dirole que ve las cosas desde una perspectiva más profunda. Los invito a leerlo.

dIROLE

lunes, 20 de abril de 2009

¿Chiquiviejos?



I want to change, to rearrange
What is going on
I need to change, I need to play
Like a five year old

--The church of what's happening now, de Sia


¿Qué sucede cuando de repente ya no se puede reconocer la juventud y todo se ve matizado con vejez? ¿Se ven niños y niñas que a primera vista no son más que eso, pero que luego de una atenta mirada aparece la duda con respecto a su verdadera edad? Ya no sé si es daltonismo, miopía o alguna incipiente conjuntivitis, pero las cosas no son lo que parecen, y si lo son, entonces el mundo anda más confundido que yo. ¿Qué sucedió con la normalidad?


domingo, 19 de abril de 2009

Metano y compañía



Let's sleep together right now
Relieve the pressure somehow
Switch off the future right now
Let's leave forever

--Sleep together, de Porcupine Tree


X: Siento mariposas en el estómago.
Y: Estás romanticona. Nunca te había visto así.
X: No, espera...
Y: ¿Qué sucede?
X: Estoy con gases. Me equivoqué.
Y: Qué cagada.
X: A veces.

sábado, 18 de abril de 2009

Soñando despierto (cuarta parte)


Not every problem can be
Solved so easily
Not every answer is the one
Above the flood of emotion
It's all about forward motion
Define your place in the sun

--The best is yet to come, de SR-71



Cuando abrí mis ojos nuevamente, después de un buen rato, me di cuenta de que estaba echado en el piso con la cabeza sobre la almohada, posición que no recordaba haber adoptado. Varios de los congregados estaban igual, algunos todavía seguían sentados y uno, que no era ni el chamán ni su asistente, movía su cuerpo desde la cintura para arriba al son de una música que no sonaba, bailaba rítmicamente sin intención de detenerse. Esto me hizo sentir peor, quise vomitar por unos segundos pero las náuseas se esfumaron instántaneamente, y entonces observé algo que no vi en un principio: el chamán se inclinaba sobre una persona que yacía echada a su lado y tocaba su frente, hacía símbolos con sus dedos, movía una botella con agua y objetos que la hacían sonar como un sonajero. Entendí que las curaciones estaban comenzando.


Por un buen rato esperé mi turno con los ojos bien abiertos, pero los pasos curativos parecían durar muchísimo por cada una de las personas y mis ojos fueron cediendo hasta que no pude abrirlos. Mi cabeza empezó a decir que no quería ir, que si me llamaban no me pararía, me haría el dormido, tercamente permanecería echado y evitaría acercarme al chamán. Solo ahora comprendo que en ese momento algo más fuerte que yo rehuía la curación y buscaba hacerme su cómplice, tal vez los espíritus negativos de los que nos hablaron antes de iniciar el ritual, tal vez mis propias inseguridades y el creciente sentimiento de arrepentimiento de haber aceptado participar en la ceremonia. Lo más curioso es que, cuando me llamaron, cuando creí estar dormido, me paré sin chistar y accedí sin titubear.

Tuve que sentarme frente al chamán, quien preguntó mi nombre y mi motivo de asistencia (aquello de lo que quería curarme y por lo que había ido), y ambos datos los pronunció dentro de su botellita con agua mentolada. Me tuvo ahí un rato y luego me pidió que me echara boca arriba. En esa posición, mojó sus dedos repetidamente con el agua e hizo pequeñas señales de la cruz sobre mi frente, mis sienes, mi cuello y mi abdomen. Luego vino la parte más extraña. Tomaba un poco del agua sin tragarla, presionaba sus labios sobre mi frente (y después sobre mi abdomen) y aspiraba como si estuviese absorbiendo mis males. Hizo esto tres veces en ambas partes de mi cuerpo, y después de cada vez escupía el agua en un balde.

