viernes, 29 de noviembre de 2013

Astilla al volante

Fuente: http://withering.deviantart.com/art/fast-car-101667069

Went the distance
Now I'm not gonna stop

--Eye of the tiger, de Survivor


Algo que siempre he admirado de mi papá es su manera de manejar. De chico me encantaba verlo maniobrar en el tráfico, sobrepasar a otros conductores sin reparo alguno e ir a velocidades tan altas que muchas veces sentí que volábamos. Es verdad que a veces era muy imprudente, y su cuota de accidentes lo prueba, pero nunca nada pasó en las oportunidades que tuve de ser su copiloto. Es gracias a él y a los paseos en carro que mi amor por la velocidad es tan grande actualmente.

Hace unos meses tuve la oportunidad de revertir roles, ser yo quien conducía y él sentado en el asiento del copiloto. Me causó mucha gracia su inicial incomodidad al verme manejar, expresada a través de sus críticas con respecto a mi postura, a la velocidad que mantenía y a las rutas que tomaba, pero pronto fui notando que, a pesar de todo eso, estaba orgulloso de mí.

Reviví aquella admiración y aquella anécdota mientras hoy iba tras el volante. Dos años y medio atrás, cuando recién conseguí mi licencia de manejo, me sentía extremadamente incapaz, nada merecedor de una aprobación oficial para surcar las calles en un auto. Hoy sigo lejos de ser un experto, me he pasado ya varios semáforos en rojo (nunca por apurado y siempre por distraído, valga la aclaración), he tenido dos choques leves con otros conductores, uno con la columna del estacionamiento de mi casa y decenas de "encuentros cercanos", pero poco a poco me voy acercando cada vez más a la habilidad de manejo de mi papá. Y de eso yo estoy orgulloso.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Deliremos

Fuente: Archivo personal

Cuentan por allí que te han visto jugar
A ruleta rusa con tu identidad

--No lo sé, de Aliados


Ocasionalmente me sucede que pierdo noción sobre la identidad de personas que conozco, especialmente familiares y amigos cercanos. Intentaré explicar a qué me refiero.

Al observar la foto de una persona, puede pasarme que dejo de reconocerla, no por algún impedimento visual o por causa física alguna. Es un efecto muy gradual, y por lo general empieza como una sensación casi imperceptible que podría pasar desapercibida si yo mismo no hiciese el esfuerzo consciente de preservarla. Veo el rostro y pienso "¿Quién es esta persona?, ¿realmente la conozco?, ¿qué significa para mí?", ante lo cual me fuerzo a desconocerla. Pasa a serme poco familiar, como si pudiese pasarla por alto en caso me la cruzase por la calle. En ese momento me obligo a olvidar su nombre o, en el peor de lo casos, imaginar que no conozco a nadie llamado así. Y así la persona va perdiendo su significado, hasta que no es nadie, al menos para mí, y los recuerdos que puedo haber tenido con ella se disuelven por completo y termino por olvidarlos. Todo esto dura solo unos segundos, algunos pocos minutos como máximo, pues la sensación pronto se esfuma y es como si no hubiese pasado nada.

Sé que suena extraño, y lo es, pero más que nada me causa curiosidad. ¿Es normal que suceda esto? ¿Le pasa a otros o a la mayoría de personas? La verdad no he investigado lo suficiente al respecto como para poder responder estas preguntas, ni siquiera lo he conversado con amigos o profesores que puedan ayudarme a darle sentido a aquellas ideas. Por un lado me da vergüenza, y por otro, admito, no me gustaría averiguar que se trata de una ocurrencia normal o común en otros.

Antes que un problema, lo considero una gran fuente de inspiración, de lo contrario no forzaría los efectos. Muchas de las historias que suelo escribir o ideas que se me ocurren de cuándo en cuándo suelen vincularse a temas de identidad, y sé bien que se deben al fenómeno del que hablo, pues la mayoría se deben a la pérdida, confusión, alteración, etc., de la misma. Y creo que, como todo lo que es propio de cada persona, uno debe sacarle el mejor provecho a aquellas cosas de las que está compuesto, a las experiencias que nos hacen lo que somos, sean positivas o negativas.

martes, 12 de noviembre de 2013

La chica de las manos frías

Fuente: Archivo personal

But that was some time ago
A memory vague and fading slow

--Hand on heart, de Queensryche


Alguna vez conocí a una chica con manos frías. Me confió una historia muy personal de cuando era más joven, del intenso cariño que sentía hacia una amiga suya, un sentimiento que poco a poco fue convirtiéndose en amor; secreto, pero amor. En ese entonces sus manos eran cálidas, y cálidos los días que pasaba al lado de su amiga, con una gran sonrisa que sólo a veces le he visto esbozar. Pero aquello pronto cambió cuando le contó lo que sentía por ella. La amiga no reaccionó nada bien y decidió tomar una distancia que cada vez fue acrecentándose más y más, hasta que el vínculo que alguna vez las unía desapareció por completo. Y así, tras la pérdida de la persona por quien sentía tanto afecto, el calor de sus manos no tardó en abandonarla igualmente.

