jueves, 29 de abril de 2010

¿Un año más o uno menos?



This rough and tough adventurer is working all the time


Ya Viene Diego… Diego… Diego…

Go, Diego, Go!

--"Go, Diego, Go" Theme Song


Hoy cumplí un año más en el mundo, pero siento que no ha habido otro como éste.

Me gusta utilizar este día para detenerme por unas horas y dar una mirada hacia atrás, ver el camino que he recorrido y que me ha traído adonde estoy, como si hiciese un resumen de los últimos trescientos sesenta y cinco días de mi vida y los comparara o pesara con los anteriores. Y es que de eso se trata un cumpleaños, no solo festejar el día, también el año que ha pasado. Lo ideal, básicamente, es añadirle valor a cada año, aumentar las experiencias y el aprendizaje que éstas suponen, dar mayores significados a lo vivido y sentir que he aprovechado la mayoría de esos días alcanzando y superando nuevas metas. A lo largo del año he ido mejorándome, al igual que cada año que ha pasado, pero siento que éste último he conseguido más que en muchos otros, principalmente por mi forma de pensar.

Para empezar, cada cumpleaños solía haber un desbalance entre la alegría que sentía de cumplir años y la depresión de acercarme al día de mi muerte, teniendo lo segundo una presencia más fuerte que lo primero. Sin embargo, hoy siento que las cosas han cambiado significativamente, no solo porque el peso en la balanza se ha invertido, sino también porque no encuentro rastro de tristeza o malestar desde hace ya un buen tiempo.  Todo esto gracias a las recientes vivencias por las que he pasado y que me han ayudado más de lo que podría haber querido aceptar en un comienzo.

Entonces, ¿un año más o uno menos?

Si bien antes podría haberme inclinado a elegir lo segundo, ahora pienso que la respuesta recae sobre ambas opciones. Uno menos porque, evidentemente, se nos va el tiempo, pero el reconocer este hecho no tiene por qué ser negativo, siempre y cuando se utilice como motivación para aprovechar el resto de años que nos quedan en lugar de tomarlo como una idea fatalista. Y es que es cierto, realmente cada día nos acercamos más a la muerte, pero eso no significa que debamos actuar como si ya lo estuviésemos; mientras estemos vivos, pues gocemos del hecho de estarlo. Y uno más por obvias razones: porque, a pesar de que tras un año las cosas han cambiado enormemente, podemos regocijarnos en el conocimiento de seguir siendo quienes somos y seguir viviendo.

Pues bien, puedo decir que he recobrado parte de la fe en la vida que una vez perdí, y no queda más que apuntar a un nuevo gran año, lleno de nuevas oportunidades, esfuerzos, aprendizajes y, por supuesto, experiencias.


martes, 27 de abril de 2010

La caída del año

There are plenty of ways that you can hurt a man
And bring him to the ground
You can beat him, you can cheat him
You can treat him bad and leave him
When he's down

--Another one bites the dust, de Queen


Hoy volví a tener un accidente en bicicleta después de varios meses, probablemente el peor que he tenido en un poco más de un año. Pero no fue la caída en sí, sino lo que (no) sucedió tras ella lo que me sorprendió muchísimo.

No fue uno de esos accidentes en los que el susto o la vergüenza son mayores, sino del  tipo en que la caída es realmente dura. Tomé demasiada velocidad en una curva en la que no suelen pasar muchos carros pero los pocos que lo hacen van bastante deprisa, pasé por encima de un charco de agua y el error llegó cuando intenté subir a la vereda por una de esas subidas inclinadas que tienen los estacionamientos. Lo peor de todo es que mis usuales caídas se deben precisamente a esta mortal combinación, llantas mojadas y la subidita inclinada. Fracciones de segundo antes de caer, cuando ya estaba a centímetros de la vereda, me escuché decir "¡no lo hagas!", pero fue demasiado tarde. La llanta delantera resbaló y me vi deslizándome por la calzada hasta que la bicicleta chocó contra un poste de luz, el timón dio contra mi pierna, mi espalda fue detenida por las rejas de una casa y mi cabeza, felizmente, quedó intacta gracias a mi casco.

