viernes, 10 de octubre de 2008

La eternidad en una maleta de viaje


Somehow I know
That thigns are gonna change
New boundaries on the way
Like never before
Find a meaning to your life
Healing whispers of the angels
Bring the sunrise again


-- Nova era, de Angra

La madrugada de hoy sentí que debía levantarme de mi cama, preparar una maleta con ropa, comida y dinero, e irme para siempre de aquí. En realidad poco importaba el lugar al que iría, siempre y cuando no fuera este en el que estoy; cualquier lugar hubiese sido mejor que esto. Hay millones de sitios en los que se podría estar más tranquilo, sin contar los refugios mentales, de lo contrario deberíamos agregar miles de millones a nuestra ya abundante cantidad de elecciones.

¿Cuánto es la eternidad? Una persona una vez me hizo verlo de esta manera: debía imaginar una esfera de titanio del tamaño del planeta Tierra, sobre la cual se posaba una mosca por un segundo que luego se iba y no regresaba sino hasta dentro de mil años, momento en el que repetía su misma acción y su mismo período de ausencia. Entonces, aquí llegaba lo difícil. Debía imaginar que, pasado el tiempo necesario para que esta mosca lograse erosionar por completo la esfera de titanio mediante su leve toque, la eternidad no habría ni comenzado.

Ello me recuerda una escena de un capítulo de una serie cuyo nombre no logro traer a la memoria. Un hombre condenado a tocar piano por toda la eternidad. O sea, no hasta que muriese, no hasta que muriesen todos los que conocía ni sus hijo ni los hijos de esos hijos y así sucesivamente, sino para siempre. Lo que me hace preguntarme, ¿qué es “para siempre”? O, en todo caso, ¿es posible para la mente humana tener una noción de lo eterno?


La madrugada de hoy sentí que debía levantarme de mi cama, preparar una maleta con ropa, comida y dinero, e irme para siempre de aquí. Pero, después de pensarlo unos minutos, entendí que mi partida no sería eterna, y que por más que lo intentase, regresaría de una u otra forma, halado por las cadenas de la nostalgia, cadenas sujetas por los recuerdos. Cerré los ojos y volví a dormir. No obstante, el deseo sigue siendo fuerte, y no creo poder (o querer) resistirlo.

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