Cuando la escuché relatar esta historia toqué sus manos, y por primera vez creí entenderla, pero recién hoy, varios años más tarde, puedo asegurar que no fue así. Comprendí su historia, de esto estoy seguro, pero no entendí lo que quiso decir, el mensaje entre líneas que dejó sin pronunciar. Ella decía que sus manos permanecerían frías hasta que encontrase a quien pudiese devolverles su calor, quizás refiriéndose a su amiga, quizás pensando en alguien más, o en nadie en particular.

Hoy, después de tanto tiempo sin vernos, ya no pienso que alguna vez se trató sobre entenderla o no. Pero creo que, si la volviese a ver, lo primero que haría sería preguntarle si finalmente pudo encontrar a quien buscaba. Y antes de dejarle dar una respuesta, tocaría sus manos con la esperanza de no sentirlas frías otra vez.

jueves, 29 de agosto de 2013

La primera clase

Fuente: Archivo personal

It's been a long, long time
He's had a while to think it over
In the end he only sees the change

--Surrounded, de Dream Theater


Al fin, después de años intentando, reclamando y lamentándome, pude matricularme en el curso de Fotografía que ofrece mi universidad. El miércoles pasado tuve mi primera clase teórica y esta semana la práctica, y no podría estar más satisfecho.

En los casi cuatro años que llevo desempeñándome como fotógrafo profesional sólo he llevado 2 talleres, los cuales fueron exclusivamente prácticos y enfocados en lo digital. Siempre sentí que lo aprendido no había sido en lo absoluto suficiente, y a pesar de que la mayoría de información que manejo y las habilidades que poseo se deben a mi propia sed de conocimientos y desenfrenada experimentación, sé que aún queda un vacío muy grande en lo que respecta a la técnica. Puedo tomar fotos increíbles (humildad muy aparte), identificar qué funciona en una composición y sé cómo aprovechar mi cámara, pero ignoro gran parte de lo teórico, incluyendo la terminología, las reglas, los representantes y, con relación a la fotografía analógica, el revelado. Por eso me alegra estar llevando la muy necesitada clase que me ayudará a llenar buena parte de ese vacío, o que me encaminará a cubrirlo por mi cuenta con la apropiación de nuevos saberes.

A mediados del 2004, compañeros del colegio y yo tuvimos una visita guiada a la universidad en la que estudio, y lo que más recuerdo de ese día fue entrar al laboratorio de fotografía, al cuarto oscuro. Sólo en películas había visto un lugar así. Quedé asombrado con lo que vi, especialmente con las fotografías ya reveladas, muchas de las cuales me hicieron preguntarme fugazmente cómo sería dedicarse a capturar imágenes. En ese entonces no tenía la más mínima idea de que nueve años más tarde estaría parado en el mismo lugar, igual o más maravillado, siendo ya un fotógrafo profesional. Quizás, y sólo quizás, esa visita pudo haber determinado en parte lo que soy ahora.

Hasta el momento, y como siempre, sigue gustándome más la parte práctica del asunto, especialmente porque es el ámbito donde más espacio y oportunidad tengo para brillar. Sin embargo, el revelado es un arte en sí mismo, y me está causando más problemas de los que me gustaría admitir, aunque todavía hay mucho tiempo para seguir aprendiendo y mejorando. Y, si de aprendizajes se trata, el más importante ha sido darme cuenta de que he hecho realidad un sueño que ni yo mismo en un principio reconocía tener: ser fotógrafo.

domingo, 25 de agosto de 2013

Fútbol invisible


Remember then? Now and later days
When kids came out to play
All of life was now

--Shine, de Galactic Cowboys


He sido fanático del fútbol desde que tengo memoria, aunque confieso que esta pasión está limitada a mi experiencia como jugador y no como espectador. Prefiero mil veces jugar antes que ver un partido. Con lo segundo no solo me aburro, sino que también me genera muchas ganas de salir a la cancha y vivir el juego de primera mano. Todo esto, por supuesto, más allá de que sea o no habilidoso con el balón.

Si tuviera que contar en qué momento nació este gusto, diría sin ninguna duda que fue a los seis años, cuando cursaba kindergarten. Todos los días salía ansioso al recreo con la sola intención de unirme a mi grupo de amigos para pasar los siguientes quince minutos jugando un alocado juego de fútbol. Lo más curioso y divertido de esto es que nuestros partidos jamás involucraron el uso de un balón ni de nada que lo representase. Era el poder de la imaginación en su expresión más pura.

Recuerdo claramente que uno debía anunciar cuándo tenía el balón, en qué momento se lo arrebataba a un contrincante y si el tiro lanzado resultaba o no en una anotación. Las discusiones eran constantes, evidentemente, cada uno proclamando tener posesión de la pelota o asegurando apasionadamente que había metido un gol. Esto generaba mucha confusión, tanto así que a veces el grupo de amigos se dividía y marcaba a dos jugadores a la vez, cada conjunto seguro de que iba contra el rival que realmente tenía el balón. Confuso, pero definitivamente muy divertido.