La caída fue la primera sorpresa, pero la segunda y mayor fue que nadie se acercó a ayudarme. Es la primera vez que tengo un accidente frente a tantas personas, e imaginaba que al haber más de ellas la probabilidad de que alguna me ayudase a levantarme o siquiera preguntar si estaba bien sería proporcionalmente mayor. Pero me equivoqué. Es cierto que fui demasiado imprudente o que solo estuve en el suelo unos segundos, y que la adrenalina amortiguó gran parte del dolor, pero me sorprende que nadie dijese nada. Las personas tan solo pasaron por mi lado como si nada hubiese ocurrido y algunos otros se quedaron mirándome de lejos con cara más de crítica que de preocupación.

Esto me hizo recordar una serie de ideas que tengo o que había escuchado. Como que se diga que son muy pocas las personas que tienen el impulso de reaccionar atentamente frente a un desconocido. El experimento perfecto para probar esto es dejar caer monedas en la calle mientras se está junto a extraños. En teoría la mayoría de veces no habrá nadie que ayude a recogerlas, pero tendría que probarlo para realmente considerar esto cierto, aunque este episodio con la bicicleta es un buen comienzo para demostrarlo.

Creo que todo depende de la cercanía que se tiene con la persona, no en el tipo de relación sino en la distancia física. Es decir, quien está más cerca cuando el accidente se da suele sentir que es su responsabilidad ayudar. La pregunta con la que me quedo es "¿cómo habría reaccionado si esto o algo similar le hubiese pasado a otra persona y yo estuviera cerca?".

lunes, 26 de abril de 2010

Eidos



Are you missing something? 

Looking for something?


--How you see the world, de Coldplay


Estaba pensando en cómo las ideas pueden ser más fuertes y significativas que las cosas en sí. Me explico.

Creo que es muy relativo, pero podría decirse que los sentimientos que dirigimos hacia ciertas personas, animales y objetos influyen mucho en lo que llegamos a pensar de ellos. La mejor manera que tengo para explicar esto es con un ejemplo específico que puede aplicarse a muchísimas otras situaciones: el chico o chica que idealiza a la persona que le gusta añade características que pueden o no estar presentes en ésta, de tal manera que cuando por fin se conoce realmente a la persona, se nota que no es como la imaginábamos (al menos no completamente). A esto es a lo que me refiero, a ver a alguien o a algo no por como es sino por como creemos que es. Y, ahondando más para llegar a lo que quería mencionar, cómo lo que creemos que es nos afecta más (positiva o negativamente) que lo que realmente es.

Otro ejemplo para aclarar un poco las cosas: cuando un ser querido fallece los familiares suelen adjudicarle rasgos que no necesariamente eran suyos. Está la persona (o el fallecido) y está la idea que nos hacemos de esa persona; mi teoría es que la idea tiene mayor repercusión, está más presente, le hacemos más caso, nos dejamos llevar más por ella.

Por todo esto pensaba en lo que dije al principio. Cargamos emocional y racionalmente a alguien o algo, lo idealizamos, y perdemos ligeramente noción de cómo es. Y a partir de ese punto comenzamos a ser afectados por él desde la idea, no desde la realidad sensible; actuamos en base a ello. Creo que ahí está el punto originario de toda equivocación, decidir con la idea como referente, hacer elecciones guiándonos por una falacia.

