domingo, 31 de mayo de 2009

B de "bien hecho, baboso"



Aprendiste a subir
Subir y subir sin miedo a caer
Y no a descender
Ahora sientes el vértigo

--Semilla de rencor, de Avalanch


Ha comenzado a hacer frío, pero de vez en cuando el ocasional destello de luz solar se filtra por entre el felpudo gris ubicado sobre nuestras cabezas. A veces es reconfortante saber que más allá de la bruma siempre hay un alma caliente, que no importa cuánto se camine sin mirar atrás, el calor estará ahí, rozando nuestras espaldas. Una vez escuché las mismas palabras reducidas a una singular frase, burda pero cierta: el plan B, el trampolín que espera fuera del edificio en llamas.


Trampolín.

Y entre salto y salto voy llegando más lejos, pero no haciéndome más alto. A veces pienso que es mejor así. Pero a veces también pienso en romper cosas.

Únicos


This is the end of all reason, the inner mirror reveals
There's more beyond what you're sure of, the fantasy of dreams
It's always there, the only emotion we all seem to keep down
There, while exploring dimensions
There is more, only everything

--Only everything, de After Forever



Alguna vez escuché que todo hombre tiene un precio, que todos, irremediablemente y sin excepción, caen ante algo. Ahora dudo si eso es realmente cierto, pero queda la incógnita, y queda el hecho de que existen miles de tentaciones, miles de debilidades. Y el ser humano, con seguridad, es una criatura que ha ido perfeccionándose a lo largo de los años, no sin cometer errores.


¿Hasta qué punto puede uno asirse a sus principios e ideales para evitar ser presa de las tentaciones? ¿Puede un patriota ser suficientemente patriótico como para no vender a su nación ante la mención de una gran pago a cambio, o puede un hombre ser suficiemente fiel a su pareja como para no irse con una mujer que lo haga sentir mejor, o puede un deportista atenerse estríctamente a su dieta y no comer su postre favorito una última vez? No creo tener la respuesta, puesto que no hay forma de clasificar de manera tan absoluta a la humanidad, pero sí pienso que sí hay quienes caen, y ello es suficiente, no se necesita ver caer al resto para entender que no somos perfectos.

Tal vez no todos tengan un precio, tal vez quienes lo tengan no serán comprados con la misma moneda ni con igual cantidad de ellas, pero todo eso al final no tiene importancia. En realidad es lo mismo si algunos se atienen a su creencias y otros las pisan por algo mejor, todo es evidencia de que la humanidad es variada, de que nadie es igual a nadie en ningún sentido posible; similares, tal vez, pero nunca iguales. Y he ahí lo asombroso, que a pesar de ser billones de personas en el planeta, y billones más que alguna vez estuvieron aquí, no nos repetimos, somos únicos.

jueves, 28 de mayo de 2009

dIROLE cumple

Han pasado 365 días desde que di inicio a este blog y, como me prometí a mí mismo hacerlo, al menos un post por cada uno de ellos ha sido escrito. Creo haber expresado un poco de todo, curiosidades, anécdotas, reflexiones, datos sueltos, miedos, aprendizajes, divagaciones, palabras aparentemente sin sentido, confesiones. En resumidas cuentas, experiencias de todo tipo posible.

Como he repetido varias veces, seguiré escribiendo aquí, solo que no tan seguido como el año que acaba de pasar. Dicen que todo fin implica el comienzo de algo nuevo, y es así como me gusta ver el destino de este blog, una historia con su primer capítulo experiencial terminado y el siguiente esperando ser escrito, nuevas páginas por ser llenadas. Con cambios necesarios, pero en esencia lo mismo.

Aprovecho para agradecer a todos mi lectores, que son pocos pero, justamente por ello, especialmente valiosos. Con algo de suerte tendré muchas cosas más por contar, ya sea para divertirlos, ayudarlos, hacerles pasar el rato o simplemente para dejarlos preguntándose qué diablos estoy escribiendo. No prometo la misma cantidad de posts este año, pero sí aseguro un igual, si no mejor, contenido.