Esta anécdota carga consigo un triple valor para mí, pues, por un lado y como mencionaba antes, es la primera experiencia que recuerdo tener como jugador de fútbol. Por otro, me alegra saber que varios de los amigos con quienes aún mantengo contacto son los mismos que jugaban a mi lado en esos recreos de antaño. Y, por un tercer y último lado, es también una excelente puesta en práctica de mis capacidades creativa e imaginativa, ya bastante desarrolladas a la tierna edad de seis, características que considero me representan a totalidad y de manera esencial el día de hoy.

lunes, 12 de agosto de 2013

Para verte mejor

Fuente: Archivo personal

The colors keep changing
So many different ways to look at things

--Colors, de Shadow Gallery


Un tiempo atrás mencioné de manera muy breve un defecto que, en general, pocas personas reconocen en mí y que suele hacerse manifiesto sólo cuando admito tenerlo, mi daltonismo.

Lo llamo defecto, pero apenas me genera inconvenientes, y lo peor que alguna que otra vez me ha ocasionado es pasarme la luz roja del semáforo al manejar un auto (sin ninguna consecuencia desastrosa, en caso se lo pregunten). Jugar fútbol también puede ser complicado cuando las camisetas de ambos equipos son de similar color (amarillo y anaranjado, por ejemplo), o cuando una es verde y la otra roja. Sin embargo, lo que sí puede llegar a ser molesto son las bromas de los amigos que conocen mi defecto y preguntan de forma recurrente "¿Qué color es este?" mientras señalan algún objeto. Normalmente me uno a la broma y respondo (no siempre de manera acertada), y otras veces, cuando es evidente de qué color es el objeto, la devuelvo diciendo "Yo seré daltónico, pero tú estás ciego". Todo en buena gana.

En lo que respecta a la fotografía, el único momento en el que realmente sufro un poco es durante el editado, cuando debo conseguir que la tonalidad de las fotos sea adecuada. Por eso las prefiero en blanco y negro. Aunque, la verdad, ningún cliente se ha quejado, así que debo estar haciendo un excelente trabajo. Además, si bien mi daltonismo no es grave, los pequeños errores que sí llegan a producirse pueden ser fácilmente tomados como un estilo personal o como parte del atractivo de la foto.

¿Alguna vez haré algo para corregir este defecto? Probablemente no. Sé que existen lentes con capas especiales que mejoran la visión, pero seguramente sólo los conseguiría para usarlos durante el editado de fotos. Siendo totalmente honesto, no considero que ser daltónico sea un problema, más allá de los inconvenientes ya mencionados. En todo caso, pienso que es una característica que, literal y figuradamente, propicia una visión distinta del mundo. Y, por si eso fuese poco, es un genial tema de conversación.

jueves, 8 de agosto de 2013

La tuerca más dulce

Fuente: http://1.bp.blogspot.com/-4tLoysCkJY8/Ta8OqoUomPI/AAAAAAAAACM/1qzxcvYz5bI/s320/MECANO+MANJAR+2+.GIF

Death by chocolate is a myth
This I know because I lived

--Death by chocolate, de Sia


Hace unos días recordé que cuando tenía cinco o seis años le compraba chocolates a una señora que vendía golosinas frente a mi antigua casa. En ese entonces el chocolate que más me gustaba y que más compraba era Mecano, debido a su relleno de manjar blanco, y estaba convencido de que no era posible encontrarlo en ninguna otra parte del mundo a excepción del puesto de aquella señora. Por esa razón lloraba desconsoladamente cuando salía a buscar uno y la señora no estaba.

Recordé esa época debido a lo común que ahora considero al Mecano, tanto por su sabor como por la facilidad de obtenerlo en casi cualquier bodega, grifo o vendedor ambulante. Lo más lejos que llegué por uno, muchísimos años atrás (habré tenido siete años, quizás), fue caminar por mi cuenta tres cuadras en busca de la ya mencionada señora. Tal era mi pasión por ese chocolate, arriesgarme a tantos peligros sólo por conseguir uno sin siquiera saber si lo hallaría o no. Felizmente me topé con la señora, quien terminó regalándome el Mecano al no tener dinero para comprárselo, y me acompañó de vuelta a mi casa. Me gustaría decir que toda experiencia por la que he pasado y que ha involucrado un chocolate ha resultado ser así de satisfactoria. Sé que jamás he tenido una determinación tan grande por ningún otro chocolate, ni siquiera por mi actual favorito, Snickers. 

Producto de aquellas remembranzas, ayer decidí comprar un Mecano. No es el mejor chocolate que he comido en mi vida, por lejos, pero carga consigo un significado muy profundo. El sabor ha cambiado un poco, al menos no es como lo recuerdo, pero ese dulcecito del manjar blanco me transporta de vuelta a mi niñez, a épocas "más fáciles", a momentos muy gratos y a experiencias que, espero, no olvide nunca. Y si comienzo a hacerlo, será la excusa perfecta para comprar otro.

lunes, 8 de julio de 2013

Pasión orientada

Fuente: Archivo personal

Empty yout mind
Sit back and hold on tight

--Set your controls, de Star One


Como trabajo final de mi curso Terapias por el arte se nos indicó que debíamos presentar un "objeto estético", un producto artístico que representase algún descubrimiento que hubiésemos tenido sobre nosotros mismos a lo largo de las clases. En mi caso fueron dos.


