miércoles, 29 de diciembre de 2010

El aquí y ahora


Let us fly away, let us praise the days
When the lust for life is stronger than the fear

--Lust for life, de Gamma Ray


Hace un rato terminé de ver la película "Verónika decide morir", de la directora Emily Young, basada en la novela del mismo nombre escrita por Paulo Coelho. Admito que no considero a Coelho como un buen escritor, pero también confieso que me encantan los mensajes que transmite a través de sus historias. Se me ocurrió comentar un poco sobre el tema principal tanto de la película como de la obra literaria, ser consciente de lo inminente que es la muerte y aprovechar profundamente cada día. 

La historia, al menos según la versión cinematográfica, es sobre Verónika, quien intenta suicidarse y falla. Esto ocasiona que sea internada en un hospital psiquiátrico, en donde se le informa que sólo le quedan pocas semanas de vida a causa del trauma sufrido por su corazón, producto de las pastillas que tomó para quitarse la vida. Así, el tiempo que pasa en el hospital le sirve para cambiar de opinión respecto a volver a intentar matarse y a ver la vida de una manera diferente. Las palabras finales de su médico le dan un gran giro a la historia, así que sugiero no seguir leyendo este post para no malograr el final.

Uno de los mensajes que rescaté de la película fue justamente el que se trató de expresar, vivir cada día como algo maravilloso, el cual, dentro de la trama, es acentuado enormemente al descubrir que Verónika no tenía ningún problema con su corazón, y que el decirle que tenía poco tiempo para vivir era parte de su tratamiento. Creo que cuando una persona se enfrenta a una noticia como aquella existen tres caminos que puede tomar: rendirse, optar por ser vencido por el hecho de que se morirá y simplemente esperar la muerte o adelantársele; aceptar que no queda mucho tiempo y poner todos los asuntos en orden, básicamente irse tranquilo; o negarse a la idea de que se morirá, vivir simulando que no sucederá pronto pero en el fondo temiéndolo. Personalmente, preferiría la segunda opción, añadiendo un poco de lo que la protagonista de la película esperaba hacer, aprovechar cada momento y hacer las cosas que nunca se atrevió o que no pudo.

Pienso que la vida de por sí es bastante larga, a pesar de que pueda no parecerlo al no ser muy conscientes de ella durante nuestros primeros años o de no valorarla lo suficiente durante nuestra infancia y hasta adolescencia. Quizás el hecho de que podemos perderla en cualquier momento o que la tomemos por sentado gran parte del tiempo ocasiona que se vea como corta, pero yo diría que en realidad debería ser considerada como frágil y, por lo tanto, valiosa. También diría que, tal vez no con mayor fuerza que la muerte pero sí de manera bastante presente, la rutina obstaculiza el poder apreciar cada momento de nuestras vidas, aunque estoy seguro que es un impedimento posible de ser franqueado. He intentado guiarme por esta idea, vivir cada día tratando de que sea mejor o, como mínimo, igual que el anterior, pero por lo general no duro mucho. El punto, en todo caso, sería intentar tantas veces como sea necesario.

martes, 14 de diciembre de 2010

El gran miedo


Lonely is the night when you find yourself alone
Your demons come to light and your mind is not your own

--Lonely is the night, de Billy Squier


Hace unos días conversaba con mi hermana Manuela sobre los fantasmas, y mediante preguntas y comentarios fuimos trasladándonos al tema del miedo, sobre el cual ella mencionó una idea que ya había estado escuchando y leyendo en varias oportunidades anteriores. Ella decía que le asustaba quedarse sola en la casa, un miedo bastante normal en niños y niñas de su edad, y quizás no muy inusual en personas un tanto mayores. Lo que rescaté después de lo que mencionó fue la idea de la soledad, entendida un poco como mi hermana trataba de explicarla y otro poco como algo más inmaterial, es decir, no como la falta de alguien a nuestro lado, sino como un estado metafísico; ambos aspectos muy relacionados entre sí.

El tema de la soledad lo he tenido muy interiorizado desde pequeño y hasta el día de hoy, pues a pesar de siempre haber tenido muchos amigos y personas a mi lado, valoro muchísimo mi tiempo a solas. Incluso hay veces en que necesito ese tiempo para recobrar energías, lo cual ahora puedo explicar (gracias al curso Psicología de la Personalidad) como característica normal de personas intravertidas. A lo que voy es que no es un concepto con el que recién me esté cruzando, es solo que las últimas semanas se ha repetido una idea muy ligada con ella, un poco por lo que oía en mis clases en la universidad, así como por textos o novelas que leía, películas que veía y conversaciones que he tenido: el hombre le teme a la soledad.

Básicamente, uno buscaría rodearse de otras personas para sentirse satisfecho y motivado, pero existe la idea de que podría ser, también, para evitar la soledad, pues una vez que no hay nadie, uno sólo se tiene a sí mismo, y esto lo encuentra insoportable. Insoportable en el sentido en que comienza a pensar en sus circunstancias, en que debe lidiar con su estado actual, se mira a sí mismo porque no hay nadie más a quién mirar. Es decir, la soledad empuja a hacernos conscientes de nosotros, de ver dentro y encararnos; y esto sería, en definitiva, lo que el hombre temería, descubrirse. O, siendo más específico, notar algo que pueda no gustarle.

Como decía, me he cruzado ya muchas veces con esta idea, por ello no puedo recordar en qué se basaba exactamente o qué argumentos en particular la defendían. Personalmente, diría que puede ajustarse a algunas personas, aunque no generalizaría ni encasillaría a toda la humanidad dentro de ese bloque, pues tanto por experiencias personales como ajenas, sé que hay quienes disfrutamos la soledad y la utilizamos justamente para eso, para mirarnos. Tampoco es que me pase los días por mi cuenta meditando sobre la vida o que elija quedarme solo en lugar de relacionarme con otras personas, pero sí pienso que esos ratos de soledad no solo son soportables, sino también necesarios e imprescindibles en todo ser humano que busca conocerse. Y, como me dijo un buen amigo hace muchos años, "para conocer a los demás primero debe uno conocerse a sí mismo", a la cual agrego la siguiente: para poder vivir con los demás primero hay que poder vivir con uno mismo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Síndrome del conejo blanco