Con todo ello dicho, doy inicio al nuevo capítulo. Y a nuevas experiencias.

dIROLE

miércoles, 27 de mayo de 2009

En los albores del pensamiento... (segunda parte)



They sailed away
Into
Another sea
A mystery
To us all
Beware the waves
You sail upon
In ships so strong
It is our belief
This story's true

--Ghostship, de Shadow Gallery


La tormenta ha cesado, nos inducen a creer, y aunque existan indicios que nos lleven a pensar de tal manera, la experiencia nos ha enseñado que no todo lo que se nos ofrece a la vista o a la razón es absolutamente verdadero. Solo queda nuestro excepticismo como aliado y potencial traidor a la vez, pues de nada sirve aceptar la verdad que se nos ofrece, de nada sirve tomar lo que se nos da en bandeja y contentarnos con ello. Si realmente se quiere lo real, lo cierto, pues vayamos a buscarlo en lugar de recibirlo de otros. Nuevas aventuras yacen al final del horizonte, y con tormenta o sin ella aguardan nuestra llegada, y ya no puedo esperar por romper mis huesos haciendo lo que vine a este mundo a hacer.


Hoy y todo este año aprendí que el cambio es irremediable, que Heráclito decía la verdad cuando argumentaba que nunca nos bañamos en el mismo río, que nada es para siempre. El cambio es irremediable, pero no necesariamente arbitrario ni elige a su parecer, sino ante el nuestro.

Como alguna vez escuché de boca de un desconocido que aún recuerdo pero cuyo rostro se haya perdido por el tiempo, "Todos estamos aquí para devorarnos entre nosotros". No supe dar mejor respuesta que una sonrisa. No porque fuese gracioso, sino porque me siento identificado. Si ha de ser así, que estupendas noticias para lo buenos, que siempre terminan últimos.

Tal vez me equivoco, pero eso dejó de tener importancia años atrás.

martes, 26 de mayo de 2009

El futuro ya (casi) está aquí



I'll never smell the ocean breeze
I'll never climb the highest trees
I'll never feel the burning sun
I'll never meet my chosen one... in my house

--My house on Mars, de Ayreon


Me he estado topando regularme con un concepto que creía entender pero que, luego de averiguar su significado, he comprendido que no sabía nada sobre él. Primero lo vi en un cómic, por lo que imaginé que podía ser pura ficción y creación del artista, pero luego apareció en la película The Arrival de David Twohy que vi recientemente y fue así como comencé a cruzarme con él un tanto más seguido. El concepto es 'terraformación'.


He estado averiguando un poco sobre esto, sobre lo que formalmente llaman 'ingeniería planetaria' y que busca alterar un cuerpo celeste, como Marte o la Luna, para volverlo habitable por el hombre. No se trata solo de crear edificaciones, domos o cosas como esas, sino de cambiar el ecosistema por completo, algo muy similar a lo que la humanidad ya lleva haciendo en este planeta por varios cientos de años pero con la diferencia de que sería un cambio más rápido (aunque igual tomaría muchísimos años). Lo interesante es que esto lleva a preguntas tales como "¿a quién le tocará qué parte del planeta?" o "¿es moralmente correcto transformar planetas?" Lo primero se resuelve con el Tratado del espacio exterior, pero lo segundo aún mantiene diversas posturas. Es asombroso que la mayoría de personas sigamos con nuestras vidas regulares aquí en el planeta Tierra mientras otros discuten el precio y las maneras de colonizar otros astros. Los envidio.

lunes, 25 de mayo de 2009

Géminis en cada uno




I stand in the distance
I view from a far
Should I offer some assistance
Should it matter who you are?

--Confide in me, de Angtoria


Muchas veces en mi vida me he topado con una característica particular en varios de mis amigos, y admito haberla hallado en mí también, y aunque nunca he hecho una reflexión exhaustiva con respecto a ella, sí tengo mi pequeña explicación, y hasta tal vez un remedio (para aquellos de nosotros que podríamos considerarla negativa hasta cierto punto).


Desde que era un pequeñuelo de no más de nueve años notaba en mis compañeros que su forma de actuar cambiaba mucho dependiendo de las situaciones, como ahora sé que es completamente normal. Pero había algo que siempre me llamaba la atención y hasta me molestaba mucho, y eso era la diferencia en su desenvolvimiento entre los momentos en los que nos encontrábamos solos y los que estábamos con más personas. Podían ser muy amigables, confiables y tranquilos estando solos conmigo, pero cuando llegaba un tercero o más gente se transformaban en estos mocosos desinteresados que buscaban verse bien ante los ojos de los demás, a veces a costa de mí.