Que no se diga que las ideas no son peligrosas.

domingo, 25 de abril de 2010

Psicología inversa al revés



Wake me, I'm ready

Somethin' don't seem right

I was dreamin'
I was talkin' to you


--No way back, de Foo Fighters


G: Anoche escuchaba mi canción favorita mientras intentaba dormir y recordé a una persona valiosa.
H: ¿No querrás decir que "volviste a pensar" en esa persona?
G: Pues sí, la verdad es que no la olvido, solo entra y sale de mis pensamientos cada cierto tiempo. Generalmente sueño con ella y el día siguiente no hago más que desear verla y hacer las paces.
H: ¿Por qué no lo haces?
G: Porque ya he pasado por eso tantas veces que esta persona no quiere ni verme.
H: Un año no es demasiado tiempo, pero tal vez necesite más tiempo. O quizás seas tú quien lo necesite.
G: Puede ser. A veces pienso que volveré a cometer los mismos errores, creo que también es por ello que no intento restablecer la comunicación.
H: Pues me parece bien, no deberías. Si la idea de fallar está en tu cabeza, pienso que inevitablemente conspirarás contra ti mismo, incluso si es de manera inconsciente, y fallarás irremediablemente.
G: O tal vez lucharía contra este pensamiento, daría mi mejor esfuerzo por resolver las cosas y probaría que realmente he cambiado, al menos un poco.
H: No, no lo creo. Mírate, eres un desastre. Vives en el pasado, no tienes planes para tu futuro, solo piensas en las cosas que hiciste mal.
G: Lo dices como si fuese algo malo. ¿Y quién eres tú para criticarme o decirme lo que debo hacer?
H: Si quieres lo repito: eres un desastre. El mismo de siempre, con los mismos defectos y la misma capacidad de echar todo a perder.
G: ¡Te demostraré que no es así!
H: ¿Qué vas a hacer?
G: ¡Voy a comunicarme con esta persona y resolver el problema! ¡Voy a mejorar las cosas!
H: Perfecto, mi trabajo aquí está hecho.
G: ¿Cuánto te debo?

viernes, 23 de abril de 2010

Otro tipo de "-danza"



I'm so sick and tired 

Of all these things

That drag me down

I've got no where to go

-- Home, de Dishwalla


En los últimos catorce años, me he mudado al menos ocho veces, ya sea de pasar a vivir en casa de mi abuela a la de mi papá y viceversa, o de vivir con uno de ellos y mudarnos a una casa nueva. Y en menos de un mes se sumará una mudanza más a mi repertorio.

Creo que la peor parte de cambiar de domicilio es el alejarse del barrio en el que se vive y al que uno se ha acostumbrado, lo cual puede incluir vivir lejos de amigos. Ese cambio también puede suponer uno de colegio o de dejar de ir a un lugar de la zona por estar demasiado lejos. Estas cosas, sin embargo, suelen tener un impacto pequeño cuando la mudanza se efectúa en la misma ciudad, y creo que es por ello que, aunque me ha tocado vivir lejos de amigos, cambiarme de colegio y otras varias cosas, no me ha afectado mucho. Lo qué sí me molesta muchísimo de las mudanzas es otra cosa.

Moverme de un lugar a otro supone llevar mis pertenencias conmigo, y por más que no sea mucho, el hecho de organizarlas, guardarlas en cajas y luego sacarlas y organizarlas en la nueva casa es demasiado tedioso, y no creo ser el único que piensa así. Si bien soy una persona mayormente desordenada, encuentro orden dentro de mi desorden, así que cuando es tiempo de poner las cosas "en su lugar", para mí es sacarlas de donde considero que deberían estar.

Me he acostumbrado al cambio, es decir, comienzo a aceptarlo y buscarlo en mi vida en lugar de quedarme con lo que ya tengo o dejar de probar. Pero aún no logro adaptarme a tantas mudanzas, principalmente por lo de mover mis cosas, aunque también por el apego que formo con el lugar (en ciertos casos). Lo único provechoso que veo en mudarme esta vez es una sola cosa: esta vez no me mudo de distrito ni de vuelta a la casa de mi papá, sino a un departamento al otro lado del parque frente al que vivo, así que el cambió será mínimo. Espero.