Wait in line
'Till your time
Ticking clock
Everyone stop

--In the waiting line, de Zero 7


W: Estaba pensando en el tiempo...
X: ¿Qué con él?
W: ¿Por qué a las personas nos cuesta esperar? ¿Por qué estamos acostumbrados a ver resultados de manera inmediata o a corto plazo? ¿Por que nos sentimos ansiosos cuando algo tarda más de lo esperado en suceder?
X: Porque el tiempo es dinero.
W: Visto desde un ámbito relacionado con los negocios, tal vez. Pero en la vida diaria no se trata de dinero, se trata del tiempo en sí. El mundo vive en un constante apuro.
X: Quizás porque esperar es una pérdida de tiempo.
W: Quizás se sienta así, pero no lo es. Además, hay quienes quieren ganar tiempo y hasta toman atajos para conseguir más de aquél, pero una vez que lo consiguen no saben qué hacer con él. Ganan tiempo para luego "matarlo".
X: Entonces, ¿qué propones?
W: Hace tiempo escuché de una investigación en la que se entrevistaba a varias personas que se quejaban de no tener más tiempo para pasar con sus familias, para relajarse o para dedicarlo a sus intereses, pues el trabajo se los impedía. Se les presentó un caso seguido de una pregunta: de tener un día más en la semana para hacer lo que quisieran, ¿cómo lo utilizarían?
X: ¿Y qué respondieron?
W: La respuesta parecería obvia, pero la mayoría dijo que lo aprovecharía para ponerse al día con el trabajo.
X: Pero entonces ahí tienes la respuesta que buscabas en un principio, a la gente no le gusta esperar porque tiene cosas que hacer, responsabilidades que atender. Realmente se pierde el tiempo.
W: Pienso que el error está en ver el tiempo como dinero, tal y como mencionabas. A más tiempo, más horas de trabajo, por lo tanto más dinero; y, en consecuencia, una vida más "tranquila".
X: Ya no sería un problema con el tiempo, sino con el dinero.
W: Por como lo veo, el dinero siempre ha tenido y tendrá sus problemas. Pero el tema con el tiempo, la espera y las personas... Creo que ahí sí habría solución.
X: ¿Cuál?
W: No lo sé, dame un par de minutos para pensarlo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Viejos temas, nuevas perspectivas


Yes, there are two paths you can go by
But in the long run
There's still time to change
The road you're on

--Stairway to heaven, de Led Zeppelin


Creo considerarme como una persona que puede vivir sin saber ciertas cosas, no por preferir dejar de saber, sino por valorar un poco el misterio. Sin embargo, existen preguntas que me hago o que me hacen a las que siento una especial necesidad de encontrar respuestas, incógnitas relacionadas a diversos temas, incluidos los que tienen que ver conmigo. Hay una pregunta en especial a la cual aún no hallo respuesta, y tengo la impresión de que nunca obtenga una, considerando que no creo posible que alguien pueda contestarla.

Desde la última vez que vi a mi mamá, hace casi un año y medio, no he podido dejar de pensar en muchas cosas que me habría gustado preguntarle y que por no sentirme listo preferí guardar. Estoy seguro de haber tomado la mejor decisión al pedirle tomar caminos distintos, justamente porque las circunstancias que nos llevaron a encontrarnos no eran las apropiadas, incluso aunque hayan veces que las preguntas que no salieron cuando la tenía frente a mí pueden hacerme pensar lo contrario. Por como lo veo, crecí intelectual y emocionalmente gracias al encuentro que tuve con ella en ese entonces (así como por una variedad de otros factores), por ello he podido pensar y reflexionar mucho sobre el significado que tiene y tuvo para mí, lo cual me lleva a considerar, inevitablemente, qué puedo significar yo para ella. Y he ahí sólo una minúscula parte de la pregunta que mencionaba en el primer párrafo.

Quizás no se trata de una gran pregunta, sino de muchas pequeñas. Si la situación fuese tal que pudiera contactarme con ella y hacerle cada una de ellas, me llenaría de fuerzas y lo haría, pero las cosas son un tanto más complejas. No se trata de obtener las respuestas de su parte (considerando que por muchas razones no puedo confiar en ella), ni tampoco por parte de quienes tuvieron la oportunidad de tratar con ella; el gran problema de pedir opiniones es que las personas se encuentran limitadas por sus propias experiencias, no se puede dar cuenta más que de lo que uno percibe, e incluso la propia percepción de algo puede no concordar con los hechos verdaderos. Para dar con la respuesta sería necesario viajar en el tiempo y observar por mí mismo el trato que ella tuvo conmigo cuando era chico, lo cual es imposible. Solo me quedan los recuerdos, propios y ajenos, ambos bastante sesgados.

Entonces, podría pensar, ¿por qué siquiera plantear la existencia de una o varias preguntas? ¿Por qué provocarme intranquilidad sobre un tema que aparentemente no tiene solución? Podría decir que es natural en las personas preguntarnos por nuestra propia historia, saber de dónde venimos y por qué somos como somos, pero creo que sería solo una forma de evitar el verdadero. Escribí en otro post que el tema con mi mamá aún no terminaba, y hoy, tras meses de reflexiones, admito que tampoco está muy cerca de hacerlo. Sin embargo, no veo esto como algo negativo, sino como todo lo contrario, es una nueva oportunidad de probarme a mí mismo que soy capaz de hacer más cosas de las que me creo posible.

El plantear una pregunta, el crear un misterio, es otra manera de decir "todavía existe espacio para la mejora", me permite mirarme y a todo lo que hecho desde entonces. Hablando en términos más concretos, no se trata de encontrar una respuesta, la idea no es llegar a un fin, sino seguir avanzando, seguir creciendo y seguir aprendiendo. Y siendo más concreto todavía, pienso que es hora de volver a ponerme retos altos, no necesariamente en relación a mi mamá, aunque sí con miras de crear circunstancias (esta vez las apropiadas) para un nuevo encuentro con ella.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Siempre cambiante


Not where you stand
Nor where you are
It matters only where you look
To take the good
With all that's bad
It is the only way to go

--Learning to fly, de Stratovarius


Anoche tuve un sueño muy peculiar. Varios, en realidad, pero uno de ellos en particular me hizo cuestionar ciertas cosas más de lo que ahora considero normal para un sueño. Me encanta despertar con una idea en la cabeza, con algo para pensar el resto de la mañana y quizás el día entero, y a veces consigo exactamente lo que quiero, no siempre para bien.