Con el pasar de los años fui notando que esta actitud no cambiaba en ellos, e incluso hoy conozco gente que mantiene este viejo hábito, ya no solo amigos de mi edad sino también amigos de mis familiares. Me puse a pensar si esto era propio solo de ellos o de todo ser humano, y fue así como descubrí que yo también podía actuar de esa manera de vez en cuando. Una vez que encontré este aspecto negativo en mí, me decidí a cambiar, a no dejarme llevar por lo que otros pudiesen pensar de mi forma de ser, a no inferiorizar a otros con bromas solo para sentirme o verme mejor, a no actuar de manera confiable con una persona para luego contar sus secretos a diestra y siniestra si ello me propiciase un asiento más alto dentro de lo que podría llamarse notoriedad entre los amigos. Dejé de ser así hace años.

Pero mucha gente sigue igual. En algunos se nota más que en otros, esa búsqueda de probar a los demás que son mejores que el resto, de verse inteligentes, de competir en todo momento. No estoy en contra de la competitividad, pero sí de la compulsiva. Esta actitud que tienen algunos de mis amigos no hace que deje de considerarlos como tales, pero muchas veces ha puesto trabas en nuestras relaciones, por lo que me es imposible decir que no he dejado de hablarme o verme con algunos de ellos por culpa de su actitud, que en todos los casos iba dirigida negativamente hacia mí. Siendo más específico, dando un ejemplo, le confíe a un viejo amigo un secreto bastante personal y descubrí que a los dos días el resto de compañeros del grupo se había enterado de él debido a este dizque amigo confiable.

Noto, también, que este tipo de actitudes de sobresalir suelen verse en aquellos que se sienten menos y que, justamente, desean brillar en el grupo. No creo que sea buena idea asociar el tema con todo lo relacionado al "bullying", pero sí fue este asunto el que me hizo prestarle más atención a lo que digo. Todavía no sé si existe algún tipo de investigación psicológica al respecto, pero anoto este interés en la lista de cosas que iré preguntando a mis profesores una vez que regrese a la universidad, así podré nutrirme con un poco más de conocimientos y de repente ayudarme a entender mejor a estos amigos y aprender a aceptarlos.

domingo, 24 de mayo de 2009

Algún día iré por ti


White lightning and wine came on so fast

When did I last feel this fine?

--White lightning and wine, de Heart


He regresado al viejo hábito de tomar una copa de vino cada vez que escribo. No pienso que sea fuente de inspiración ni alguna pretensión de mi parte, solo me gusta el sabor y combinarlo con una actividad que disfruto y que no demanda demasiada concentración. He regresado justamente porque por mi cumpleaños me regalaron una botella y mi pequeño bar ahora goza con su presencia, la única después de mucho tiempo.


No recuerdo cuándo bebí vino por primera vez al lado de mis ratos de escritura, pero sé que llevo un buen tiempo haciéndolo. Esto me hace pensar en una muy buena época en la que tomé el mejor vino que alguna vez haya probado, hace un poco más de un año, y que compré en un paseo con la universidad a Chilca, específicamente a Salinas. Este lugar al sur del Perú es conocido por las plantaciones de mora, fruta con la que hacen cientos de productos que venden al lado de las famosas lagunas curativas. Allí conseguí la botella que aún conservo (vacía, lamentablemente) y que me recuerda el nombre del vino con la finalidad de poder encontrarlo cuando regrese. Y cuando lo haga, no me saciaré con una, sino que compraré al menos tres. Puro Amor, se llama, el nombre perfecto para la bebida perfecta. He quedado enamorado.

sábado, 23 de mayo de 2009

Tal vez eran fantasmas



Ghosts in the park
Appear just after dark
Killers, children ...
But no-one has a harp
They look like tourists
It makes me want to laugh

--Stranger by the minute, de Porcupine Tree


Ayer me encontraba por Miraflores, frente a una tienda, y una señora con un gran bolso negro se me acercó lentamente y preguntó si mi nombre era Javier. Me pareció curioso que hiciese la pregunta parada a mi lado en lugar de hacerlo frente a frente, y que no me mirara a los ojos sino en la misma dirección hacia donde yo observaba. Le respondí que no a pesar de sentir una extraña curiosidad que me empujaba a decirle que sí con el propósito de averiguar qué se traía entre manos esta misteriosa mujer.

Estuve parado cerca de quince minutos frente a la tienda, y la señora merodeaba por los alrededores, pero no se acercaba a ningún otro chico que pasara cerca o que, como yo, esperara a alguien parado al costado de alguna tienda. Pronto noté la presencia de otra mujer, un poco más joven, con lentes de sol y un fólder de manila pequeño y repleto con papeles bajo el brazo. Ambas se miraban de rato en rato, como si quisiesen aparentar estar cada una por su cuenta a pesar de no ser así, hasta que el celular de una de ellas comenzó a sonar y la otra se acercó rápidamente. Una contestó, habló, y juntas se fueron inmediamente.