Como explicaba al mostrar mi dibujo al profesor (la imagen del post), el primer descubrimiento es evidente: El arte es mi pasión. Si bien no es exactamente algo que recién noté, el curso me permitió aceptar que es una parte intrínseca de mí mismo, que su puesta en práctica tendría que verse expresada en muchos, si no todos, los aspectos de mi vida, y que ello no debería asustarme, sino todo lo contrario. Lo segundo que descubrí, no del todo positivo, aunque sin llegar a ser negativo, es que valoro demasiado el control y la organización. Seguir un esquema, mantener una estructura o tener un plan previo son algunas de las maneras que utilizo para sentirme cómodo, lo cual es muy bueno en tanto me permite desenvolverme con la confianza y seguridad necesarias. Sin embargo, es tanta la importancia que le otorgo al control que pierdo de vista características igual de valiosas como son la improvisación o la espontaneidad, lo cual me quita flexibilidad, me conduce a expresarme y comportarme de formas más rígidas, más calculadas y, en ocasiones, menos auténticas.


Reflexionando en clase sobre esto último, el profesor me dijo una frase que me pareció muy interesante, un tanto por el humor que suscita y otro tanto por lo identificado que me sentí: "Más miedo te da bailar, soltarte, que pararte de manos mientras montas bicicleta en la Javier Prado". Al principio reí luego de escucharla, pero al poco tiempo la sopesé con mayor seriedad. Si de riesgos se trata, prefiero ser atropellado a ser visto como mal bailarín, lo cual, tras pensarlo, es un poco absurdo. Si bien la analogía la hizo con respecto al baile, una expresión en la que me siento muy en desventaja, sé que quiso referirse a la vida en general. O al menos así lo entendí yo después. El control puede ser bueno, pero hay límites.

Y así di por concluido mi curso favorito de este ciclo. Con algo por pensar y trabajar de aquí en adelante, y con un dibujo del que me siento especialmente orgulloso.

lunes, 10 de junio de 2013

Creatividad conjunta

Fuente: Archivo personal

Darkness must soon become
One with the sun

--One with the sun, de 3


En una de mis últimas clases del curso Terapias por el arte hicimos el ejercicio que más me ha gustado hasta el momento, y que además demuestra cómo el trabajo artístico en conjunto tiene un potencial enorme.

Las mesas del salón se ordenaron de manera cuadrangular, de tal forma que quedara un espacio al centro para colocar las pinturas, pinceles, esponjas y demás utensilios, y para situarnos también nosotros. Luego se pegaron cartulinas en blanco sobre las carpetas. El ejercicio se vio iniciado tras la indicación de que cada uno debía empezar a realizar un dibujo libre sobre una de las cartulinas, en silencio y utilizando cualquiera de los materiales disponibles.

Yo no tenía idea de qué dibujar, así que tras pensarlo un poco, comencé a pintar una espiral negra. Mientras lo hacía intentaba pensar con qué continuaría, y una vez que pude decidirme y poco después de terminar la espiral, el profesor indicó que todos dejáramos nuestra cartulina y nos moviésemos una posición a la derecha para, así, pasar a pintar sobre la de otra persona. El cambio nos tomó por sorpresa, y otra vez tuve que decidir qué pintaría a continuación. Felizmente, el dibujo que me tocó daba pistas sobre lo que podía agregar, así que la transición no me chocó demasiado. Al rato, el profesor repitió la indicación de movernos un espacio y la tarea de elegir qué pintar llegó nuevamente. Con cada cambio sentía que era más difícil añadir figuras o colores, pues ya otros antes que yo habían estado dándole sus toques personales, pero esto sólo me llevó a improvisar. Hice a un lado mi pincel, embarré mis dedos y manos con pintura y me dejé llevar.

Los cambios de cartulina sucedieron varias veces más, hasta que cada uno estuvo de nuevo frente a la inicial. Cuando llegué a la mía me llevé una muy grata sorpresa. Lo que había iniciado como una espiral sin sentido aparente ahora era un sol en medio de un mar de colores y figuras plasmados por una decena de personas sin un plan previo. En algunas partes pudo entreverse los cambios de técnica, muy probablemente acordes con los cambios de personas, pero visto como un todo la pintura era una obra maestra. Se nos permitió hacer los añadidos o alteraciones que quisiésemos, pero yo estaba muy contento con el producto final, y no quería seguir transformándola, así que sólo hice un mínimo de agregados. La imagen de este post es como quedó.

Esta actividad me pareció genial principalmente por poner en evidencia cómo personas diferentes, con personalidades, gustos, habilidades y hasta experiencias distintas pueden crear cosas extraordinarias sin ponerse de acuerdo entre ellas. Y no lo digo únicamente por mi pintura, el resto eran igual de buenas, obras que fácilmente podría haber encontrado en galerías de arte. Si bien la mayoría eran abstractas, unas cuantas eran especialmente sorprendentes por mostrar escenas bastante concretas, paisajes o figuras compuestas por partes hechas por manos distintas, cada uno trabajando por su cuenta y a la vez creando algo en conjunto. Otra vez el increíble poder de la expresión artística en acción.

martes, 21 de mayo de 2013

Oda a lo trivial

http://fc03.deviantart.net/fs70/i/2012/170/2/a/elephant_in_the_room_by_catherinejao-d540t4d.jpg

