martes, 17 de febrero de 2009

La aventura comieza


El domingo desperté en lo que para los peruanos vendría a ser una casa de playa, en una casa junto a un río rodeado de pantanos. Este día en particular me encantó, pues pude hacer algo que he estado queriendo hacer desde el día en que tomé el vuelo a Estados Unidos: montar bicicleta. Mi prima me llevó a una zona de recreación, pero no sin antes pasar por caminos arbolados y pistas decoradas por una tranquilidad que solo se puede encontrar fuera de la ciudad. Una vez que estuve de regreso, mi tío me llevó al río y me prestó uno de sus kayaks. Estuvimos remando suficiente tiempo como para darme cuenta de que este “descanso” de la rutina será exactamente la clase de aventura que he estado buscando tanto.
Cuando llegamos a la casa que tienen en la ciudad de Savannah, me asignaron un cuarto con dos camas (como si una no fuese suficiente) y un baño propio, todo ello en un mini-departamento separado de la casa en sí, por lo que el tema de la privacidad y el espacio propio dejó de ser un problema por el momento. Lo único negativo que vino con todo el paquete es el nulo acceso a Internet, ni siquiera existe la posibilidad de robar señal inalámbrica de los vecinos porque no tienen. Es muy probable que esto último sea una gran desventaja, pero ya antes he vivido sin esa comodidad por bastante tiempo, así que el ser dependiente del Internet no me afectará tanto, aunque sí afectará mis posts futuros.

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