La situación me pareció muy sospechosa, pero a veces puedo exagerar las cosas y pensar lo peor, como si hubiesen sido ladronas o sicarias que esperaban a un tal Javier para llevarlo a alguna oscura calle y robarle o amenazarle de muerte. O quizás solo trabajaban para alguna empresa X y esperaban un contacto o empleado de otra organización. Las posibilidades son infinitas, y me hubiese gustado saber qué hacían allí, pero también pienso que es mejor no saberlo y agradecer no llamarme Javier.

viernes, 22 de mayo de 2009

Iluminación



Remember a day before today 
A day when you were young.
Free to play alone with time
Evening never came

--Remember a day, de Pink Floyd


Había olvidado el poder de las palabras, la fuerza con que la espontaneidad de los actos nos permite movernos libremente en el mundo. Por un tiempo olvidé que existen personas especiales, personas que pueden haber estado ahí siempre pero que por mirar a otros lugares dejamos de tomarlas en cuenta, escapan sin que lo quieran a un espacio secundario dentro de nuestros pensamientos. Pero he dejado de olvidar, he podido sonreír nuevamente, he aprendido que sí existen las segundas oportunidades incluso para aquellos que creen haber perdido toda esperanza de obtenerlas. Ahora recuerdo que para llegar a la felicidad hace falta la tristeza.


Gracias P.

jueves, 21 de mayo de 2009

Aquello de lo que están hechos los sueños


Dying swans twisted wings, beauty not needed here

Lost my love, lost my life, in this garden of fear

I have seen many things, in a lifetime alone

Mother love is no more, bring this savage back home

--Brave new world, de Metallica


Ayer me topé con una película que no he visto en años, casi la misma cantidad de tiempo que me distancia del día en que leí el libro en el que está basada. Me refiero a Un mundo feliz (también conocido como Brave new world), de Aldous Huxley.

La diferencia entre película y obra literaria es grande, pero la idea principal se mantiene, un mundo no exactamente futurista pero sí distinto, una sociedad que se llama a sí misma civilización y que está distribuida por clases o castas, que se distingue de otra que denomina salvaje (que en el libro aparece como lo que hoy entendemos por culturas primitivas y en la película como nuestra sociedad actual). Hay cientos de cosas por mencionar y comparar, asuntos que me atraen por romper con lo que hoy se toma como inquebrantable, y temas un poco más rígidos que desapruebo por completo.

No recuerdo cómo se desenvuelve una parte particular de la historia en la novela, pero en la película choca un poco. La primera vez que la vi, años atrás, no debió haberme causado mucha impresión, puesto que no recordaba la escena, y por ello esta segunda oportunidad me ha tomado por sorpresa. El protagonista, Bernard Marx, habla con uno de los salvajes (persona que ha vivido toda su vida en la sociedad "no civilizada") y le explica que se puede querer la comida o deporte favorito, pero no a otra persona, ya que se considera como un acto posesivo y egoísta, que puede resultar poco saludable el dirigir toda la emoción y pensamiento hacia una sola persona. Esto me llamó mucho la atención.

Me hizo pensar que, efectivamente, sin las emociones no podría llamársenos humanos, no tendríamos compás ni metas ni interéses ni deseo alguno. Paradójicamente, estaríamos muertos desde el día en nacemos. Por todo esto, entiendo que los sentimientos son realmente poderosos, más de lo que uno podría pensar, pues son, en última instancia, el motor que nos da vida, aquello que nos dirige y que le da sentido a nuestras vidas, el componente mental que me atrevería a decir sobrepasa en importancia incluso a la razón. Podemos pensar lógicamente, podemos ver causas y consecuencias, podemos resolver ecuaciones matemáticas, entender la escritura y comunicarnos, pero nada de eso tendría valía sin un corazón que nos haga funcionar. Sería, a fin de cuentas, tener el 'cómo' pero no el 'para qué'. Y esto es apenas una de las cosas que salta de la película.

miércoles, 20 de mayo de 2009

¡Demasiado cerca!



Baby baby baby baby baby I fell from the sky
Yesterday you blew my mind oh yeah
Having trouble with my direction
Upside down psychotic reaction

--The love removal machine, de The Cult


Ayer tuve una experiencia bastante desagradable, pero como muchas de estas vivencias, algo siempre se saca de ellas. Honestamente, aún no sé qué podría obtener de esta, pero sigo pensando.