At almost any time there's too much on my mind
So much it makes it hard to think

--Maybe, de The Jelly Jam


Qué difícil se vuelve la tarea de hablar de aquello que uno dice no importarle si el solo pensarlo pone en evidencia su verdadera importancia. Pretender ignorarlo equivale a un esfuerzo por sacarlo de la mente, y he ahí el fallo irremediable, el inmediato señalamiento del elefante en la habitación. Se dice que lo mejor es olvidar, pero tal consejo no es aplicable a los desafortunados que gozan de buena memoria ni a los más olvidadizos; esto últimos olvidan olvidar. No es dolor ni es tristeza, es un absoluto cansancio, es la frustración hecha indiferencia hecha fatiga, y es ahí donde se ve asentada y acentuada la dificultad inicial. Entonces, ¿con qué puede quedarse uno? Cuando señalar una verdad que se comprueba contraria, intentar ignorar lo que se piensa, recordar lo olvidado y olvidar olvidar se presentan como únicas alternativas, ¿de qué otro modo puede sentirse uno si no es agotado? ¿Existe alguna manera efectiva de no dar importancia a lo no importante? Si la hay, escribir al respecto no puede ser una de ellas. Me rindo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Contenidos inconscientes

Fuente: http://fc00.deviantart.net/fs41/f/2009/017/b/4/b44381f51bcad73d8fb09531850927df.png

Out of the void it comes
It comes from my mind

--Open mind, de Blackfield


Luego de rendir una evaluación para el curso de Terapias por el Arte (mi favorito este ciclo), comencé a reflexionar un poco sobre los conceptos estudiados y cómo estos se aplican en mi vida. Uno de estos conceptos aducía al hecho de hacer consciente un símbolo a través de la expresión artística; es decir, probar distintas "artes" con el fin de desentrañar contenidos internos en los que ni uno mismo había reparado y que irían apareciendo en los productos artísticos. Con ello llegué a un interesante pensamiento. 

Hace unos años contemplé el nacimiento de una de las analogías más tristes que conozco, producto de mi experiencia laboral en el extranjero. Atendía un pequeño puesto de comida rápida en una parada de carretera en un país que le sobra esas cosas, por lo que me sentía bastante insignificante. Día tras día veía diferentes personas pasar frente a mi puesto, comprar algunos productos y luego retomar su camino tras intercambiar algunas pocas palabras intrascendentes, y de inmediato lo asocié a la vida en general, a cómo vamos por ella relacionándonos con otros en la medida que cada uno elige, y cómo así vamos generando (o no) vínculos. Considerando mi deprimente estado emocional de ese entonces, me sentí muy insatisfecho y hasta frustrado al verme estancado en un mismo lugar mientras el resto de personas seguía hacia adelante, pero lo que más caló en mí fue percibirme como poco valioso, como alguien que no sería recordado, alguien cuya influencia sería mínima, si es que no nula.

Mientras reflexionaba sobre lo visto en mi curso recordé esta triste analogía, el ejemplo más "visual" que puedo describir que, curiosamente, aparece en muchos de mis trabajos fotográficos. El símbolo que discreta y casualmente he ido plasmando en mis fotos es la de imágenes reivindicadoras, pues si bien he sido consciente de que mis fotos favoritas son las que muestran detalles que normalmente son pasados por alto o tomados por sentado, no imaginaba que de cierta manera estaba expresando mis preocupaciones y deseos a través de ellas. El símbolo que rodea a mis fotos es el de la valía, el de la importancia; y, quizás dramatizando un poco el asunto, de él se desprende una preocupación por la insignificancia y el deseo de sobresalir. Creo que es un tema que nos afecta a muchos (si es que no a todos), y al parecer, en mi caso, es algo a lo que debo prestar más atención y en lo que debo trabajar.

Es cierto que se trata de un conocimiento personal que ya poseía y que había adquirido mucho antes de llevar aquel curso, pero no deja de impresionarme cómo a través de mis fotos ha ido apareciendo y adhiriéndose hasta el punto de poder llamarlo parte de mi estilo. Son como los fantasmas interiores que alguna vez mencioné, haciéndose ver y hablando con el afuera como mejor saben.

lunes, 25 de marzo de 2013

La vida me quiere vivo

Fuente: http://fc01.deviantart.net/fs13/f/2007/061/e/a/Bike_by_Chibi_Cloud.jpg

Hold on, slow down
Again from the top now

--Ready to fall, de Rise Against


Ayer estuve realmente cerca de romperme más de un hueso y, quizás, hasta de perder la vida. Tuve el peor accidente de mi vida como ciclista y, extraño como pueda sonar, no me pasó nada.

Realizaba por tercera vez un viaje a Cieneguilla con dos compañeros, y sabía perfectamente lo que me esperaba una vez que llegara a la parte más alta de toda la ruta. Los cinco kilómetros que siguen luego de ese punto son la parte más divertida de todo el trayecto, pero también la más peligrosa: una bajada empinada llena de curvas inicialmente bordeadas por paredes rocosas y luego por terreno abierto, con carros y camiones en constante circulación que amenazan con chocar a los desprevenidos. Se puede llegar a una velocidad bastante alta, lo cual me encanta, pero ello justamente fue una de las causas de mi accidente.