Cuando me pidió que volviera a sentarme frente a él y después de fumar su pipa y echarme el humo tal y como lo hizo su asistente momentos después de empezada la ceremonia, estaba convencido de que la curación había terminado, pero fue entonces que llegó el momento de mi desgracia. Una de las cosas que me prometí a mí mismo hace mucho tiempo fue que jamás fumaría, nunca me dejaría llevar por la curiosidad ni por la presión de mis compañeros, bajo ninguna circunstancia probaría tabaco o alguna otra sustancia que tuviese que fumarse. Pero tuve que hacerlo. Y lo hice. Y ahora me averguenzo de mí mismo por ello. Traté de evitarlo, le dije al chamán que no fumaba, pero éste me dijo, en medio de su propio aturdimiento ayahuasquero, que la curación estaría incompleta si no lo hacía, así que mis deseos de librarme de mis males pudo más que mi ilusoriamente sólido juramento. Como dije anteriormente, tengo mucho de que arrepentirme, de esto especialmente, pero no lo hago y no lo haré. Lo hecho hecho está, y lo mejor que puedo hacer es aceptar las consecuencias y vivir con ellas de la mejor manera posible. Es algo que todavía debo solucionar conmigo mismo en las semanas por venir. Fumé como me indicó, tragué el humo tres veces como se me dijo, me atoré como el novato que soy, y tuve que fumar todo el maldito tabaco. Pero, a modo de rebeldía, me tomé mi tiempo.

Cuando regresé a mi sitio noté que el tabaco me había despejado un poco la cabeza, que ahora estaba más "sobrio" y que podía pensar mejor. Sin embargo, lo primero en lo que pensé fue que debía cerrar los ojos y dejar que el tiempo pasara sin que yo reparara en él. Y así sucedió. Un rato más tarde desperté porque el asistente del chamán debía hacer el último paso del ritual, colocar sus manos sobre mi cabeza y cara, presionar fuerte pero concientemente y "limpiarme" de cualquier suciedad que hubiese quedado dentro de mí. Hizo eso con todos y así fue como terminó todo.

Las personas comenzaban a comentar entre ellas su vivencia, lo que habían visto, lo que les había sucedido, compartían experiencias, reían, se asombraban, pero yo permanecía sentado, en silencio y con los ojos cerrados, todavía algo mareado y con dolor de cabeza. Seguía sintiéndome mal por haber roto un compromiso tan importante, por haber sacrificado aquello por mi bienestar. Cuando solo estuvimos mis dos amigos y yo en el cuarto de uno de ellos, cerca de las tres y media de la madrugada, admití que sí había visto algunas cosas (anteriormente, en presencia de los demás, mentí y dije que no aluciné nada para poder ser dejado en paz), pero me sentí decepcionado luego de escuchar lo que uno de mis amigos vio, lo vívido que fue para él. Pero me dije a mí mismo que no había ido por eso, lo cual me calmó un poco.

Hoy, horas después de aquella experiencia tan fuera de lo común, creo sentirme mejor. Tal vez sólo me hago la idea de que estoy curado o que mi curación comienza debido a todo este ritual con el Ayahuasca, o quizás realmente funciona. El fin justifica los medios en esta situación particular, pero los medios han sido un sacrificio enorme de mi parte, el haber mentido, el haberme traicionado, cosas que tendré que perdonarme y aceptar con el tiempo. ¿Lo haría de nuevo? Mientras yacía echado en ese oscuro cuarto y con las manos sobre mi adolorido estómago me decía que nunca más volvería a tomar esa planta (similares palabras que suele decir hasta un experimentado borracho cuando se le pasan los tragos), y ahora mismo me digo lo mismo, pero nada es seguro, así que dejo abiertas las puertas para nuevas oportunidades, si es que deciden llegar en algún momento futuro. Por el momento tengo mucho en qué pensar y una dieta que seguir, y vivo sabiendo que estoy más cerca de alcanzar la felicidad que alguna vez tuve y que otra vez tendré.

viernes, 17 de abril de 2009

Soñando despierto (tercera parte)


I can't seem to face up to the facts
I'm tense and nervous and I
Can't relax
I can't sleep 'cause my bed's on fire
Don't touch me I'm a real live wire

--Psycho Killer, de Talking Heads


Lo primero que vi al cerrar los ojos fue, evidentemente, oscuridad, pero poco a poco esta fue siendo invadida por colores, patrones, figuras simétricas que oscilaban caóticamente, un mundo psicodélico que no podía creer real. Abrí los ojos intentado ver cómo se encontraban los demás, pero recordé que el asistente dijo que la experiencia era personal, que no debíamos acercarnos ni tocar a los demás incluso si veíamos que padecían algún dolor. En otras palabras, estaba solo, ya no metafóricamente solo entre varias personas, ahora sí literalmente.