Fui al cine con Takashi y Wongcito a ver Ángeles y Demonios, una muy buena pela según ellos que pudieron verla en su totalidad y, según yo, solo buena. Llegamos un poco tarde a la función, por lo que no solo nos perdimos los tráilers de otras películas (una de las cosas que más me gustan de los cines), sino que también tuvimos que sentarnos en la primera fila, la peor de todas. Creo que esa fila existe más para poder vender más entradas y meter a tantas personas a una función como sea posible, porque no se puede disfrutar nada de la película chorreado en el asiento moviendo el cuello de un lado a otro de la pantalla y con las imágenes a dos metros de distancia (aunque esto varía de cine en cine).

Durante más de la mitad de la función y buena parte del resto de la noche estuve mareado y a punto de vomitar. Los primeros minutos sufrí un poco con los efectos especiales y las volteretas de la cámara, pero pensaba que podría soportarlo. Me equivoqué. Tuve que cerrar las ojos buena parte de la película y poner mi mano sobre la cara para que las luces no siguieran mareándome, así que no pude disfrutarla como hubiese querido. Lo que pude ver me gustó, los efectos que no me aturdieron me asombraron, y la historia fue entretenida a pesar de haber leído el libro antes de verla en la pantalla grande.

La última vez que me pasó esto, lo de marearme en el cine, fue cuando vi (o, en todo caso, intenté ver) Misión Imposible 2. Además de estar sentado cerca de la maldita primera fila comí chocolates, así que mi estómago me traicionó y tuve que correr al baño y vomitar. No volveré a sentarme tan cerca al écran.

Como dije, toda experiencia enseña algo, y aunque en este momento me diga que lo aprendido es que las primeras butacas no sirven o que no debo comer nada chocolatesco antes de entrar al cine o que me mareo fácilmente, sé que debe haber algo más. Seguiré pensando.

martes, 19 de mayo de 2009

De la escritura a la locura; un solo paso



He was found naked and dead
With a smile in his face, a pen
And 1,000 pages of erased text

--The poet and the pendulum, de Nightwish


Todo el tema de cambiar de hábitos al escribir mi novela me hizo adoptar uno que siempre quise tener pero que nunca me decidí por hacerlo, al menos no por mucho tiempo.


Hace muchos años, tantos que no recuerdo cuántos, mientras almorzaba en un restaurante con mis abuelos, una mujer de treinta o quizás menos años de edad tomó asiento en una mesa de afuera, pidió un café y estuvo escribiendo en una pequeña libreta hasta que terminó su bebida y se fue. Mi abuelo, quien me vio mirarla, comentó que tal vez se trataba de una escritora que anotaba sus ideas y que buscaba inspiración en ese lugar. Pudo haber acertado, o quizás se equivocó monumentalmente, pero yo lo tomé como verdadero, vi a la chica como lo que él sugirió que podía ser.

Y eso justamente he intentado hacer durante los años en los que me propuse ser escritor, tener libretas y anotar mis pensamientos. El inconveniente es que estas libretas nunca duraron más de una semana, excepto por mi cuaderno verde de la locura que obtuvo vida propia (de manera figurada) y se convirtió más en un diario/bomba que en una libreta con ideas por plasmar en alguna obra. Hace unos días, con un impulso y motivación por cambiar, decidí utilizar un cuadernillo que mantenía guardado. Lo busqué cerca de una hora por toda la casa, entre cajones, cojines y cajas, pero no di con él sino hasta que me rendí y tomé asiento en mi escritorio. Al lado de la lámpara que ilumina mi laptop, me sonreía picaronamente. Vaya forma de probar que la frase "si quieres encontrar algo deja de buscarlo" es totalmente acertada.

Está dicho, emularé a la mujer del restaurante. Solo espero durar más de una semana.

lunes, 18 de mayo de 2009

Llamémoslo ires y venires



I always thought I'd rather
Be considered lucky than good

--Lucky, de SR-71


Nunca me consideré como alguien que cree en la buena o mala suerte, ni creo que la vida beneficie o perjudique a las personas en base a arbitrariedades, aunque la experiencia puede demostrarme lo contrario con sutiles ejemplos. El azar existe, eso no admite discusión, y las probabilidades de que algo suceda o no varían, pero me cuesta pensar que estas leyes se alteren de tal manera que el capricho juegue un papel más grande que, digamos, el destino. A mi parecer, las cosas no pasan por casualidad, por buena o mala suerte. Pasan porque así debe ser.