jueves, 15 de abril de 2010

Los genes tienen la culpa


My generation's lost it's 

Patience playing with the world within 

Accelerated saturation 
Out of our minds on saccharin

--The latent gene, de Threshold


Porque detrás del paso lento van las ganas, y tras una mirada perdida se fue quedando la voluntad de detenerse. Otro respiro, otra gran oportunidad de contemplar lo que yace más adelante, y pronto no hay decisión, una razón más para empujar hacia atrás, contra todo aquello que no quiere rendirse. Una circunstancia, la pequeña gran excusa; una opinión, la única verdad; un cuerpo, el desgaste total y definitivo. Quizás. Pero casi seguro de que no, porque no, porque ¿por qué?, y mejor no caer ni seguir o dormir, sino hacer; vencer. Sí.


sábado, 10 de abril de 2010

Adiós a mi más dulce chocolate



I will take your heartache

I will take your tears

I will take your sadness
And all your pain
And all your fears

--Believe, de Mullmuzzler


Hoy recibí la peor noticia de los últimos siete años, quizás la segunda peor noticia de mi vida, algo que ya venía temiendo que sucediese desde hace varios meses pero que no por ello dejó de tener en mí un impacto tan devastador. Mi Luna de chocolate, mi adorada perra labrador, dejó el mundo tres días atrás.

Apenas me dijeron esto no tuve mayor reacción que sentirme apenado y quedarme en silencio unos minutos. Incluso pasé gran parte del día como si nada hubiese pasado, quizás inconscientemente negándome a creer que realmente pasó, y no fue sino hasta hace un par de horas que el golpe se hizo sentir con toda su fuerza. No me había sentido así en mucho tiempo, no había llorado de tal manera ni tenido que soportar tremendo pesar desde que falleció mi abuelo siete años atrás, y hago la comparación justamente por la similitud que encuentro entre ellos. A ambos los perdí por culpa de cáncer, a ambos los tomé por sentado en algún momento de mi vida, por alguna estúpida razón no estuve con ellos en sus últimos momentos, ambos han sido seres muy queridos para mí, y ambos me han enseñado muchísimas cosas. Me siento culpable especialmente por lo segundo, por no preocuparme lo suficiente por ellos cuando más necesitaban atención, por concentrarme en otros asuntos y no en quienes más importaban. Quizás sea por esto que no dejo de sentirme tan mal.

Luna habría cumplido doce largos años dentro diecinueve días, justamente el día de mi cumpleaños. El compartir nuestra fecha de nacimiento era una de las miles de cosas que hacía nuestra conexión tan estrecha. En tiempos en que comenzaba a habituarme a vivir por primera vez en casa de mi papá, ella fue quien me hizo compañía, era mi protectora y  la principal razón por la que soportaba estar en esa casa donde aún no confiaba en nadie. Con ella podía hablar de mis miedos, de mis sueños, de mis ideas y no sentirme criticado o tomado poco en serio. Y aunque durante una etapa bastante oscura la traté muy mal, me perdonó incondicionalmente y no dejó de quererme. Y desde ese momento en adelante, gracias especialmente a ella, es que di el giro que ayudó a que quisiera mejorar como persona. Nuestra relación fue tan curiosa y especial que ella para mí nunca fue un perro, sino una hermana, y hubo veces en las que me gustaba imaginarla como un ser humano convertido en animal.

Ya había dicho antes que Luna hizo un voto de silencio, que luego de años de conversaciones decidió callar para siempre. Hizo una ligera excepción en un momento, pero se mantuvo firme el resto del tiempo, y aunque nunca sabré con exactitud el propósito de esta actitud, algo me dice que consiguió exactamente lo que quería. Así, siguiendo su ejemplo, cada noche que la luna se asome en el cielo como lo hizo el día en que le di nombre a mi Luna de chocolate, le dedicaré unos minutos de silencio en su honor. Y puede tener por seguro que jamás la olvidaré y que tendré su recuerdo en mi corazón por siempre.