Comencé a sentir cómo mi cuerpo se hacía más y más pesado, mis movimientos eran lentos y torpes, sentía como si estuviese en uno de esos horribles sueños en los que intento correr pero me muevo increíblemente despacio. Vi que el amigo que me había invitado permanecía cruzado de piernas, con la cabeza gacha y los ojos cerrados, así que decidí hacer lo mismo y concentrarme en cualquier cosa. Los colores seguían ahí, bailando inmutadamente, como si nunca hubiesen desaparecido a pesar de haber abierto los ojos, y el dolor de estómago también parecía seguir presente, solo que estaba vez un poco más persistente.

El tiempo pasaba, pero no tenía noción de él en lo absoluto, podría jurar que habían pasado horas cuando tal vez solo fueron minutos, y cuando el sueño me vencía ocasionalmente despertaba luego sintiendo el cansancio de días de haber dormido sentado. El asistente del chamán hablaba de ser un solo cerebro y, sugestionado por sus palabras, con los ojos abiertos, vi las cabezas de los demás derretirse de a pocos y convertirse en humo negro que flotaba ondulantemente hasta el techo y formaba una masa grisácea. Cerré los ojos inmediatamente, asustado y volví a caer dormido, o pensé estarlo.

En un momento comencé a sonreír, mi rostro formaba la expresión sin que yo mismo me decidiera a hacerlo. No hice nada para evitarlo. Pero la sonrisa fue ocasionando algo curioso, algo que cosquilleaba mi adolorido estómago y que luego fue subiendo por mi garganta y haciendo que me picara, pero me  contuve en el instante en el que supe que estaba punto de reventar en carcajadas, una risa que no tenía nada como ocasionante, una risa individual, una risa que apenas y podía resistir. Lo único que impedía que riera era el pensar que debía ser respetuoso con todos, que no podía perturbar sus propias experiencias.

El canto ocasional del asistente y, más adelante, del chamán me hacían moverme, casi bailando a su ritmo con el cuello, otra expresión de mi ser sobre la que no tenía control y que no dejaba de asustarme. Pronto mi brazo izquierdo empezó a temblar frenéticamente y el derecho parecía no funcionar en absoluto, quise gritar, avisarles a todos que algo malo podía estarme pasando, que de repente la mezcla me había hecho daño y que podía estar entrando en algún estado no deseado. Pero callé, por miedo, por verguenza, por orgullo y por saber que estaba exagerando, que todo esto era efecto de la poderosa planta.

Con los ojos cerrados no sabía si estaba dormido y soñado o despierto y alucinando. Veía situaciones de mi vida cotidiana ser transformadas poco a poco en hechos absurdos, me escuchaba conversar con alguien para luego darme cuenta de que era yo mismo quien hablaba y respondía, observaba sentimientos y emociones como si fuesen objetos; era una experiencia perturbadora, una vivencia que ya estaba sobrepasando los límites de mi tolerancia emocional. Pero entre las cosas que veía y experimentaba, creí estar delineando mis errores, yo mismo me decía "es tu error más grande" o "aquí la cagaste furiosamente" o "¿por qué estás hablándote a ti mismo?", y mi cabeza racionalizó todo esto como el inicio de la curación. Pensé que el darme cuenta de mis faltas era parte del proceso mediante el cual mis heridas irían siendo curadas. Entre pensamientos volví a caer dormido, y entre que despertaba y soñaba no dejaba de desear que todo acabase de una buena vez.

jueves, 16 de abril de 2009

Soñando despierto (segunda parte)


Take a chance on me, yeah
You're my remedy, yeah

--The pageant of the bizarre, de Zero 7



El día llegó más rápido de lo que hubiera deseado, y las ansias me carcomían desde horas antes de tal manera que por buena parte de la mañana y prácticamente toda la tarde no hice más que andar por la casa pensando qué hacer con mi tiempo, buscando formas de entretenerme, intentando distraer mis pensamientos. Ya no era miedo, era (extraño como suene) seguridad.