Ya alguna vez hablé del destino en este blog, de cómo pienso que funciona, cómo nos guía y cómo cada uno elige su propio camino. Con esto dicho, y  tomando en cuenta el párrafo anterior, me salvo de caer en contradicciones conmigo mismo, aunque sin buscar este fortuito desenlace. A lo que voy es que sí puedo ser un tanto supersticioso de cuando en cuando, no con respecto a dejar de caminar debajo de escaleras, dejar de abrir un paraguas dentro de la casa o evitar romper espejos, sino con relación a lo que podría llamarse amuletos de buena suerte. Objetos comunes a primera vista, pero cada uno imbuido con carácterísticas especiales que, en mi caso, yo mismo les otorgo debido a algún significado o valor personal.

El primero de estos objetos es una canica sin distintivos que la hagan mejor o más brillante o más colorida que otras. Fue mi primer "amuleto", el que daría paso a la idea de atesorar cosas por su carácter especial. En una tómbola del colegio, hace siete años, conseguí una bolsita con casi treinta canicas, y fue la que aún conservo la que quedó atracada en uno de los agujeros de esta bolsa y evitó que las demás salieran por él. Digamos que la buena suerte estuvo de mi lado.

Así fui consiguiendo más y más objetos, algunos fui perdiéndolos por mis descuidos, otros regalé a diferentes personas en mi vida con la finalidad de otorgarles parte de mi suerte, y otros simplemente descarté por sentir que no funcionaban. Hoy abrí el cajón de mi escritorio que utilizo para guardar recuerdos y conté todos los amuletos que tengo, siete en total. Además de la canica, un tee de golf de mi abuelo, una piedra azul, una diminuta caracola, un centavo multicolor, una bolita de lotería con el número 5 y, aunque suene extraño, un papel con el número 17 escrito encima (el amuleto en sí es el número, una abstracción, por lo que no podría guardarlo, y por ello pongo un papel en su lugar) adornan una pequeña caja que guardo en el cajón. Es curioso que sean justo siete objetos, dado que el número siete suele tomarse como uno de suerte. Pero eso ya no es casualidad. 

domingo, 17 de mayo de 2009

No te dejes engañar



Sometimes I wonder why

We have no limits

--Illusion, de Benny Benassi


Hace unos meses me topé con una ilusión bastante curiosa, un dragón de papel que parece girar la cabeza y dirigir la mirada hacia uno sin importar desde qué posición se le mire, excepto cuando se observa desde atrás, momento en el que desaparece el truco. Mi primo fue quien me lo enseñó, pero no le presté mucha atención sino hasta ahora, que encontré el nombre exacto del efecto y cómo funciona. Resulta que se le conoce como "Ilusión de la máscara hueca", y es un efecto bastante fuerte a pesar de ser una ilusión relativamente simple. Podría explicar en qué consiste y cómo la interpreta nuestro cerebro, pero es más divertido experimentarlo uno mismo, así que aquí les pongo el video del dragón seguido por uno aún más impresionante.

sábado, 16 de mayo de 2009

Y gira y gira



Who's to say

I can't do everything

Well I can try

And as I roll along I begin to find
Things aren't always just what they seem

--Upside down, de Jack Johnson


Luego de ver un documental no muy bueno sobre el polo sur, vino a mi cabeza una serie de pensamientos a los que he regresado varias veces, al mundo como es y no de otra manera. Una vez escribí sobre un mundo al revés, no volteado patas arriba, sino transversalmente, lo que fuese izquierda sería derecha y viceversa, por lo que esta vez pensé en esto pero con un pequeño cambio en la situación, un cambio horizontal, aunque no tan drástico.


Comencé a preguntarme por qué el mapa de la Tierra era dibujado como hoy en día se le conoce y no invertido, no con Sudamérica y Oceanía arriba del resto de continentes. Resulta que sí existen mapas así, e incluso existieron mapas aún más controvertidos en los que uno de los extremos superiores era el Este en lugar del Norte. Definitivamente el que nos hayamos acostumbrado a un dibujo en particular influye en nuestra forma de pensar, por lo que ver estos mapas diferentes causa un impacto asombroso. Ya no se siente como ir hacia abajo cuando se camina hacia el sur.