La idea con la que amanecí tenía que ver con los lazos y las relaciones familiares, muy similar a un tema que toqué años atrás en otro post, en tanto me encontraba en una posición donde debía elegir entre poner a mi familia antes que a mí mismo o viceversa. En el sueño discutía con una persona sobre la postura correcta, y recuerdo claramente sentirme muy seguro de la elección que iba a tomar, darle mayor peso a mis sentimientos, valores y principios antes que a la imagen de mi familia. Ya despierto me costó un poco decidirme, pues tomaba en cuenta muchas variables que no consideré mientras dormía y que inclinaban la balanza a un lado u otro de manera significativa. Finalmente, tras pensarlo mucho, decidí guiarme un poco por la razón y otro poco por las emociones, así que opté por no elegir ninguna alternativa.

Por un lado, puede sonar egoísta salvarse uno mismo y dejar que los demás se hundan, y hasta cierto punto realmente creo que lo es. Por otro, cada uno debe hacerse responsable de sus propios errores y aceptar las consecuencias que lleguen como resultado; al menos es lo que yo haría. En mi sueño, esta familia a la que pertenecía quería encubrir un negocio ilegal, así que para mí tiene mucho sentido que en él haya optado por anteponer mis creencias e ideales por sobre el bienestar e imagen pública de estas personas. Sin embargo, en la realidad las cosas nunca se muestran de manera tan delimitada, siempre habrán tonalidades de gris, las circunstancias y las personas implicadas en ellas siempre serán diferentes, por lo que la forma de afrontar tales situaciones deberá ser igualmente variable.

Creo que es un tema al que todavía podría seguir dándole vueltas, incluso si ya creo haber encontrado una solución. Eso es lo curioso, y hasta genial, de todo asunto que involucre personas, nunca habrán respuestas correctas, solo suficientemente gratificantes.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Nadie quiere olvidar


Let's unwrite these pages
And replace them with our own words

--Swing life away, de Rise Against


Hace un par de días volví a ver una de mis películas favoritas, Eternal sunshine of the spotless mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), del director Michel Gondry, y me hizo pensar mucho en experiencias personales y en el olvido.

La película se trata de una pareja (Joel y Clementine) que, por separado, decide someterse a un tratamiento que los borra de la memoria del otro, es decir, los hace olvidar todo recuerdo de alguna vez haberse conocido y haber estado juntos. La historia muestra cómo los recuerdos de Joel sobre Clementine van siendo borrados y cómo, en medio del proceso, se arrepiente y comienza a "esconderla" en momentos de su vida en los que en realidad no la conocía para evitar perderla. Cuando el tratamiento termina ya no la recuerda, aunque queda en él cierta sensación que lo lleva a encontrarla "de casualidad" en un lugar que tenían en común, y así se vuelven a conocer. De por sí es difícil explicar brevemente la trama de la película debido a lo enrevesada que es, y luego de que se vuelven a conocer suceden algunas cosas más, pero quería dar solo una idea general, puesto que existe muchísimo espacio para las interpretaciones.

Una de las cosas que se me ocurrió era que, si efectivamente existiese un tratamiento capaz de borrar a alguien de nuestra cabeza, probablemente sucedería exactamente lo que ocurre en la película (incluso si es llevado a cabo de manera eficiente y sin complicaciones): datos o recuerdos de la persona irían filtrándose en nuestra memoria, al principio sin darnos cuenta y luego ya de manera más notoria; sería en este segundo momento en el que, llevados por nuestra naturaleza humana de darle sentido a las cosas, de llenar los espacios en blanco, buscaríamos reconstruir a dicha persona. Recuperaríamos lo que en un comienzo quisimos extraviar.

Esto me llevó a pensar que no importa cuánto se intente olvidar o alejarse simbólicamente de una persona, uno lleva consigo más que solo recuerdos y sentimientos vinculados a aquélla. Aunque estos puedan perderse en la memoria con el pasar del tiempo, existe toda una serie de enseñanzas que permanecen en nosotros de las que no necesariamente somos conscientes. Es como si la persona dejase una huella en nosotros, un granito de arena, fragmentos de información que en algún momento pudimos considerar relevantes y que pueden afectar de manera variable nuestras vidas. Puede ser algo tan minúsculo como la forma de sujetar los cubiertos a la hora de comer o quizás alguna mueca en especial, conductas a las que no les prestamos demasiada atención; o puede ser algo de mayor peso, como un punto de vista, una idea, gustos y actitudes frente a situaciones específicas, todo ello siendo un poco más conscientes (tal vez no en un inicio) respecto a qué (o en este caso 'quién') nos hizo pensar así.

A lo que voy es que las experiencias nos marcan de una u otra manera, y quienes están involucrados en dichas experiencias se quedan con nosotros, indistintamente del valor positivo o negativo que les otorguemos, asumiendo que percibamos como significativo el impacto que tuvieron esas personas en nuestra vida. Es como si luchásemos internamente por aferrarnos a los recuerdos a pesar de que una parte de nosotros quiera borrarlos a toda costa, como si en el fondo supiésemos que olvidar es dejar de aprender. Y creo que, aunque muchas veces queramos olvidar a alguien, inadvertidamente y por cualquier razón posible iremos dejando pistas en el camino que nos ayudarán a recordar a la persona nuevamente.

martes, 23 de noviembre de 2010

Individualismo mal entendido


We could lose our minds
Or we could find our way
We can change the world
No matter what they say

--Together, de Styx


Esta mañana, mientras viajaba en micro, tuve la oportunidad de reflexionar sobre un tema al que le he dado varias vueltas las últimas semanas.

Quería comenzar el tema con dos anécdota. La primera se dio hace algunos años, durante una clase en la universidad, en la cual la profesora hizo un ejercicio en el que le dio ciertas indicaciones por separado y en secreto a dos alumnos. Uno de ellos comenzó a juntar las sillas y ponerlas a un lado del aula, mientras el otro hacía casi lo mismo en el extremo opuesto, hasta que no hubo más sillas por repartirse y empezaron a pelearse por las que cada uno tenía. Al no llegar a un acuerdo, la profesora pidió que cada uno nos dijese al resto de alumnos lo que tenían que hacer. Uno debía poner las todas las sillas a un lado del cuarto, mientras que el otro debía hacer un círculo con ellas. Lo curioso es que no hubo indicación alguna de que no podían hablarse o ayudarse, así que pudieron haber hecho el círculo de sillas en el lado donde se había indicado y ambos habrían conseguido lo que querían, pero sus reacciones iniciales fueron actuar uno en contra del otro.

