domingo, 29 de junio de 2008

What's your advice, Mr. Beer?


You show me what is real
and I just pretend
Another perfect day
and I wonder how it all will end

-- Another perfect day, de Fates Warning



Vagando nuevamente por el cajón de los recuerdos, encontré esta pseudo-historia que, pienso, merece una oportunidad de consagrarse inmortal:

Locuras esenciales

Perdido, sabiendo adónde ir y cómo llegar, tomó caminos que nunca tomaba, se detuvo en lugares que no conocía y hasta saludó a gente que nada tenía que ver con él. No se sentía él mismo a pesar de saber que todo lo hacía por voluntad propia, pero cuando pasó la mujer a su lado entendió perfectamente qué le hizo sonreírle. Esa noche había soñado con una persona que no veía en mucho tiempo y que prefería mantener guardada en la memoria antes que tener que verla nuevamente.

El sueño había sido muy sugestivo, le había mostrado los deseos de su alma y, a pesar de eso, se negaba a caer presa de aquellos sentimientos, seguro de sus decisiones pasadas. Y es que la mujer había estado tan cerca, lo había acariciado, se había acurrucado junto a él y le había dicho palabras tan hermosas que hasta el ser más frío del universo se habría derretido ante ellas. La única condición, aparentemente, era que Perdido no podía devolver las caricias ni pronunciar palabra alguna, situación que lo hacía sentir aprisionado y con una impotencia tremenda. Era como si estuviese encadenado de pies a cabeza con ninguna posibilidad de movimiento, pero capaz de ver y sentirlo todo. Esa mujer, a la que acababa de sonreírle, le hizo recordar todo eso. En esa sonrisa se escondían un sinfín de cosas, desde las palabras más amorosas y los cosquilleos más delirantes hasta los deseos más ardientes y las fantasías más íntimas. Claro que la mujer no tenía forma de saber todo esto, pero a Perdido le bastaba con vivirlo él solo.

Continuó con su camino algo más seguro de sí mismo y no tardó en llegar a aquel lugar que lo había estado esperando desde siempre. Tomó asiento frente al mar y se dejó llevar por la oleada de pensamientos. El sueño no había sido del todo placentero, ahora recordaba. La mujer era alguien a quien una vez creyó amar, pero tantos infortunios le trajo que decidió olvidarse de ella tan fácil como nos es olvidarnos de un venda en los ojos. Era por esta razón que lo que en un principio consideró un sueño no era más que la peor de las pesadillas. El tenerla ahí, tan cerca, tan al alcance de la mano y no poder ni tocarla con las palabras hacía evidente su tortura, le daba a entender que su alma no demostraba deseo alguno, sino una sed de venganza tan increíble que estaba dispuesta a perder la vida por llevarla a cabo. En el sueño estaba la mujer junto a Perdido, pero pronto se le veía al lado de alguien más, alguien que no tenía problemas en tocarla y deslizar sus endiabladas garras por el cuerpo desnudo de la chica. Y allí estaba Perdido, inmóvil e indefenso. No me malentiendan, Perdido no es un cobarde y mucho menos un debilucho, pero traten de entenderlo. Veía a quien una vez creyó amar en brazos de otro hombre y entendía que no tenía nada que hacer allí y, sin embargo, no hacía nada por irse, pues no veía una salida. ¿Qué era lo que su mente trataba de decirle?

Perdido, sin duda, no lo sabía. Dejó que sus pies tocasen las aguas frías del océano y se sorprendió al ver que la chica a la cual le había regalado una sonrisa caminaba por las cercanías. Fue entonces cuando comprendió lo que debía hacerse. Se dirigió a ella y le dijo que varias oraciones más arriba le había regalado una sonrisa y que si por favor podía devolvérsela, pues lo había hecho sin pensarlo completamente. La mujer, nada tonta, se rehusó a dársela de vuelta y preguntó qué valor tenía para él. Perdido no dijo la verdad enseguida, pero al pensar que nada bueno resultaría con mentirle, le contó de su sueño, de la mujer que una vez creyó amar y de la tortura que le siguió. La dueña de su sonrisa rió tiernamente ante tal historia y le aseguró que le devolvería lo que era suyo si prometía acompañarla en ese día tan extraño, pues había salido de su casa sin saber adónde iba ni cómo llegar a ese lugar desconocido, pero desde que un hombre (él) pasó a su lado y le regaló una sonrisa con un sinfín de cosas escondidas en ella supo que había dejado de estar perdida en ese mundo tan lleno de vendajes y cadenas.

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