Ya antes de llegar a la cima notamos que uno de los rayos de mi rueda trasera se había roto, lo cual me preocupaba menos de lo que hubiera debido. Asumí que un solo rayo no me causaría problemas. Grave error. Al momento de bajar, ya con una buena velocidad, no pasó ni un minuto antes de escuchar un fuerte "¡crack!". Inmediatamente después vi cómo mis frenos traseros se quebraban y la llanta dejaba de rodar, atorada entre los pedazos de freno y la parte del marco que conecta con aquélla. En lugar de usar los frenos delanteros para detenerme, por miedo a salir disparado hacia adelante, entré a la berma derecha esperando que la tierra y las piedras me ayudasen a bajar la velocidad. Pero no funcionó. Iba demasiado rápido y las paredes rocosas hacían muy estrecho el camino, además de que había piedras muy grandes y agujeros en el suelo que tuve que saltar con desesperación. Volví a entrar a la pista tambaleándome y a los pocos segundos pude regresar a la berma y lanzarme de la bicicleta como última y definitiva medida. Eso sí funcionó.

Me asombró descubrir que ahora eran cuatro los rayos rotos y tres bastante sueltos, además de que el freno estaba doblado y roto. Pero lo que más me sorprendió fue estar vivo e ileso, sin una sola magulladura o golpe, sólo cubierto de tierra y con el corazón en la boca. Tuve mucho miedo, más que en cualquier otra situación de este tipo, pero me alegra haber reaccionado como lo hice, haber mantenido cierto control a pesar de todo. No hace falta decir que el paseo, al menos para mí, acabó en ese momento. Mis compañeros continuaron sin mí, lo que me hizo sentir un poco mal, puesto que me hubiese gustado ir con ellos, pero no había razón para que se perdieran el resto de la diversión si yo estaba bien.

En el taxi de regreso a mi casa comencé a pensar y repensar en lo sucedido. Muchas veces he escuchado decir a otras personas que han estado en accidentes o situaciones extremas que las cosas sucedieron muy rápido, con lo cual me identifico totalmente. Pero también he escuchado decir que fue suerte o una intervención divina lo que previno mayores daños, y ahí sí difiero. En ese momento era yo quien manejaba, quien mantenía el equilibrio, quien esquivaba los obstáculos y quien en medio de un enorme miedo hacía todo lo posible por conservar la calma y mantenerme a salvo; nadie más. Evidentemente las circunstancias también jugaron a mi favor, no había demasiados carros, era una zona por la que podía intentar detenerme y no iba solo, pero al final del día pienso que muchas de las situaciones que logramos enfrentar dependen en gran medida de nosotros mismos y de nuestra capacidad para evaluar los posibles resultados de nuestras acciones.

Y así tuve mi primer gran y peligroso accidente bicicletero, en el cual mi bicicleta sufrió muchísimo más daño que yo, el único de todos mis accidentes en el que no he salido herido. Ahora solo queda recomponer la llanta y pronto lanzarme a la aventura nuevamente.

domingo, 24 de marzo de 2013

Un error menos

Fuente: http://th08.deviantart.net/fs30/PRE/i/2008/066/8/d/Trust_by_artiswolf.jpg

At the end of the day
There's no more bridges to burn

--Trial and error, de Nightingale


Últimamente me he visto conversando con algunas personas sobre la confianza. En un principio era solo por el placer de conocer opiniones distintas a la mía y obtener nuevas ideas a partir de aquéllas, pero luego sucedió algo de lo que no me siento particularmente orgulloso y el asunto se volvió demasiado personal.

Un punto en común que rescaté de todas las conversaciones es que es muy fácil que otros nos pierdan la confianza, y recobrarla es difícil dependiendo de lo que ocasionó dicha pérdida. No es complicado entender por qué. Y, personalmente, lo he aprendido de las peores maneras. Por un tiempo perdí la confianza de mi propio padre por culpa de acciones que, incuso hasta el día de hoy, apenas puedo perdonarme yo mismo. Aunque si tuviese que hablar de magnitudes, diría que lo más valioso que alguna vez perdí por culpa de la desconfianza fue una gran amistad. Ya he escrito sobre esto antes, así que no ahondaré en el tema. Pero sí me gustaría mencionar que esta experiencia ha sido muy importante para mí, tanto así que influye en demasía en mi vida.

Trato de guiarme a partir de ella, pero no siempre lo consigo. Así como es fácil que otros nos pierdan la confianza, lo es igualmente decepcionarlos. Por cualquier razón posible, no podremos satisfacer a todos nuestros seres queridos todo el tiempo. Digo esto porque me veo en una situación similar a la que mencioné antes, pero esta vez con suficiente conocimiento como para no tomar las mismas (ni nuevas) decisiones equivocadas e incurrir en un error que me prometí no volver a cometer. Dado que se trata de circunstancias y personas diferentes, no existen respuestas exactas para resolver la situación, pero sí un único camino posible por tomar: recobrar la confianza perdida. Definitivamente la solución más difícil, que requiere esfuerzo y paciencia (actitudes que últimamente me han hecho mucha falta), pero aquella amistad lo vale. Un "lo siento" es necesario, pero no siempre suficiente.