La segunda su dio hoy, mientras iba parado, apretujado y sudando al lado de varias otras personas en la combi y miraba por la ventana a la gran cantidad de carros que transitaban la avenida principal por la que pasábamos en ese momento, la mayoría de ellos con sólo una o dos personas y un cómodo asiento trasero totalmente vacío. Pensé en cuánto más despejadas estarían las pistas (es decir, cuánto menos tráfico habría) si cada una de esas personas llevase en su carro a dos o tres personas por una ruta que van a tomar de todas formas, lo que no solo ayudaría a que todos lleguemos a nuestro destino con mayor rapidez y con menor riesgo de sufrir a manos del estrés, sino también a que los buses y micros brinden más comodidad a sus pasajeros. Inmediatamente después pensé en lo altamente improbable que es el que esto pueda darse.

Entiendo que puede ser peligroso transportar desconocidos o que justamente por no conocerlos no existe suficiente confianza como para prestarles ayuda, pero creo que el problema supera estos puntos y se aplica a muchas más situaciones. Después de llegar a la universidad me puse a leer un texto que habían dejado como tarea para una clase que tenía más tarde, y en él justamente se mencionaba lo que yo ya sospechaba: podemos vivir en sociedad, rodeados de personas, pero cada uno está por su cuenta. Nos aislamos, nos resguardamos en un grupo y alienamos a los demás, los alejamos y consideramos diferentes, cuando en realidad no podríamos ser más iguales. Cada uno vela por sí mismo y por los suyos, se cuida de los demás y compite con ellos por trabajo, dinero, notoriedad, amor, felicidad y hasta por un asiento en la combi.

Sé que sería imposible que todos nos conociésemos entre todos, pero esta sería la manera ideal de comenzar a confiar en los demás, pues es más difícil tratar mal o de forma desinteresada a quien uno conoce. Otro problema es que siempre estarán aquellos que, por una variedad de razones, buscarán conseguir más (o igual cantidad, si creen que reciben menos) beneficios que los demás (como timadores, ladrones, etc.), lo cual vuelve virtualmente imposible la idea de poder sentirse seguro o de confiar en el resto de personas. Lo curioso es que podemos sentir que somos muy diferentes de estas personas, y a veces hasta mejores; pero ¿acaso ellas no votan en las elecciones, compran víveres o quieren ser tan felices como nosotros? Y esto es si se habla de los casos más extremos, pues también existe alienación entre compañeros de trabajo, alumnos de un mismo salón y hasta familiares. Somos más parecidos de lo que queremos aceptar.

Entonces, mi pregunta es la siguiente: Si todos tenemos metas en común, si muchos vamos al mismo lugar, si todos en mayor o menor medida buscamos ser reconocidos, aceptados y queridos, ¿por qué gastar energías luchando uno contra otro o aplastando para no ser aplastado si podemos usarlas para cooperar y ayudarnos mutuamente, y así alcanzar nuestras metas de forma más sencilla, crear un mundo más pacífico y cálido? Tengo varias respuestas que van desde el miedo, pasan por la inseguridad y llegan hasta el desinterés, pero definitivamente el tema es muchísimo más complejo que esto. Todavía queda mucho sobre lo cual meditar.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Sí se puede, siempre


And if the answer is no
Can I change your mind?

--Change your mind, de The Killers


Hoy volví a ver por enésima vez una de mis películas favoritas, "Volver al futuro", de Steven Spielberg. Si bien la historia se aprecia mejor si se ve la trilogía completa, la primera parte contiene muchos mensajes, uno de los cuales mencionaré en este post.

La película se trata de un chico, Marty, que viaja por error treinta años en el pasado gracias a una máquina del tiempo inventada por su amigo científico. En ese tiempo interfiere con la forma en que se conocen sus padres y pone en riesgo la posibilidad de que se enamoren, se casen y, en consecuencia, de que él nazca, por lo que buena parte de la trama circunda alrededor de Marty tratando de remediar la situación.

Como muchas de las películas que me gusta comentar, hay muchísimo por decir, varias ideas sobre las que podría escribir por horas, pero por ahora solo resaltaré una. Creo que un punto importante es cómo se muestra a la familia antes de que Marty viaje en el tiempo, con un padre con baja autoestima y servil, una madre descontenta que bebe mucho, un hermano nada exitoso y una hermana poco atractiva. Además, se suman la estrecha situación económica y el jefe que abusa del padre. Todo esto cambia para bien con lo que Marty hace en el pasado, a propósito o no, y va de la mano con una frase que se menciona varias veces durante el filme: "Si pones tu mente en ello, puedes lograr cualquier cosa".

Creo que una de las ideas a las que se refiere con "cualquier cosa" es lograr cambiar. Pienso que toda persona tiene la capacidad de cambiar su situación sin tener que viajar al pasado y alterar ciertos eventos. No se trata de lamentar las decisiones tomadas o mirar con tristeza el camino surcado, sino de realizar acciones en el presente que puedan resultar en cambios a futuro. Puedo culpar mi estado actual, pero podría darle un mejor uso a mi tiempo y buscar soluciones. Y cuando hablo de cambio no solo me refiero a conseguir objetos materiales, volverse famoso o conquistar a la chica soñada, sino de alcanzar un estado psicológico de tranquilidad y satisfacción.

Sé que existen casos extremadamente duros, donde el mayor de los problemas puede ser encontrar algo para comer o un lugar donde dormir, o incluso intentar sobrevivir a la violencia del día a día. Personas (y hasta niños) que deben lidiar con esto son capaces del cambio que menciono, pero es importante y necesario que otros podamos brindar la oportunidad de que tal cambio se dé. A lo que voy es que uno puede alterar sus circunstancias, siempre y cuando las condiciones propicias estén presentes, y para que ello pueda ser así tenemos que ayudar y pedir ayuda. El error está en percibir el mundo de manera individual cuando nos encontramos rodeados de personas iguales a nosotros, cuando la idea no es aplastar al otro o ser el mejor, sino dar una y hasta dos manos a quien las necesite.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Recursos


Alejar a la complejidad,
Ignorar la formalidad

--Nunca, de Aliados


U: Me andaba preguntando... ¿Qué hiciste con ese bloqueo que no te dejaba escribir?
V: ¿Cuál de todos? ¿El que hacía sudar mis manos, el que zumbaba en mis oídos o el que me tenía inquieto en la silla? ¿O te refieres al que interrumpía la ilación de ideas que iba teniendo?
U: Supongo que todos ellos.
V: Conozco un truco bastante eficaz para romper con la influencia de los bloqueos, uno que descubrí de la manera más curiosa.
U: ¿Cómo?
V: Años atrás, durante uno de estos momentos de dificultad para escribir algo, cualquier cosa que conseguía anotar en el papel me sonaba poco elaborado y hasta aburrido, como si le hubiese dado más vueltas de las necesarias y sólo hubieran quedado las partes insulsas de una potencial gran idea. Cansado de pasar horas frente a una hoja garabateada, decidí escribir lo que fuese llegando a mi cabeza sin importar cuán absurdo sonase o pareciese, y así nació una gran conversación entre dos partes de mí mismo, un cuento con una moraleja demasiado tonta, un par de chistes estúpidos y la mitad de una canción erótica.
U: No entiendo, si no podías escribir, ¿cómo terminaste inventando todo eso?
V: En lugar de ir contra el bloqueo, dejé que éste eligiera las ideas por mí. Si sólo podía pensar en zapatos parlantes, entonces escribía sobre ellos; todo una historia sobre cómo desarrollaron el habla, las aventuras por las que pasaron y qué aprendieron con la experiencia. El punto era trabajar con el bloqueo, usar su propia fuerza para ayudarme a vencerlo a sí mismo, como trepar una catarata nadando.
U: Pero... Eso es imposible.
V: No es imposible, es estúpido. Y funciona siempre.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Hacia una vida extraordinaria


A shot of satisfaction
In a willingness to risk defeat

--One little victory, de Rush


Ayer comentaba con un amigo una idea sobre la que había estado reflexionando desde hacía ya unas tres semanas, y gracias al aporte compartido de experiencias pudimos darle mejor forma.

Tengo el ejemplo perfecto para comenzar el tema, mencionado en otro post. Una chica pasa los días (y eventualmente años) mirando al amor de su vida en una fotografía, pensando en el "qué hubiera pasado si...", imaginando cuántas cosas podría haber hecho o dicho para estar con él en ese momento. Y no solo eso. El mismo hombre por quien en ese momento suspira y a quien anhela pasa a su lado e intenta iniciar una conversación con ella. La chica, más concentrada en sus fantasías y, específicamente, en la foto, ignora al hombre, ante lo cual éste se marcha.

A lo que voy es que muchos de nosotros podemos pasarnos gran parte del tiempo pensando en los posibles resultados de nuestras potenciales acciones, y aunque una vez que estamos seguros de que determinado curso de acción tendrá el desenlace que esperamos, la vida no tiene la costumbre de esperar a nadie. Cuando por fin decidimos hacer algo, ya es demasiado tarde, la oportunidad se ha ido. No es así en todos los casos, pero sí en muchos. Creo que la idea es usar toda esa energía empleada en imaginar "qué pasará si..." y hacer que realmente pase algo, sea bueno o malo, placentero o desagradable; el punto es vivir la experiencia. Quizás hasta resultemos sorprendidos (de buena manera) con resultados que no esperábamos.

Tampoco se trata de actuar de manera impulsiva. El fantasear acerca de nuestros posibles actos es, en realidad, una estrategia altamente útil y muy común en los seres humanos, pues nos ayuda a prever situaciones para las que tal vez no nos sentimos especialmente preparados o para analizar los posibles riesgos de llevar a cabo cierto tipo de conductas. El punto en el que esta estrategia se vuelve inefectiva es cuando se la utiliza de sobremanera y en el momento inadecuado (por ejemplo, cuando fantaseamos por demasiado tiempo en el preciso instante en el que la situación se está dando), o cuando tememos que lo imaginado no sucederá en la realidad y simplemente no hacemos nada.

Estas cosas pasan todo el tiempo en cualquier momento del día, por lo que hay una amplia variedad de sucesos en los que podemos poner en práctica lo que digo. Por mi parte, estas tres semanas he intentado pensar menos y actuar más, hacer un balance entre el análisis de la situación y mis acciones. Si bien no he logrado hacerlo en cada una de las oportunidades que se me han presentado, me he atrevido a actuar considerablemente más veces que antes. He tenido mis derrotas, algunas bastante humillantes, pero al final del día perdura la sensación de satisfacción por todas aquellas agradables sorpresas que nunca se hubiesen dado de haberme quedado quieto o callado. Todo esto, por supuesto, va de la mano con un aforismo muy conocido, utilizado en una frase de la película "La sociedad de los poetas muertos": "Carpe diem. Aprovechen el día, muchachos. Hagan de sus vidas algo extraordinario".

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Número uno


Shout at the world, don't care what they say
Cos your life is now, here and today
Luck is there, everywhere
Go on reap its goods, that's the way

--Number one, de Helloween


Creo que no es inusual en los hombres (y quizás tampoco en las mujeres, aunque de manera inversa) hacer una clasificación imaginaria de las chicas que nos parecen más atractivas y hermosas, ya sea que las conozcamos o no. Lo difícil es encontrar a aquélla que sobresalga del resto y se corone como la primera en nuestra lista, pues conforme van pasando los años vamos viendo y conociendo a más personas, muchas de las cuales se van agregando al listado, y otras van siendo olvidadas. Pero, sin duda lo más difícil, es dar los pasos necesarios para conocer a una de las chicas que encabezan dicha lista.

Puedo identificar tres razones principales por las cuales uno no aprovecharía la oportunidad de darse a conocer a una de esas chicas: puede que no quiera destruir la imagen idealizada que ha ido armando de la persona arriesgándose a saber cómo es realmente, que la inseguridad se interponga o que los nervios lo atolondren. En mi caso particular, creo haber dado con una chica que no solo encabeza mi lista, sino que está separada de la siguiente por una buena distancia. Pero la parte desafortunada del asunto es que, si bien hemos hablado un par de veces, los nervios, que nunca antes me habían afectado de manera tan fuerte (quizás porque se trata justamente de la chica más hermosa que alguna vez haya conocido, sin exagerar y hablando desde un punto de vista personal), me dificultan mucho el hablarle más.

Si bien soy una persona medianamente tímida, tengo la suficiente seguridad en mí mismo como para no sentirme poco valioso o creer que una chica como ella nunca se interesaría en alguien como yo, por lo que las veces que le he hablado he sido yo mismo y sé que al serlo he causado una buena impresión. El problema recae en los nervios que mencionaba y que me atolondran de una manera sin precedentes. Me he cruzado con la chica dos veces en un micro y solo la segunda pude hablarle, pues la primera vez la saludé e inmediatamente después quedé mudo a pesar de haber millones de cosas que podría haberle dicho y que más tarde saturaron mi cabeza. Culpo, también, a la sorpresa que fue verla. Ahora, cada vez que la veo, sólo atino a decir "hola" y seguir mi camino en lugar de acercarme e iniciar una conversación. Me sentiría molesto conmigo mismo si fuese el único de los dos que presenta esta actitud vacilante, pero me alegra (sólo un poco) notar que ella se pone tan nerviosa como yo cuando hablamos o cruzamos miradas.

Aunque me atrae mucho, por el momento sólo busco conocerla, no quedarme con la idea que su belleza física pueda presentar, sino ir más allá y saber realmente quién es, descubrir sus gustos y disgustos, romper con la imagen idealizada que he ido armando al considerarla como primera en mi lista y tenerla presente no como un cuerpo sino como una persona que vale la pena conocer. Nervios o no, tengo por seguro que lo haré.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Me acordé


Somewhere, somehow
We find the key to the sense of the world

--Remember!, de Freedom Call


Una de mis características personales de las que creo sentirme particularmente orgulloso (al menos la mayoría del tiempo) es mi memoria. Quizás no tanto de la sensorial o la de trabajo (corto plazo), pero sí de la de largo plazo.

De chico me costaba recordar hasta las cosas más básicas, especialmente mis responsabilidades, pero pienso que los años me han ayudado a desarrollar una memoria bastante eficiente, al menos en varios aspectos. Por ejemplo, me es especialmente fácil recordar nombres y asociarlos a sus respectivos dueños, incluso cuando no he sido propiamente presentado a la persona. Tal vez por ello puedo llegar a pasar ciertos momentos de vergüenza cuando llamo a alguien por su nombre y éste no tiene idea de quién soy yo. También puedo recordar bastantes eventos de mi pasado con relativa fidelidad, o cosas que me contaron que le sucedieron a otras personas años atrás. El truco, según tengo entendido, es hacer asociaciones significativas, es decir, darle significado a la nueva información que vamos adquiriendo para que así pueda ser mejor procesada e integrada en la memoria.

Lo que más me llama la atención, y que ocasionalmente me ha traído problemas y hasta momentos de frustración, es recordar rostros pero no poder ubicarlos espacialmente; o sea, tener la sensación (y luego la seguridad) de reconocer a alguien pero no estar seguro de cuándo o dónde se le ha visto antes. Esto no me sucede muy a menudo, pero cuando sí pasa me deja con las ganas de saber cómo conozco a tal persona. La última vez que me ocurrió esto fue a mediados de marzo de este año, y desde entonces había tratado de colocar a esta persona dentro de un contexto, y hoy he podido hacerlo. O así lo creo.

Años atrás, como parte de una actividad, alumnos de mi promoción del colegio y yo tuvimos que asistir a un debate interescolar en otra escuela, donde estuvimos junto a varios otros estudiantes de nuestro grado de cuatro o cinco centros de estudio diferentes. Fue ahí donde vi a la persona de la que hablo en el párrafo anterior, la misma con quien comparto clases en la universidad desde el ciclo pasado. Esto lo descubrí luego de montar bicicleta por el colegio donde se dio el debate, colegio por el que paso diariamente para ir a la universidad y sobre el que nunca había reparado. Simplemente lo vi y supe de inmediato que ahí la había visto antes. Aún tengo que confirmar con dicha persona si realmente asistió a esa actividad para validar mi afirmación, pero tendré que esperar a conocerla primero.

Sobre mi memoria de trabajo, por el contrario, tengo otras cosas que decir, aunque ya será tema para otro post.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Avanzando


When I asked him
He described a thousand lifetimes
At each turn a hint of what one still must learn

--The art of life, de Queensryche


Estas tres últimas semanas he estado más ocupado que de costumbre, quizás con más cosas que hacer en lo que va del año. La principal causa de esto es mi oficial inmersión en el mundo de la fotografía. Si bien he pasado gran parte del año tomando fotos, experimentando y aprendiendo cada vez más al respecto, este mes decidí dar nuevos pasos hacia adelante.

Por un lado, tengo toda la intención de presentar algunas de mis fotos en la próxima exposición de Desenfranquiciados. Por el momento no tengo más por hacer que esperar, pues ya me he inscrito para el proceso de selección de los 100 artistas que tendrán un espacio en dicha exposición, y la respuesta recién será dada en los próximos días. Según mi papá, tengo el talento suficiente, y las fotos que lo demuestran, para codearme con grandes expositores; y aunque sé que en parte lo dice para subirme los ánimos, realmente siento que puedo llegar lejos.

Y, por otro lado, le estoy dando los últimos retoques a un negocio de fotografía que pienso crear. Se me han ido presentando varios pequeños trabajos y sesiones, entre los cuales destacan un fotomontaje que hice para un amigo y la ayuda que presté a un grupo de alumnos de Psicología. Gracias a todos ellos, me doy cuenta de que trabajar como fotógrafo me es bastante fácil, un poco porque no me ocupa mucho tiempo y otro poco porque me divierte.