Cuando entré a la casa de mi amigo, ya casi estaban reunidos todos los que participarían del ritual, todos mayores que yo por al menos cuatro años, un mínimo de cuarenta y ocho meses de experiencias adicionales a las que yo podría tener. Felizmente el lugar me era bastante familiar, al igual que la mayoría de las personas, así que de cierta forma me sentía acompañado, pero no podría decir lo mismo del inexistente sentimiento de protección. Quienes conformaban el grupo eran dos amigos míos, tres familiares de uno de ellos, la empleada doméstica, una pareja de hombres de casi mediana edad, el chamán, su asistente y yo.

Lo primero que hicieron fue pasar una serie de diapositivas con dibujos hechos por el chamán, Noé, quien dijo haberlos hecho en base a las visiones que había tenido en anteriores rituales. En ese punto ya comenzaba a preguntarme qué tan claras serían las cosas que vería, si las imágenes serían las encargadas de curarnos o si solo eran efectos secundarios. Hasta ese momento estaba tranquilo, asombrado por las imágenes y por las historias que las acompañaban, ambas necesarias para crear la atmósfera de misticidad y espiritualismo entre los asistentes. Ahí fue que noté algo: por más ideas soñadoras que tenga, por más de ser creyente de un poco más de lo que el ser humano promedio creería, sabía que me costaría creer todas esas cosas. Puedo dejarme llevar, puedo imaginar fuerzas invisibles que gobiernan sobre la vida, pero mi cabeza está acostumbrada a la ciencia, le encanta racionalizar las cosas y encontrarles explicación. Esto sería un problema más adelante.

A las diez en punto de la noche estuvimos subiendo al cuarto desocupado del tercer piso, lugar al que solo recuerdo haber subido una vez anteriormente, cerca de los nueve o diez años. Nos sentamos sobre cojines y un colchón con nuestras espaldas contra las paredes, yo al lado de uno de mis amigos y de la puerta de salida, que podría haber tomado como el mejor asiento del lugar, pero solo podía pensar que tal vez no lograría tener la experiencia completa de estar al lado de la única fuente de aire. Sin embargo, no me cambié de sitio. Noté que habían siete u ocho baldes posicionados en todo el cuarto, útiles si la bastante posible necesidad de vomitar surgía. No por nada llaman a este tipo de ceremonias por el nombre de "purga".

Cuando todos estuvimos preparados, el ritual comenzó. No recuerdo con exactitud la sucesión de hechos ni todo lo que se hizo como preparación inicial, pero el primer paso que tomamos los presentes que no presidíamos la ceremonia fue ser llamados uno a la vez para tomar un vaso con una pequeña cantidad del líquido meloso, marrón negruzco, espeso, amargo y difícil de tragar. Durante mi turno tuve que concentrarme y pedirle mentalmente a la planta cuál era el motivo de mi presencia, de qué esperaba ser curado y qué me gustaría ver, pero solo atiné a pensar en lo primero y en lo segundo y ya no en lo tercero. Luego tuve que tomar del vaso y casi me atoro, pues a pesar de ser poco lo que tomaba, me era complicado saber si ya había tomado todo o aún quedaba mezcla de Ayahuasca.

Regresé a mi sitio y fui viendo cómo cada uno iba tomando un poco y preguntándome en qué momento comenzaría a sentir esa sensación de malestar de la que me previnieron antes, cuándo vería volar pájaros o escucharía la voz de la planta y su manifestación humano-femenina. Una vez que todos hubieron tomado la mezcla y se hubiesen apagado las luces, el asistente se acercó a cada uno con la pipa llena de tabaco que había estado prendiendo junto al chamán, el cual solo fumaba en silencio, y fue echándonos humo en la cabeza, en la espada, en el cuello y en las manos juntas. Después de cada uno de los pasos creí sentir una sensación de vómito debido a la poca mezcla que había quedado atorada en mi garganta y que no parecía querer ceder. Cerré los ojos tratando de olvidar la molestia y dejé que mis pensamientos me llevarán a donde estos quisieran, hasta que, de un momento a otro y sin previo anuncio, empecé a sentir un dolor terrible en el estómago y en el brazo izquierdo pinchazos inexplicables me alertaban sobre algo. No supe, sino hasta unos momentos después, cuando el asistente comenzó a silbar y a cantar, que la planta comenzaba a hacerme efecto.

miércoles, 15 de abril de 2009

Soñando despierto


So break me down if it makes you feel right
And hate me now if it keeps you alright
You can break me down if it takes all your might
'Cause I'm so much more than meets the eye