miércoles, 7 de abril de 2010

dIROLE invita por partida doble

Hace unas semanas se me ocurrió iniciar un blog exclusivamente para mis fotografías, de esa manera podría darle un espacio a un interés que no deja de ir en aumento. Da la casualidad que unos días atrás Takashi me invitó a ser parte de un fotoblog que recién creaba, así que no dudé en unirme al proyecto. "Eye of the Beholder" recién está en su fase inicial, pero puede disfrutarse desde ya: http://eotbeholder.com/ 

De igual manera, los invito a revisar otro blog que he comenzado hace algunas semanas. "Allá por el sur" tiene una dinámica bastante diferente a la de éste, en él cuento a modo de narración las aventuras de uno de los grupos con los que juego Calabozos y Dragones (Dungeons & Dragons). Es un blog dirigido a otro tipo de lectores, pero igualmente puede apreciarse desde una perspectiva literaria. Este es el link: allaporelsur.blogspot.com/

saludos,
dIROLE

viernes, 2 de abril de 2010

La gran farsa

I'm stuck here on the inside looking out

I'm just another case

Where's my makeup where's my face
On the inside

--From the inside, de Alice Cooper


Hace poco se me ocurrió una idea bien loca que no considero real en ningún sentido posible, una suerte de hipótesis absurda sobre algunas cosas que sí considero verdaderas en mi vida.

Lo segundo que se me vino a la cabeza fue la película The Truman Show, donde el protagonista lleva toda su vida (literalmente) siendo un personaje en un programa de televisión del que no tiene idea. Hay cámaras escondidas en todas partes de la pequeña ciudad en la que vive, inclusive en su propia casa, y cada una de las personas que conoce o con las que se cruza (sin exceptuar a su madre, su esposa y sus amigos) es un actor que interpreta un papel determinado en la vida de Truman. La idea básica, digamos, es que nada es real, que todo lo que el protagonista toma como verdadero en realidad es una gran farsa, una mentira. Todo está hecho para entretener a un público.

Lo primero que pensé, justo antes que lo anterior, fue que mi vida podía estar siendo grabada. En cierto sentido sería genial, puesto que sería famoso sin realizar esfuerzo alguno, pero la parte negativa es que puedo irme olvidando de cualquier tipo de privacidad y, principalmente, de valor alguno en mi vida. Sin embargo, no es sobre esto último que quería profundizar, sino tomar la idea de que todo esto es un programa de televisión como una explicación de por qué siento que mi vida, a pesar de tener aspectos complicados o perjuiciosos, es en general convenientemente (para mí) buena.

¿Cuáles son mis pruebas? Lo he dicho antes, tengo una suerte increíble. Me han pasado muchas cosas malas antes, pero ninguna suficientemente grande como para sentirla insoportable. Tengo problemas como todo el mundo, pero la mayoría son diminutos en comparación a los de muchísimas personas. Jamás me han asaltado, a pesar de a veces ser poco cuidadoso con respecto a los lugares que frecuento o las cosas que llevo a la vista. El único gran (y casi mortal) accidente que he tenido fue a los dos años cuando me rompí la cabeza, y aunque he tenido muchísimos más a lo largo de los años he salido bien parado de todos ellos. He estado cerca de ser atropellado más veces de las que me gustaría pero nunca lo han hecho. Tampoco he sufrido traumas de clase alguna, apenas problemas psicológicos usualmente comunes y no demasiado serios. Y, finalmente, en el ámbito económico nunca me ha faltado nada.

Como dije, no creo que esto sea realmente posible, pero me gusta jugar con la idea. Al momento de comentársela a amigos, unos me dicen que es totalmente jalado de los pelos y otros se divierten pensándolo tanto como yo. Es como si los primeros quisieran negar la posibilidad para que no descubra la farsa, mientras que los segundos me siguen el juego para que no sospeche nada. Ya no sé qué pensar.


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