viernes, 29 de noviembre de 2013

Astilla al volante

Fuente: http://withering.deviantart.com/art/fast-car-101667069

Went the distance
Now I'm not gonna stop

--Eye of the tiger, de Survivor


Algo que siempre he admirado de mi papá es su manera de manejar. De chico me encantaba verlo maniobrar en el tráfico, sobrepasar a otros conductores sin reparo alguno e ir a velocidades tan altas que muchas veces sentí que volábamos. Es verdad que a veces era muy imprudente, y su cuota de accidentes lo prueba, pero nunca nada pasó en las oportunidades que tuve de ser su copiloto. Es gracias a él y a los paseos en carro que mi amor por la velocidad es tan grande actualmente.

Hace unos meses tuve la oportunidad de revertir roles, ser yo quien conducía y él sentado en el asiento del copiloto. Me causó mucha gracia su inicial incomodidad al verme manejar, expresada a través de sus críticas con respecto a mi postura, a la velocidad que mantenía y a las rutas que tomaba, pero pronto fui notando que, a pesar de todo eso, estaba orgulloso de mí.

Reviví aquella admiración y aquella anécdota mientras hoy iba tras el volante. Dos años y medio atrás, cuando recién conseguí mi licencia de manejo, me sentía extremadamente incapaz, nada merecedor de una aprobación oficial para surcar las calles en un auto. Hoy sigo lejos de ser un experto, me he pasado ya varios semáforos en rojo (nunca por apurado y siempre por distraído, valga la aclaración), he tenido dos choques leves con otros conductores, uno con la columna del estacionamiento de mi casa y decenas de "encuentros cercanos", pero poco a poco me voy acercando cada vez más a la habilidad de manejo de mi papá. Y de eso yo estoy orgulloso.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Deliremos

Fuente: Archivo personal

Cuentan por allí que te han visto jugar
A ruleta rusa con tu identidad

--No lo sé, de Aliados


Ocasionalmente me sucede que pierdo noción sobre la identidad de personas que conozco, especialmente familiares y amigos cercanos. Intentaré explicar a qué me refiero.

Al observar la foto de una persona, puede pasarme que dejo de reconocerla, no por algún impedimento visual o por causa física alguna. Es un efecto muy gradual, y por lo general empieza como una sensación casi imperceptible que podría pasar desapercibida si yo mismo no hiciese el esfuerzo consciente de preservarla. Veo el rostro y pienso "¿Quién es esta persona?, ¿realmente la conozco?, ¿qué significa para mí?", ante lo cual me fuerzo a desconocerla. Pasa a serme poco familiar, como si pudiese pasarla por alto en caso me la cruzase por la calle. En ese momento me obligo a olvidar su nombre o, en el peor de lo casos, imaginar que no conozco a nadie llamado así. Y así la persona va perdiendo su significado, hasta que no es nadie, al menos para mí, y los recuerdos que puedo haber tenido con ella se disuelven por completo y termino por olvidarlos. Todo esto dura solo unos segundos, algunos pocos minutos como máximo, pues la sensación pronto se esfuma y es como si no hubiese pasado nada.

Sé que suena extraño, y lo es, pero más que nada me causa curiosidad. ¿Es normal que suceda esto? ¿Le pasa a otros o a la mayoría de personas? La verdad no he investigado lo suficiente al respecto como para poder responder estas preguntas, ni siquiera lo he conversado con amigos o profesores que puedan ayudarme a darle sentido a aquellas ideas. Por un lado me da vergüenza, y por otro, admito, no me gustaría averiguar que se trata de una ocurrencia normal o común en otros.

Antes que un problema, lo considero una gran fuente de inspiración, de lo contrario no forzaría los efectos. Muchas de las historias que suelo escribir o ideas que se me ocurren de cuándo en cuándo suelen vincularse a temas de identidad, y sé bien que se deben al fenómeno del que hablo, pues la mayoría se deben a la pérdida, confusión, alteración, etc., de la misma. Y creo que, como todo lo que es propio de cada persona, uno debe sacarle el mejor provecho a aquellas cosas de las que está compuesto, a las experiencias que nos hacen lo que somos, sean positivas o negativas.

martes, 12 de noviembre de 2013

La chica de las manos frías

Fuente: Archivo personal

But that was some time ago
A memory vague and fading slow

--Hand on heart, de Queensryche


Alguna vez conocí a una chica con manos frías. Me confió una historia muy personal de cuando era más joven, del intenso cariño que sentía hacia una amiga suya, un sentimiento que poco a poco fue convirtiéndose en amor; secreto, pero amor. En ese entonces sus manos eran cálidas, y cálidos los días que pasaba al lado de su amiga, con una gran sonrisa que sólo a veces le he visto esbozar. Pero aquello pronto cambió cuando le contó lo que sentía por ella. La amiga no reaccionó nada bien y decidió tomar una distancia que cada vez fue acrecentándose más y más, hasta que el vínculo que alguna vez las unía desapareció por completo. Y así, tras la pérdida de la persona por quien sentía tanto afecto, el calor de sus manos no tardó en abandonarla igualmente.

Cuando la escuché relatar esta historia toqué sus manos, y por primera vez creí entenderla, pero recién hoy, varios años más tarde, puedo asegurar que no fue así. Comprendí su historia, de esto estoy seguro, pero no entendí lo que quiso decir, el mensaje entre líneas que dejó sin pronunciar. Ella decía que sus manos permanecerían frías hasta que encontrase a quien pudiese devolverles su calor, quizás refiriéndose a su amiga, quizás pensando en alguien más, o en nadie en particular.

Hoy, después de tanto tiempo sin vernos, ya no pienso que alguna vez se trató sobre entenderla o no. Pero creo que, si la volviese a ver, lo primero que haría sería preguntarle si finalmente pudo encontrar a quien buscaba. Y antes de dejarle dar una respuesta, tocaría sus manos con la esperanza de no sentirlas frías otra vez.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails