viernes, 1 de enero de 2010

Viejas recetas para una vida (no muy) nueva


Reflections of reality
Are slowly coming into view

--The mirror, de Dream Theater



Erróneamente denominé este año como el peor de mi vida. Pero luego de pensarlo y repensarlo llegué a la conclusión de que ha sido el más complicado, lleno de nuevas experiencias, diferentes situaciones problemáticas, enormes sacrificios, duras lecciones y plagado de una constante sensación de ahogo. No por ello el peor, y sí el más productivo.


Mi idea era hacer una pequeña-gran lista de lo acontecido, pero resultaría ser una repetición de todo lo que llevo escribiendo aquí desde enero, así que solo haré un breve recuento de los puntos más importantes y, para terminar, de ese "punto de quiebre" del que nunca he hablado en este blog y que al fin he conseguido.

Por orden cronológico, pongo en primer lugar la experiencia de trabajo que tuve en Estados Unidos. En un inicio quise encontrar el sentido de mi vida de aquella manera, no hallarlo flotando en una freidora de papas, sino conociendo a otras personas, alejándome de mi rutina diaria, viviendo en otra cultura y, principalmente, pensando en la vida lejos de lo que conozco. ¿Funcionó? No del todo, no como lo tenía planeado, y el error, justamente, fue la falta de planificación.

Esto derivó en lo que tomé como la puesta en práctica de esta búsqueda, el viaje por la costa peruana en bicicleta. Como ya dije antes, no lo hice, no estuve ni cerca de hacerlo. Esto más bien ocasionó que dejara un ciclo en la universidad y que mi papá me obligara a dejar el que le siguió.

Los primeros cinco a seis meses fueron un desastre. Entre días aburridos metido en la casa, una época de trabajo en la oficina de mi tío y el resto del tiempo tratando de mantenerme a flote, llegó el asunto más importante de mi vida. Tuve que confrontar a mi madre luego de una ausencia de casi una década y luego tomar la decisión más importante de mi vida, lo que probó ser un esfuerzo que no creía posible de mi parte.

Luego de toda esta serie de experiencias (y de cientos de otras más), no me sentía más cerca de hallar ese escurridizo sentido de mi vida. Y, para agravar las cosas, una antigua crisis hizo su entrada al ocasionarme dudas con respecto a mi elección de carrera. Con esto último pude aprender que sin importar lo que elijamos, una puerta puede cerrar otra, pero abre otras. Es decir, no hay una sola elección. Mi temor era optar por Psicología y dejar de lado otras cosas, pero olvidaba que seguiría teniendo a muchas otras, ya fuese la escritura, el ciclismo o (como recientemente he descubierto) la fotografía.

Todavía queda mucho por resolver y muchísimo más por aprender, pero siento que he lidiado correctamente con gran parte de lo que se me ha presentado. He tomado malas decisiones, sin duda, pero estas me han ayudado a tomar nuevas y acertadas. Y en la búsqueda por entenderme y comprender el sentido que quiero darle a mi vida, la cual llevó a vivir experiencias desagradables, descubrí algo muy importante, posiblemente lo más importante que he aprendido este año.

Desde que una serie de pruebas y algunos psicólogos aseguraron que mi personalidad tiende a la depresión, prácticamente definí mi vida en base a este defecto. ¡Grave error! No tengo depresión crónica, y con eso me basta para luchar contra lo que cualquiera pueda decirme o asegurar de mí. En el momento en que dejé que mi vida orbitara en torno a este aspecto negativo fue cuando me di por vencido, por decirlo así, y es por eso que ahora, con esto bien entendido, puedo romper con esa idea y definirme como yo quiera. No ser lo que una posible enfermedad diga que soy, sino lo que yo decido ser.

Y ese ha sido mi "punto de quiebre", la experiencia, idea o lección que cambia mi vida para bien y por completo. Y con ella me acerco a un sentido, pues así como uno puede definirse en base a lo que es, también puede hacerlo en base a lo que no es. Ciertamente el proceso es más largo, pero no por ello menos efectivo. Esto, para mí, es toda una revolución, la enseñanza máxima que me ayuda a poder enrumbar mi vida de la manera más ideal posible. No creo haber encontrado las respuestas más importantes ni resuelto todos mis problemas, pero sí me siento más cerca de vivir la vida feliz que tanto quiero. Por todo esto es que no puedo llamarlo el peor año, incluso si quisiera.

Honestamente, no quisiera que este nuevo año sea como el anterior en cuanto a la cantidad de pruebas, pero sí en calidad. El dejar un año de estudios me enseñó muchísimas cosas, pero el retomarlos me ayudará a aprender otras más y diferentes. Al final del día (o del año) no está en mis manos el poder de elegir qué me tocará vivir el siguiente, pero sí de darle el mejor uso a las circunstancias y (como he escrito un billón de veces, probablemente) utilizar lo aprendido anteriormente para cometer la menor cantidad de errores posibles. Muy parecido a la frase "si la vida te da limones, haz limonada", solo que con un pequeño giro: si la vida te da limones, el tequila y la sal corren por tu cuenta.

¡Feliz año!

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