La única preocupación que tengo es darle mayor prioridad al dinero e ir dejando de lado el valor que le otorgo al arte. Éste, sea a través de la fotografía, la escritura, la música o el dibujo, siempre será para mí el vehículo principal de mi expresión; es decir, con el arte obtengo no solo satisfacción y relajo, también es vehículo de mis ideas y de cómo veo y aprehendo el mundo, el espacio ideal para ser y hacer cualquier cosa que pase por mi mente. Espero que, en el futuro, nada cambie esta manera de pensar.

sábado, 30 de octubre de 2010

Seamos pragmáticos


I'm not crazy, I'm just a little unwell
I know, right now you can't tell
But stay awhile and maybe then you'll see
A different side of me

--Unwell, de Matchbox Twenty


S: Hola.
T: ¡Hola! ¡Qué bueno verte!
S: ¿Cómo estás?
T: Bien, todo muy bien. ¿Tú qué tal?
S: Pues... La verdad es que podría estar mejor. Ando sin chamba desde hace un mes; me despidieron por llegar tarde cuatro días seguidos, todo porque mi ex-mujer se quedó con el carro después del divorcio y ahora tengo que movilizarme en combi. No me alcanza ni para tomar taxi... Trataba de despertar más temprano, pero el perro de al lado ladra toda la noche y es imposible dormir tranquilo, así que termino durmiendo de más. Estas semanas estoy que busco trabajo, pero ando sin suerte. Nadie parece interesado en contratarme y, lo que es peor, los amigos que me debían favores se han desaparecido. Tampoco sé durante cuánto más pueda seguir pagando el alquiler de mi departamento con lo que me queda en el banco. En fin, ya veré qué hago.
T: No tenías que contarme la historia de tu vida.
S: Entonces la próxima vez no preguntes.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Pienso que pienso


Let your mind drift beyond this show
Flowing thoughts below

--Lubricious thoughts, de Twilightning


Ayer tuve una interesante clase de psicología en la que se tocó el pensamiento lateral, tema que me ayudó a entender muchas ideas sueltas que tenía revoloteando en mi cabeza.

Básicamente, el pensamiento lateral es una forma de resolver problemas "fuera de la caja", es decir, con ideas creativas y divergentes en lugar de lógicas, como pensar en aquello que podría no ser obvio. Creo que un ejemplo lo explicaría mejor. Utilizando el que se hizo en clase, uno debe pensar en todos los usos posibles para un cuchillo. Están los más comunes, para cortar, untar o pelar; otros más originales, como para rascarse, limpiarse las uñas o colgar ropa; y, los del tercer tipo, propiamente relacionados al pensamiento lateral, serían para aplastar un edificio, pintar un elefante o hasta para jugar canicas. La idea es que nunca se especificó cómo era el cuchillo, por ello los usos posibles son muchísimos.

En clase se mostró un video en el que se menciona una investigación realizada a niños de varias edades donde se encuentra que el pensamiento lateral es muy fuerte en los más pequeños y va reduciéndose con el pasar de los años, mientras van siendo educados. Esto me hizo recordar un post que escribí hace más de un año en el que hacía cierta alusión a la realidad y al pensamiento de los niños (sé que por ahí tengo otro que es más específico, pero no lo encuentro), pues pensé que era similar a la idea del perro volador. Al crecer, el niño descubre que no existe tal cosa en la realidad, por lo tanto se ajusta a un modelo "normal" de perro y le cuesta imaginar situaciones que involucren uno que vuele.

Todo este tema me ayuda, también, a unir lo que escribí hace unas semanas en otro post, en el que trataba de explicar sobre las ideas que solía tener, bastante cercano a una aproximación de pensamiento lateral. Tal vez por ello no me sienta mal al pensar así, y hasta me cause cierta molestia tener que adecuarme a un medio que exige y, tal vez no explícitamente, impone un pensamiento convergente o lógico. Hay un video (que nos mostraron a medias en clase), que explica mucho de lo que tengo en mente, especialmente los sistemas educativos en las escuelas y cómo no son tan eficientes como podrían serlo, considerando que están estructurados tal y como fueron concebidos en el siglo XVIII.

Aquí se los dejo (trataré de encontrar una versión en español):

sábado, 23 de octubre de 2010

Donde en paz descansa el alma


I understand about indecision
But I don't care if I get behind

--Peace of mind, de Boston


Hace unos días almorcé con mi primo Daniel, a quien veo muy de vez en cuando y con quien comparto muchos recuerdos y experiencias. Ese día mencionó un hecho en particular que me hizo volver muchos años atrás, cuando tenía alrededor de ocho o nueve años.

Recuerdo que una de las cosas que nos encantaba hacer cuando iba a su casa era armar lo que llamábamos "carpas", pequeños fuertes que construíamos con lo que encontrábamos a la mano, como mesas, sillas, alfombras, sábanas, juguetes y hasta una estructura con columpios y un tobogán que solía tener. La idea de estas carpas no era utilizarlas para jugar a algo en particular, sino el solo hecho de armarlas era el motivo de diversión, lo cual ahora me causa mucha curiosidad, considerando el enorme potencial de análisis psicológico que hay en esta actividad.

Pero no me detuve con esta serie de recuerdos en particular, sino que pasé a pensar en cada momento de mi vida en el que llevé a cabo actos similares, y fue así como llegué a un episodio en particular en el que debía tener alrededor de cuatro o cinco años de edad, probablemente la primera vez que hice un fuerte y que probó ser de utilidad. Recuerdo que llegué del nido y mi papá me presentó a la pequeña hija de unos amigos suyos que habían ido a la casa, e inmediatamente después de saludarla (con renuencia) salí corriendo de ahí para no tener que jugar con ella. Me escabullí por pasadizos y cuartos, me escondí debajo de mesas y cortinas, todo el tiempo perseguido por la persistente niña, hasta que conseguí llegar al patio, donde tenía armado el fuerte, un espacio pequeñísimo (acorde a mi estatura) al que entré y donde permanecí inmóvil esperando pasar desapercibido. Y efectivamente sucedió así, la niña ni me vio y volvió con sus papás. De todas formas tuve que jugar con ella después (y hasta recuerdo que me sentí un poco triste cuando tuvo que irse), pero el escondite cumplió su cometido.