Luego de hacer estos hallazgos en la Web, seguí buscando y encontré algo casi tan interesante como lo anterior. Existe todo un estilo artístico que propone el trazado de dibujos de forma volteada, de abajo hacia arriba. Tengo entendido que el dibujar de forma invertida tiene repercusiones en el cerebro, o quizás es al revés y el cerebro afecta el dibujo, algo así como un diestro que intenta escribir con la mano izquierda o un zurdo con la derecha. Imagino que entra en el tema de los hemisferios cerebrales.

Por el momento me encuentro muy al inicio de una pequeña investigación casual, por lo que no tengo hechos, solo suposiciones, y no sé si vaya a seguir buscando información al respecto, pero con seguridad puedo decir que es un tema muy interesante, y lo mejor es que va de la mano con la psicología. Otra cosa que puedo asegurar es que le daré una probada a esa técnica artística de dibujar a la inversa y ver qué resulta de ello, quizás algo mejor de lo que sale cuando hago dibujos de forma "normal". Les dejo un video que muestra un poco lo que digo.

viernes, 15 de mayo de 2009

Buen provecho, cerdito



Something's right with the world today
And everybody knows it's wrong
But we can tell 'em no or we could let it go
But I would rather be a hangin' on

--Livin' on the edge, de Aerosmith


Una de mis más grandes pasiones siempre ha sido la comida, o las cosas comestibles en general. De chico mis gustos eran bastante simples, moría por el puré de papa, amaba los fideos rojos y nunca podía faltar el pescado apanado. Podía comer otros platos, pero aquello que veía poco apetitoso lo negaba diciendo que no me gustaba a pesar de nunca haberlo probado antes. Esta frase, el "no me gusta", fue una de las más populares durante mi niñez.


Con el paso de los años mis gustos no fueron cambiando mucho. Me atreví a probar cosas nuevas, pero cada vez que me cruzaba con un plato que creía desagradable simplemente no lo comía. Comer en casa de mis amigos resultó difícil justo por eso, y una de mis más grandes preocupaciones siempre llegaba a la hora de almuerzo o de la cena, y así surgió otra frase que nació como excusa: "Ya comí en mi casa". Era infalible.

Recuerdo un desastroso episodio que sentó las bases para una repulsión que aún hoy sigo sintiendo hacia la sémola. Tenía una botellita con arena de Cancún (no sé cómo la conseguí) que, un día, pensé probar. No tengo idea de qué pasaba por mi cabeza, por qué había decidido hacerlo, pero abrí la botellita sin pensarlo y trague una buena cantidad. Vomité segundos después. Desde ese día no volví a comer sémola justamente por el parecido que tiene con la arena que comí, y sé que probablemente me pierdo de una deliciosa comida, pero mi cerebro me dice que volveré a vomitar.

Hoy puedo decir que he dado un paso muy grande, pues ahora me atrevo a comer casi todo lo que ponen en mi plato y a veces aquello que no. De comer solo lechuga pasé a saborear cebollas, tomates, beterraga y otros vegetables que nunca antes metí a mi boca. Ahora me encantan los langostinos, el cebiche de pulpo, la lasagna (mi plato favorito) y muchísimas otras comidas que me he aventurado a probar sin saber a qué se debió el cambio.

Digo que el comer es una de mis pasiones debido al placer que supone estimular el sentido del gusto. No es tanto el descubrir sabores nuevos, sino deleitarme con los conocidos y siempre pedir más, comer hasta el casi empachamiento, y no solo con platos, sino con dulces como el delicioso chocolate, tortas, galletas, caramelos, etc. Creo haberlo dicho antes, y de nuevo repito que es evidente, pero no podría vivir sin comer, sin esa satisfacción de degustar lo que sea que caiga en mis manos. Aún no sé si algún día probaré cucarachas, por dar un ejemplo, pero más de una vez me ha llamado la atención, y ahora que me siento aventurero no sería un mal momento para hacerlo. Luego de eso no tengo idea de lo que vendrá.

jueves, 14 de mayo de 2009

¡Correo!



Hope is epidemic
Optimism spreads
Bitterness breeds irritation
Ignorance breeds imitation 

--Chain lightning, de Rush


Mi querida hermanita es de esas personas que les gusta reenviar cadenas por email, y la semana pasada estuvo especialmente activa enviando al menos cuatro correos diariamente. Pensé que podría estar creyendo demasiado fielmente lo que estos mensajes contenían y que era por ello que me los mandaba a mí y al resto de sus contactos (la gran mayoría amigas de su colegio), quienes a su vez me los reenviaban a mí por estar dentro de la lista de destinatarios (por lo que los emails se amontonaban precipitadamente en mi bandeja), así que hablé con ella y le expliqué que muchas de las cosas que se decían en ellos no eran ciertas, que no pasaría nada malo si no mandaba el correo a tantas personas como se le indicaba, por ejemplo. No funcionó.