--Breakdown, de Seether



Creo considerarme el tipo de persona que a veces puede guíarse según la frase "el fin SÍ justifica los medios" (de forma relativa según las circunstancias y variadas situaciones), y es por ello que, luego de preguntarme a mí mismo "¿Estoy dispuesto a romper un fuerte juramento que me hice tiempo atrás e incluso a mentir si eso me procura la posibilidad (y no necesariamente la seguridad) de obtener lo más cercano a una experiencia verdaderamente mística que pueda curar cualquier mal que pueda tener?," me dije que sí. Y aquí estoy ahora, evaluando los medios que me trajeron a este fin que, tan cliché como pueda sonar, recién comienza.


La experiencia que tuve la noche de ayer y parte de la madrugada de hoy ha sido, probablemente, la más significativa que he tenido en muchísimo tiempo, tal vez comparable con mi nacimiento (que a diferencia de esto último, lo de anoche sí puedo recordarlo). Tengo mucho por lo cual arrepentirme, no solo por romper mi juramento inicial sino por romper una segunda promesa que si bien no es tan fuerte como la primera (y podría sonar trivial para muchos), es el quebrantamiento de uno de mis ideales, y eso no es fácil de sobrellevar. Pero también queda optimismo, perdura el hecho de que al fin pude volver a mis viejos hábitos de arriesgarme a probar lo desconocido, se resalta que, a pesar de todas las caídas que pueda haber estado teniendo este último mes, he dado un primer paso hacia mi principal meta. De ahí que el fin sí justifique los medios.

Días atrás, un amigo que lleva estudiando una comunidad Asháninka de la selva peruana durante ya bastante tiempo mencionó la venida de un chamán y la oportunidad de probar la planta de la Ayahuasca. Lo curioso es que esto no causó mucho interés en mí, ni siquiera cuando mencionó sus propiedades alucinógenas y lo que vio en una de las tantas ceremonias en las que ha estado durante su investigación. Más bien, me causó repulsión, el mismo sentimiento que sentí cuando una buena amiga me confesó que había fumado marihuana cuando era más joven, pues imagino que las enseñanzas que mis abuelos, el colegio, la universidad y las campañas publicitarias han calado de tal manera en mí que no puedo dejarme tener la mente abierta que acostumbro tener hacia cosas que desconozco o que creo conocer pero sobre las que no estoy seguro o sobre las que no he tenido experiencias directas o indirectas. Por un momento creí a mi amigo perdido en una adicción que tarde o temprano terminaría por matarlo. Pero luego mencionó algo que me sacó de mis pensamientos: "La Ayahuasca posee propiedades curativas que no solo ayudan al cuerpo sino también al alma".

Tomé aquellas palabras como una desvergonzada justificación de su nuevo pasatiempo, pero la duda ya comenzaba a hacerme su presa, así que investigué por mi cuenta para tener otro tipo de visiones y opiniones al respecto. Efectivamente, existen todo tipo de rituales curativos, ceremonias que no se acercan a la adicción ni al uso irresponsable de la droga que contiene la planta. Y así fue como me dejé convencer por los expertos, quizás queriendo ser convencido.

Mi amigo comentó que habría una ceremonia en su casa el martes de esta semana (o sea ayer), pero nunca me ofreció a mí participar en ella (imagino que por no hacer tantas preguntas como otros amigos le hicieron) sino hasta que le pregunté por la hora en la que se haría. Mi respuesta inmediata carente de silencios de duda o de dobles pensamientos fue un absoluto, rotundo y, para mi propia sorpresa, decidido "sí". Conmigo se animó otro amigo, quien decía tener miedo de lo que podría 'ver' durante el ritual, cosa que impactó un poco en mí, pues fue justo en ese instante en el que me di cuenta de que moría de miedo, de que quizás era el miedo lo que me empujaba a recurrir a medidas tan extremas como para remediar lo que, imagino, son mis pesares. Estaba dicho, asistiríamos. Eso fue el domingo; tenía dos días para prepararme psicológicamente y para, de ser necesario, optar por cancelar mi asistencia. Quise hacerlo, quise llamar para decir que no iría o simplemente no presentarme, pero pienso que no lo hice por las razones equivocadas, probablemente tratando de evitar mostrar debilidad. Razones equivocadas, tal vez, pero, repito, final justificante.

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