jueves, 14 de febrero de 2013

Fuerza y consecuencia

Fuente: http://fc01.deviantart.net/fs71/i/2012/055/5/9/true_words_by_greybeardlegend-d4qs4pt.png

The words come back to me
And speak to me
As fragile as a whisper on the wind

--Con todas las palabras, de Subsignal


K: Es cierto que al momento de reinventarnos conservamos mucho de lo que inicialmente fuimos, ¿pero sería posible que algunas partes se extravíen durante la transformación?
L: ¿A qué te refieres?
K: Pensaba que tal vez, mientras nos encontramos en pleno proceso de cambio, mientras nos encaminamos a convertirnos en algo mejor o más grande de lo que ya somos, dejamos de lado ciertas ideas, sensaciones y actitudes.
L: Pues claro, sino ¿qué cambio habría?
K: No me refiero a lo que voluntariamente cedemos, sino a las partes intrínsecamente nuestras que por la necesidad de cambio extraviamos.
L: ¿Cómo qué?
K: Lo explicaré desde mi propia experiencia.
L: Dale.
K: Años atrás me dije a mí mismo que jamás renunciaría a mi pasión por las palabras, fuese prosa o lírica, que aquéllas serían mis principales instrumentos de expresión, y a través de ellas sellé el juramento.
L: Lo recuerdo.
K: Y si bien la pasión nunca murió, otras comenzaron a nacer y a tomar más de mi atención y de mi tiempo. Y así perdí gran parte de la sensibilidad que acompañaba mis ratos de lectura y escritura.
L: Te volviste indiferente...
K: No, lo que sentía no llegaba a ser indiferencia, porque cada vez que me aproximaba a las palabras lograba tener una vaga sensación de...de...
L: ¿De qué?
K: No encuentro la palabra, no sé cómo describir ese sentir sin dejar de decir tantas otras cosas, tantas otras sensaciones que van unidas a él. Y ese, exactamente, es mi punto. Al reinventarme, al encontrar nuevas maneras de expresión, creo haber perdido buena parte de la capacidad de hacerlo por medio de las palabras.
L: Tal vez tengas razón, tal vez es cierto que al cambiar también dejamos de lado otras partes de nosotros mismos que no queremos perder. Pero en este caso, tu caso, creo que te equivocas. Escúchate y léete y verás que tengo razón.
K: Todo lo que escribo son palabras vacías, y eso no es suficiente para mí. Detrás de cada frase debe ir una vivencia, una sensación que la fortalezca, ya sea para el lector o para el escritor. Si ninguno puede engancharse con lo lee o lo que escribe, respectivamente, entonces el contenido ha fallado en expresar lo que debería, y lo que queda son solo oraciones despojadas de significados. Lo que importa, lo que finalmente debe prevalecer, no es la palabra por sí sola, sino también la emoción que le da vida y la que se genera a partir de aquélla.
L: Puede que sea como dices, pero también es cierto que lo que alguna vez se extravió puede volver a encontrarse.
K: Precisamente por eso escribo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ser en la comunicación

Fuente: http://fc06.deviantart.net/fs39/f/2008/329/0/c/Conversation_by_Mimy0318.jpg

People are strange
When you're a stranger

--People are strange, de The Doors


A lo largo del día uno puede haber entablado muchas conversaciones, no necesariamente aburridas ni con personas poco importantes, pero en algunas de aquellas puede sentirse que algo falta, que si bien existe una buena comunicación no siempre se da con espontaneidad, que las palabras no llegan con suficiente naturalidad. Es casi como una conversación forzada, un intercambio verbal (o escrito) entre dos o más personas que no brinda mayor placer. Pero también hay conversaciones del tipo opuesto, en las que es muy fácil hablar y relacionarse, conversaciones donde las palabras salen por sí solas, todo fluye con facilidad, no es necesario pensar demasiado en qué se dirá a continuación y el tiempo pasa volando sin que uno se dé cuenta. Por todo ello, creo que encontrar a una persona con quien se pueda hablar de esta manera es haber encontrado a alguien con quien podremos ser nosotros mismos. Y esa clase de vínculo es incomparable.

martes, 5 de febrero de 2013

Redescubrimientos

Fuente: http://fc07.deviantart.net/images/i/2003/47/8/2/Music.jpg

You can reinvent your world
Anytime you like

--To be alive again, de Journey


Unos años atrás, mientras escuchaba música en la casa de una vieja amiga, noté que su lista de canciones rebasaba las cuatro mil, lo cual me impresionó muchísimo. Por ello, a partir de ese día, comencé a conseguir tantas canciones como me fue posible, siempre y cuando pertenecieran a artistas que disfrutara escuchar y no simplemente música al azar. Hoy mi lista cuenta con más de ocho mil canciones, pero lo mejor de todo no es haber superado a mi amiga, sino toparme ocasionalmente con alguna canción que no he oído en mucho tiempo y volver a disfrutarla como si la estuviese escuchando por primera vez. En especial alguna de las que aquella compartió conmigo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Yo soy... (cuarta parte)

Fuente: Archivo personal

You can always look at the negative
But you should always live in the positive
So I try every day to live that way

--Positivity, de Stevie Wonder


Hoy quise darle un vistazo a aquello por lo que me rijo, por una de las más fuertes ideas que me conforman, por esa filosofía de vida por la que tanto abogo y que trato de aplicar tan frecuentemente como me es posible. Esta mirada surgió a partir de una vivencia reciente que me hizo dudar de mí mismo y que me llevó a pensar por qué me percibo y me muestro como una persona positiva, teniendo en cuenta que a veces puedo actuar o sentirme de forma contraria.