Romántica como es, enviaba solo los mensajes que contenían historias de amor y a veces uno que otro sobre amistad con la certeza de que ello le brindaría una felicidad similar a la de los personajes en los cuentos que tanto disfrutaba cuando era menor. Me encantó su forma de pensar, pero admito que no dejaba de molestarme encontrar puras cadenas que debía borrar sistemáticamente, así que le pedí que dejara de mandármelas a mí. Lamentablemente, este acercamiento más directo tampoco funcionó, pues debe incluirme si ha de cumplir con el mínimo de personas a las que debe reenviarlas.

Estos días ha dejado la computadora a un lado, así que las cosas andan más tranquilas. Pero el asunto me hizo pensar en las cadenas en general. Averigué que este asunto de reenviar mensajes tiene más de setenta años de antiguedad, y la información que había en ellos no es muy diferente de la que ahora circula por la Web. Pueden llegar a ser realmente molestos, especialmente si se reciben en grandes cantidades y regularmente, pero también son una forma interesante de estudiar la conducta humana, de lo que son capaces de creer y hacer. La credulidad de las personas ha disminuido con el paso de los años, pero hay cadenas con mensajes bastante persuasivos que pueden hacernos pensar dos veces sobre contestarlos o no.

No sé qué suceda los siguientes días, si mi hermana seguirá reenviando cadenas o no, pero me alegra que lo haya hecho con suficiente regularidad estos días. De lo contrario no me habría interesado por el tema ni lo hubiese visto como una potencial forma de analizar en pensamiento humano, como ya debe estarse haciendo. En fin, tal vez pueda yo pueda aportar algo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Nada más extraño que uno mismo y su no-carro



Only creatures who are on their way
Ever poison their own well
But we still have time to hate
And there's still something we can sell

--Peacekeeper, de Fleetwood Mac


Hace una semana y un poco más mi primo David me preguntó qué era lo más extraño que había visto en mis paseos bicicleteros, a lo cual no supe responder, quizás porque no he visto nada más extraño que carros transitar las calles y personas caminar por ellas, o quizás porque no pude recordar nada. Hoy intentaré responder a su pregunta.


El viernes pasado fui invitado a la casa de un amigo que no vive a más de doce cuadras de distancia de mi hogar. Era cerca de las nueve de la noche, pero la hora, el posible tráfico y la avenida que debía atravesar no presentaban problemas, pues ya había hecho el recorrido bajo circunstancias parecidas en anteriores ocasiones. Subí a mi bicicleta e inicié el pedaleo.

El camino hasta el puente no fue difícil, pero pasando debajo de él fue que noté la primera extrañeza, algo que no hice en esta ocasión pero que he hecho antes. No sería tanto algo extraño que he visto, sino algo extraño que he hecho, lo cual es pasar por la vereda infestada por transeúntes que esperan, suben o bajan de las combis que abarrotan la pista. Iría por ahí, pero con los condutores nunca se sabe.

Y lo segundo más extraño esa noche se dio en el tramo intermedio. Si hay algo que me encanta es pasar zumbando al lado y entre los carros mientras esperan que la luz verde reemplaze a la roja. A veces es divertido cruzar antes de este cambio cuando no hay autos que puedan atropellarme, pues siento que me mofo de los que deben seguir aguardando.

Y, efectivamente, esto hice en aquella ocasión, seguí mi camino sin parar en el semáforo, esquivé algunos peatones y seguí de largo. Lo extraño vino a continuación, cuando uno de los carros que recuerdo haber aventajado en la luz roja (debido a la fuerte música que escuchaban) pasó a mi lado a toda velocidad y por la ventana del copiloto salió un chico aparentemente borracho con un cigarro en la mano, quien gritó "¡Oe, préstame tu BMW, pes!" Le devolví una mirada de "Ya, webón" y pedaleé hasta la casa de mi amigo. Evidentemente se burlaba de mi bicicleta con la parpadeante lucecita roja debajo del asiento y mi luz blanca delantera, pero más me divirtió su comentario en lugar de molestarme. Visto desde otro punto de vista, puede tomarse como un cumplido. De cualquier forma, el nuevo apodo de mi bicla, a partir de ese día, es BMW, y sé que le sienta perfectamente. Y yo no me quejo.

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