Le he dado muchas vueltas al asunto, tomando en cuenta que la anécdota anterior es solo una de las muchas en las que usé algún tipo de refugio, ya fuese para escapar de algo, para sentirme seguro o para recolectar mis ideas y darme un tiempo para pensar. Quizás en la actualidad ya no construya lugares físicos en los cuales encuentro cobijo y protección, pero sé que sí creo espacios mentales en los que puedo detenerme, sopesar la situación y actuar de manera adecuada. Además, como ya había mencionado en otro post, utilizo otra clase estrategias para sobrellevar el estrés y la presión del día a día. Es curioso cómo una pequeña experiencia del pasado puede tener repercusiones tan fuertes en el resto de la vida.

jueves, 21 de octubre de 2010

Rodilla con rodilla


Just when you think you lose sight of your heart and your mind
You're in the game again

--The game, de Bigelf


Hace casi exactamente dos años pasé por un momento similar al que he pasado anoche y la mañana de hoy. Después de dos meses sin poner pie en una cancha de fútbol, me animé a jugar de nuevo, aunque tomándomelo con calma para poder dedicar la mayor parte mis energías a las salidas en bicicleta.

Desgraciadamente, ayer, durante el primer partido, me sentía tan bien de regresar a pelotear que no medí mi nivel de esfuerzo y jugué de manera más osada, por lo que terminé golpeándome fuertemente la rodilla izquierda. Desde que salí cojeando de la cancha hasta que llegué adolorido a mi casa no dejé de pensar que tal vez el golpe había tenido un impacto mayor que solo hinchazón, que quizás me había roto un hueso y que no podría volver a montar bicicleta o jugar fútbol, en el mejor de los casos, hasta dentro de unos meses. Al día siguiente fui a la clínica angustiado, creyendo que saldría de allí con un yeso cubriendo mi pierna y muletas bajo los brazos, pero, felizmente, no fue más que con pastillas y un gel anti-inflamatorio.

Lo peor de todo no fue el dolor, eso puedo soportarlo (y debo seguir haciéndolo por unos días más), sino hacer a un lado los pensamientos negativos que invadían mi cabeza y que no me dejaron dormir tranquilo. Es la segunda vez que me daño la rodilla, y la segunda que temo no volver a montar bicicleta o, peor aún, caminar de nuevo. Incluso volví a pensar en una posible amputación. Sólo con imaginar mi vida en una silla de ruedas comencé a deprimirme, tuve una sensación de impotencia tremenda y me molesté conmigo mismo por haber ido a jugar fútbol en lugar de hacer otra cosa. Pensaba en qué cosa podía haber hecho diferente que hubiese cambiado lo sucedido.

Ahora ya estoy más tranquilo sabiendo que no es nada grave, pero estas experiencias vuelven a señalarme la fragilidad de la vida y cómo sucesos fuera de nuestro control pueden presentarse en cualquier momento. Los peores accidentes más comunes jugando fútbol pueden llegar a ser romperse la pierna, pero montar bicicleta en una ciudad como Lima tiene consecuencias mucho más graves, y realmente me asombra cómo sigo en pie a pesar de las mil veces que pueden haberme atropellado por un control ajeno al mío.

Unos días en reposo no es insoportable considerando cuántas otras situaciones podrían haberse dado, pero definitivamente extrañaré mi bicicleta todo ese tiempo, y no tanto los partidos de fútbol. Lo que me hace pensar, ¿regresaría a pedalear inmediatamente después de haberme recuperado de una lesión causada por manejar bicicleta o quedaría desencantado con el ciclismo por un tiempo? Considerando experiencias previas y la pasión que tengo por ese deporte, sé que estaría bicicleteando el mismo día que dejase de sentir dolor.

domingo, 17 de octubre de 2010

Yo soy... (segunda parte)


Without the mask, where will you hide?
Can't find yourself lost in your lie

--Everybody's fool, de Evanescence


Pensaba en cómo puede uno describirse. Puede hacerse de acuerdo a sus intereses, metas, gustos, valores, cualidades, defectos, aversiones y cualquier otra característica que haga mención a la propia personalidad. Todo ello más cercano al "cómo soy". Además, uno puede presentarse a gente que recién conoce de acuerdo a lo que se dedica o al trabajo que desempeña, como estudiante, ama de casa, empresario, publicista, pintor, etc., de la mano con el "qué hago". Y una tercera manera de describirse es la que depende de los otros, es decir, cómo los demás nos perciben y qué relación tenemos con ellos, referido al "quién soy para el resto".

Sobre el primer punto no tengo mucho que decir. Sobre el segundo mencionaría que me cuesta etiquetarme respecto a lo que hago, pues soy una variedad de cosas, algunas que preferiría no ser, otras que apenas soy (dibujante) y otras que soy más (escritor, ciclista, fotógrafo) pero que son ensombrecidas por la mayor etiqueta de todas, 'estudiante', de la que no me siento especialmente orgulloso. Pero es sobre el tercer punto que quiero hablar.

Creo que ya lo había mencionado antes en algún otro post, cómo podemos hacernos una idea de los demás y tratarlos de esa manera a pesar de que puedan no ser como creemos. Esto me sucedía muy a menudo cuando tenía nociones más pesimistas de la gente, antes de conocer a alguien solía ver a la persona con sus características negativas acentuadas, características que la mayoría de veces eran incorrectamente adjudicadas. O se da un caso análogo de manera contraria, algunas personas me consideran arrogante o desinteresado por no socializar mucho o por no devolver saludos, cuando en realidad esto se debe a mi timidez y al hecho de que puedo llegar a ser muy distraído.

Con esto quería llegar a una peculiar frase de Milan Kundera que volví a leer hace poco: "En la medida en que vivimos con gente, no somos más que lo que la gente piensa que somos". Nuestra conducta, lo que decimos y hasta lo que unos dicen a otros sobre nosotros es lo que en definitiva somos para el resto, a pesar de que quizás uno mismo no se piense de esa manera. Esto puede desencadenar en muchas malinterpretaciones, pero creo que el mayor peligro es comenzar a actuar de determinada manera esperando dar una imagen específica, imagen que realmente no nos define pero que causa las reacciones que esperamos en los otros, quizás hasta teniendo una falsa sensación de satisfacción o aceptación. Todo ello con el riesgo de ir perdiendo noción de quién se es realmente.

A lo que voy es que uno debe mostrarse auténtico y no actuar siempre en base a las expectativas de los demás. Es interesante notar que el hecho de que las personas nos pongamos máscaras es una práctica humana de carácter adaptativo, es decir, nos hace bien ser "falsos" de vez en cuando, pues así nos protegemos de las amenazas del mundo. Sin embargo, habría que preguntarse, ¿el mundo es amenazante de por sí, o el que nos mostremos de una manera que realmente no somos es lo que lo finalmente lo vuelve así?

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