Como ya lo he escrito antes, unos años atrás me encontraba lejos de ser optimista, inundado por pensamientos nocivos y destructivos, lleno de rencor hacia los demás, muchas veces sin que existiera una verdadera causa para ello. Mis experiencias pasadas me llevaban a tener una noción en extremo negativa de la gente, a desconfiar de ella, a pensar que siempre podía haber una intención oculta en sus acciones que terminaría por ocasionarme daño. Así perdí más de una amistad. Sin embargo, de la mano con todo este enojo, iba un deseo enorme de ser feliz. Sé que suena cursi y hasta idealista de sobremanera, pero era algo a lo que me aferraba fuertemente y sobre lo que discutía con frecuencia con el psicólogo con quien conversaba.

Con el pasar del tiempo todas estas ideas fueron desapareciendo. Todo el resentimiento que guardaba en mi interior fue transformándose. Mi visión del mundo se tornó mucho más positiva. ¿Qué ocasionó este cambio? No sucedió de la noche a la mañana, sino que fue consecuencia de decisiones erradas y vivencias muy intensas a lo largo de todo un año. Lo que viví, y principalmente lo que sentí, me hizo mirarme de verdad y reflexionar sobre lo que estaba haciendo con mi vida, con pensamientos, palabras y actos tan destructivos que de a pocos me iban convirtiendo en una persona enemistada con todo y todos, y en especial conmigo mismo. A partir de una situación en particular, la más difícil por la que alguna vez he pasado (y eso es decir poco), descubrí que nada sería igual de complicado, que desde ese punto en adelante sería capaz de todo.

Y así nació mi optimismo. O, quizás más acertado sería decir que así pude sacarlo del lugar en donde lo guardaba. Pero si bien los últimos años he vuelto a tener fe en las personas y en mí mismo, a veces me cuesta mucho mantenerme fiel a mis ideales. En ocasiones saco a relucir esos viejos pensamientos y actos negativos, y son mis seres queridos, familiares y amigos, quienes resultan más dañados, como recientemente ha sucedido. Este suceso me hizo dudar de mi actitud positiva, me hizo creer que tal vez la manera optimista con que he elegido ver el mundo es solo una máscara que un día me puse para esconder quien verdaderamente soy. Tal vez mis ideas son forzadas, creadas como una excusa o perdón, como un arma para protegerme de la realidad. Tal vez el deseo de ser feliz me empujó a engañarme y hacerme creer que al fin había conseguido serlo.

Pero todas ellas solo eran ideas producidas por la inseguridad, el tipo de cosas que a veces saturan mi cabeza y nublan mi juicio cuando paso por momentos de dificultad. Si alguna vez me puse una máscara, hace mucho que me deshice de ella; la realidad puede ser dura, y a veces se contradice con mi forma de ver el mundo, momentos en los que puedo flaquear, pero al final del día me mantengo firme, y mis ideales también. Y sé con seguridad que no soy feliz, pero sí me encuentro satisfecho, agradecido y orgulloso de haber hecho el esfuerzo de cambiar, de elegir el camino que me acerca a la felicidad en lugar de alejarme de ella. Soy una persona optimista y realista a la vez, soy quien siempre ve lo bueno en medio de lo malo incluso cuando es difícil notarlo, quien tiene esperanzas a pesar de todo. Y eso no solo es un hecho, es una promesa que me hago a diario.

lunes, 28 de enero de 2013

El último es el paso más importante

Fuente: Archivo personal

Have you lived a lifetime today
Or do you feel like you just got carried away?

--The stars look down, de Rush


I: Por años he estado listo para todo, listo para enfrentar lo que sea que hiciese falta encarar. Pero a pesar de mi disposición, nada pasa; nada nunca pasa.
J: ...
I: Las han habido veces en que he esperado sentado, y veces también en las que me he resuelto a actuar. Así que no puede decirse que no he intentando ni mucho menos que no he aguardado pacientemente.
J: ...
I: Pero son todos intentos fallidos y todas esperas en vano. Uno puede estar listo el resto de su vida, puede prepararse con antelación para cualquier circunstancia; puede planear los cursos de acción y puede prever las consecuencias de cada acto, pero nada de eso sirve si nunca pasa nada.
J: ...
I: Estar listo funciona, pero se torna aburrido cuando el mundo es reducido a lo predecible, cuando se logra lo propuesto pero no se consigue lo anhelado. La sorpresa se esfuma por completo.
J:
I: Por eso lo dejo todo y elijo dedicarme a un solo momento, a saber que existes, que me escuchas y que después de tantas palabras echadas al aire alguna llegue a ti y me reconozcas; que sepas quién soy, de dónde vengo y cuántos pasos más habré de dar hasta que nuestros caminos se crucen. Porque no importa si he de buscar toda la vida mientras sepa que algún día te encontraré. Y para eso y nada más verdaderamente necesito estar listo. Para sorprenderme. 
J: ...
I: ...

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